A punto de la jubilación: ¿qué será de mi vida?

Edith Sánchez · 30 septiembre, 2018

La jubilación es uno de esos momentos paradójicos donde confluyen un logro gigantesco y una gran pérdida. Precisamente por eso no es raro que muchas personas se sientan desconcertadas en ese punto donde termina el ciclo laboral y comienza una etapa de estabilidad, pero también de muchos interrogantes.

En estricto sentido, la jubilación se define como el cese definitivo de la vida laboral activa, en razón a la edad o a condiciones de salud que impiden continuar con el trabajo. El impacto que esto causa en una persona depende de muchos factores. Sin embargo, en todos los casos se trata de una transformación vital.

La dimensión laboral es uno de los ejes sobre los que se edifica nuestra vida. Básicamente organizamos nuestras rutinas en torno al trabajo. Este determina nuestros horarios, nuestro tiempo. Y el tiempo lo es todo. También marca nuestros objetivos, influye decisivamente sobre nuestro autoconcepto y nuestro sentimiento de éxito o fracaso en la vida. Por eso a la jubilación, como punto de inflexión vital, merece ser el comienzo de un buen plan.

Cuanto más arena haya escapado del reloj de nuestra vida más claramente deberíamos poder ver a través de su cristal”.

-Jean-Paul Sartre-

Hombre mayor leyendo

La jubilación, un proceso de varias fases

Durante el proceso de jubilación hay varias etapas. Cada una de ellas representa un paso adelante en el camino hacia la adaptación a nuevas condiciones de vida. Sin duda, no es un camino fácil. De todos modos, se hace más sencillo cuando hay suficiente información para afrontar lo que viene.

Las fases en el proceso de jubilación son las siguientes:

  • Prejubilación. Corresponde a la etapa en la que la persona comienza a hacerse a la idea de que su vida laboral va a concluir. Aparecen ideas difusas acerca de qué habrá detrás de ese punto.
  • Novedad. Una vez que la persona deja su trabajo, lo usual es que aparezca un entusiasmo por gozar de mucho más tiempo para disfrutar.
  • Decepción. Aparece usualmente después de uno o dos meses de la jubilación. Se alternan la depresión, la hiperactividad y la angustia. La nueva vida no parece colmar las expectativas generadas.
  • Reorientación. Es una fase en la cual se reajustan las expectativas que se tenían frente a esta nueva etapa de la vida. Se replantea la situación y se trazas metas y propósitos de una forma más realista.
  • Adaptación. Comprende la etapa en la cual se organizan nuevas rutinas y se diseña un nuevo proyecto de vida a corto y largo plazo en función de las nuevas condiciones en las que se vive.

No todas las personas viven las etapas tal y como se han descrito. Algunos ya tienen muy claro lo que van a hacer cuando se jubilen y no presentan muchos altibajos. Otros, en cambio, entran en esta etapa muy confusos, sin saber muy bien qué hacer o esperar a partir de ese momento.

Pareja de personas mayores disfrutando de la jubilación

¿Cómo abordar adecuadamente la jubilación?

El cambio de horarios, de rutinas y de entorno, en mayor o menor medida dará paso a una nueva disposición vital. La jubilación suele demandar una actividad menor, pero paradójicamente también una iniciativa mayor, al menos para la construcción de una nueva rutina. También podemos asistir a un proceso de duelo por los espacios que se dejaron, los compañeros de trabajo que han dejado de serlo y las tareas que ya no se llevarán a cabo.

Pese a todo esto, no hay que perder de vista el hecho de que la jubilación es también un gran logro. Si se maneja adecuadamente puede dar lugar a una bella etapa de la vida, en la que es posible encontrar nuevos caminos para alcanzar otras realizaciones. Hay algunas medidas que ayudan a darle un significado positivo a esta experiencia:

  • Prepararte concienzudamente para la jubilación. La preparación comienza durante el último año de trabajo y no consiste en divagar sobre el futuro, sino en analizar las alternativas que presenta esta nueva etapa de la vida.
  • Hacer un listado en el que entre todo aquello que te gustaría hacer. Esto incluye sueños grandes, medianos y pequeños. Hablamos de un inventario en el que tiene cabida todo aquello que se ha dejado de hacer por falta de tiempo.
  • Prejubilación activa. No tienes que esperar a jubilarte para comenzar a desarrollar los proyectos que has pensado para después de este momento. Inícialos uno o dos años antes del adiós definitivo al trabajo.
  • Fortalece las relaciones sociales. La postjubilación es un excelente momento para la amistad. Seguramente hay muchas personas que están en una condición similar a la tuya y puede ser una buena idea dedicar más tiempo a cuidar de las personas que te rodean.
  • Cambia de enfoque. No te aferres al pasado, mira hacia adelante. Lo que se fue, se fue. Lo mejor es concentrarte en lo que viene, alimentando el entusiasmo por lo que puedes hacer.

Ninguna gran transformación de la vida se produce sin cierto dolor emocional, sin cierto sufrimiento podríamos decir. Hay que ser conscientes de ello. También de que la jubilación trae consigo aspectos de la vida que son novedosos y apasionantes si adoptamos una actitud abierta y los exploramos.