De la abundancia a la desgracia: cuando lo pierdes todo

Las crisis económicas que hemos vivido han causado heridas profundas. Aunque, como decía Julio Cortázar: "Nada está perdido si hacemos un análisis lo suficientemente profundo para reconocer valor debajo eso que, aparentemente, se ha quemado". Por esta razón, te cuento mi historia.
De la abundancia a la desgracia: cuando lo pierdes todo

Escrito por Equipo Editorial

Última actualización: 24 enero, 2023

Con 16 años lo perdí todo, o eso creía. Los años dan perspectiva y entendimiento, y poco a poco te das cuenta de que “todo” es un concepto de talla XXL que dista de abarcar cosas materiales, sino áreas de nuestra vida con verdadero significado. En este artículo voy a narrarte en primera persona cómo es pasar de la abundancia a la desgracia, qué ocurre cuando lo pierdes todo.

El dinero, la casa, el trabajo y los estudios son aspectos de nuestra vida cuyo impacto ignoramos hasta que sucede algo que las desestabiliza. La realidad es que la crisis del 2007, además de asolar la economía de multitud de países en el mundo, hundió a mi familia en un estado de letargo.

Adolescente con problemas

Cuando lo pierdes todo

Mi abuela solía decirme que “las cosas malas siempre suelen ocurrir juntas”. Y llevaba razón. Cuando estalló la crisis en el 2007, comenzó la caída.

El trabajo es como un juego de dominó, si cae la primera ficha es probable que caigan las demás. En este sentido, detrás de la quiebra de una empresa pueden haber ocurrido varios sucesos.

En el caso de la empresa familiar, los proveedores dejaron de llegar porque sus clientes habían comenzado a no pagar las facturas y también quebraron. A su vez, los clientes de la empresa de mis padres también comenzaron a dejar de pagar. La bola se fue haciendo cada vez más grande y eso nos obligó a tener que “echar la persiana” a nuestro sueño, pero “ojalá hubiera sido suficiente”.

Un precipitante común de la quiebra de algunas empresas es el impago por parte de otras. Para que me entendáis, si inviertes un dinero en un producto, te lo compran, pero no te pagan, al final te terminas quedando sin el producto y sin el dinero. Mientras, tienes que seguir pagando a hacienda, a la seguridad social, los seguros, el alquiler… A todo el mundo. Lo que se vuelve imposible cuando no ingresas dinero.

Como resultado, lo perdí todo: la casa, a mis padres (que se terminaron divorciando), el trabajo y el centro donde quería estudiar.

Las consecuencias

La verdad es que no perdí tantas cosas. Solo las materiales. A pesar de ello, los efectos que produjo el tsunami financiero del 2007 fueron más que patentes.

Las discusiones en mi casa eran la tónica habitual: mis padres siempre estaban enfrentados por lo mismo, el dinero y el futuro. Tuvimos que irnos de alquiler de una forma bastante precaria porque el trabajo, antes abundante, llegaba con cuentagotas. Hubo numerosos meses en los que nos fue imposible afrontar el pago de facturas tan cotidianas como la luz, el agua o el gas.

Antes de todo esto tenía una vida muy cómoda. Vivía en un chalet, comía fuera a menudo e iba a estudiar en una de las mejores universidades privadas del país. Se podría decir que era un “niño de papá”. Pero esto cambió. La necesidad de enfrentarme a la realidad que viven millones de personas en España hizo que adoptara una perspectiva diferente.

Ser un adolescente de 16 años y ver cómo se derrumba todo a tu alrededor es muy duro.

Adolescente triste mirándose al espejo

Los remedios

Para contribuir a las finanzas familiares y que pudiéramos llegar a final de mes, comencé a trabajar en lo primero que encontré. Me convertí en ayudante de cocina para una conocida cadena de restaurantes. A la vez, di carpetazo al proyecto de ir a una cara universidad y me matriculé en una universidad pública. Con los años, he llegado a la conclusión de que esta es una de las mejores decisiones que he tomado en toda mi vida.

Me esforcé mucho. Trabajaba a jornada partida en el restaurante, hacía horas extra como profesor particular y sacaba adelante un curso universitario cada año con buena nota. Incluso ahora, miro hacia atrás y me sorprendo de lo que fui capaz de hacer.

Por supuesto, el coste personal también fue muy grande. Tuve que aplazar en numerosas ocasiones citas y contactos con amigos, porque necesitaba ese tiempo para invertirlo en lo que necesitaba: ayudar en casa y construir un futuro alternativo al que planeé.

Cuando pasas de la abundancia a la desgracia, el impacto de perderlo todo es bestial. Pero con el tiempo, si paras a pensar y reflexionas, queda lo importante: nuestra capacidad de modificar aquello que está en nuestra mano para que el futuro sea otro distinto y diferente de un presente que nos desagrada.

Somos los pilotos de los aviones de los que nos hablaban cuando éramos pequeños. Y muchas veces ni nos damos cuenta. Está en nuestra mano manejar las corrientes de aire que hacen turbulentas nuestras vidas para arribar a cielos distintos, quizá con menos nubes y más despejados. Confía en tí y persiste.

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  • Tarazona, D. (2005). Autoestima, satisfacción con la vida y condiciones de habitabilidad en adolescentes estudiantes de quinto año de media. Un estudio factorial según pobreza y sexo. Revista de investigación en Psicología, 8(2), 57-65.

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