El proceso de individuación según Carl Jung

Valeria Sabater · 31 agosto, 2018

Carl Jung pensaba que cada persona es única y singular y que, por tanto, dispone de un destino exclusivo. Alcanzarlo, permitirnos formar parte de ese horizonte distintivo para cada uno de nosotros requiere, según este enfoque, dar forma a un proceso de individuación. Se trataría en esencia de despertar nuestro potencial y conciencia individual, de vencer resistencias y alcanzar la libertad sin la carga del miedo.

Esta idea, que por sí misma no deja de ser evocadora, puede recordarnos sin duda a muchos de los programas, libros y cursos que suelen darse para favorecer nuestro desarrollo personal. Sin embargo, para quien conozca la obra de Carl Jung sabrá que con su teoría de la personalidad humana daba a entender algo más. Así, lo que él definió como principium individuationis abarca no solo el aspecto psicológico, sino que hace referencia al desarrollo espiritual y también el filosófico.

Llegar a ser uno mismo, una entidad rica emocional e intelectualmente, indivisible y plena requiere, según la psicología analítica, de un proceso que satisfaga más necesidades que las básicas. Es explorarnos, es permitir que lo inconsciente emerja al mundo consciente, implica aprender a manejar nuestras sombras y descubrir nuestros auténticos intereses personales.

Es un viaje de conocimiento no exento de dificultades, todo hay que decirlo. Es dar el valiente paso para integrar todas esas piezas a veces sueltas o desconocidas de nuestra personalidad para conformar una psique fuerte, un yo luminoso que nos permita ser felices, libres, auténticos…

“Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”.

-Carl Jung-

Mariposa al amanecer simbolizando el proceso de individuación

Proceso de individuación, clave de bienestar y realización personal

Murray Stein es uno de los psicoterapeutas junguianos más conocidos en la actualidad. Si hay algo por lo que es conocido este conferenciante y heredero de las teorías de Jung es por sus continuas aportaciones al concepto del proceso de individuación. De hecho, uno de sus libros más destacados es El principio de individuación: hacia el desarrollo de la conciencia humana. 

Hablamos de un texto sencillo, a la vez que práctico, para entender algo muy básico. La individuación es clave en nuestro proceso vital. Supone por encima de todo dejar a un lado muchos de esos condicionantes y esquemas disfuncionales que a menudo la sociedad nos impone y que al fin y al cabo limitan nuestra libertad y también nuestro bienestar. Todos tenemos un potencial latente, sin embargo, nuestra educación, el entorno social e incluso los miedos inculcados pueden vetar ese despertar.

Según Carl Jung, cada uno de nosotros dispone de un “programa genético” que se desarrollará solo si se dan las condiciones adecuadas. Contar con un entorno familiar afectivo, con una educación orientada a despertar nuestras capacidades y competencias, y ser capaces de vernos como seres individuales con necesidades y aspiraciones propias y singulares, favorecerá sin duda esa meta: la de conformar un yo fuerte, valioso y distintivo.

Cómo favorecer el proceso de individuación

El proceso de individuación ha sido estudiado durante décadas por cada uno de los enfoques de la psicología moderna. Así, dentro de la teorías cognitivas se establece por ejemplo que esa autoconciencia y exploración del yo debe darse durante la adolescencia. De hecho, en un estudio llevado a cabo en la Universidad de Tel Aviv, Israel y publicado en el Journal of Adolescence se explicaba de qué manera los jóvenes suelen afrontar esta etapa tan decisiva en la construcción de su identidad y personalidad.

chico con barba pensando en su proceso de individuación

Ahora bien, dentro de la psicología analítica de Jung, se asume que el ser humano puede estar prácticamente toda su vida sin haber pasado por ese proceso de individuación. Es entonces cuando suelen emerger problemas tan comunes como la falta de autoestima, de determinación, las crisis personales y de pareja, los problemas laborales y trastornos psicológicos tan comunes como la ansiedad y la depresión.

Definir quién somos y qué queremos es hallar la armonía interna. Es sentirnos como un todo bien integrado, diferenciado del mundo pero partícipe a su vez de él y de sus dinámicas, cambios y movimientos. Estamos ante un principio de salud y bienestar que bien merece nuestra atención. Veamos por tanto qué deberíamos hacer según Jung para favorecer ese proceso de individuación.

Desarrollo de la conciencia

Carl Jung explicaba que llega un momento en la vida de toda persona en que nos damos cuenta de algo. Somos algo más que nuestro cuerpo, algo más que todo eso que nos rodea, mucho más que aquello que poseemos e incluso de las personas que conforman nuestra vida. Nuestro ser es una entidad que va más allá de nuestra nacionalidad y de todo lo vivido. Es en ese momento cuando nuestra mirada deja de mira el exterior para hacer ese necesitado viaje interno para conocernos, para tomar conciencia de quién somos de verdad y de qué queremos.

Ese camino hacia el despertar de la conciencia y de la individuación requiere a su vez trabajar algunos aspectos que veremos a continuación.

La tensión de los opuestos

Por un lado está lo que otros esperan de ti y por otro, lo que tú deseas ser o hacer. Por una parte está todo en lo que crees, ves y sientes y en otro lugar están tus sombras, esa área inconsciente que no te atreves a transitar. Jung hablaba de que en ese viaje hacia la individuación estamos obligados a experimentar la tensión de los opuestos, de ese yin y ese jang donde están las luces y las sombras, nuestra parte femenina y masculina, nuestros miedos y deseos…

Lejos de suprimir unas áreas y de iluminar otras, el objetivo será aceptarlas (ya sea para cambiarlas o para integrarlas). Para crear un yo fuerte hay que tomar conciencia de todas esas luces y esas sombras y aceptarlas. Así, pese a nuestras contradicciones, el equilibrio no solo es posible, sino también deseable.

La imaginación activa

Un modo de “despertar” nuestra parte dormida pasa por estimular nuestra creatividad. Jung propuso en su día la imaginación activa como medio para tomar contacto con ese yo espontáneo, libre y dinámico que nos permite canalizar emociones, ideas, pensamientos y sensaciones.

Así, actividades como el baile, la escritura, el dibujo, la pintura, el teatro, la música o el juego nos ayuda también a dejar salir partes de nosotros mismos que aún no conocíamos. Es hacer del arte ese puente para que salgan también las sombras, las luces y los deseos más profundos…

Restos de lápices sobre un libro abierto

Para concluir, el proceso de invididuación es siempre una inversión rentable. No es algo que descuidar o que hacer en un momento puntual y ya está. En cualquier circunstancia tenemos el derecho de actuar como seres individuales, fuertes en identidad, firmes en determinación, sólidos en amor propio y con fe en nuestros sueños, ideales y valores.

Pongámoslo en práctica. Las lecciones y reflexiones de Carl Jung nunca pasan de moda.