Adicción al pensamiento: la sutil dependencia que nos atrapa

24 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Fátima Servián Franco
A veces sobrepensamos y sin saberlo nos hacemos adictos a manejar constantemente información en nuestra mente. Hablamos sobre ello.

La adicción al pensamiento es una indicación literal de la dependencia más universal y escurridiza a la que estamos sometidas las personastanto a nivel individual como colectivo. Hay un abuso generalizado en inconsciente del pensamiento en sus más variadas formas y manifestaciones (creencias, interpretaciones, comparaciones, símbolos, recuerdos, temores, ilusiones, preocupaciones…).

En el libro Adicción al pensamiento del psicólogo Pedro Jara Vera se desarrolla una mirada comprensiva y liberadora de lo que se considera el núcleo generador de todos los problemas verdaderamente relevantes del ser humano. Este libro está en consonancia con el paradigma de las terapias de tercera generación, en el que más que enfatizar en controlar los pensamientos y emociones, se acentúa la experimentación de los sucesos internos.

Las preocupaciones, la ansiedad o la depresión, en un primer momento y siempre dentro de unos niveles, suelen revelarnos los problemas que existen en nuestra vida y a los que deberíamos prestar atención. Muchas veces –a semejanza de lo que pasa con la fiebre– sirven como señal de alarma, como una indicación de que nos estamos sobrecargando.

Si los acallamos con distracciones o con tranquilizantes estaremos relegando la función adaptativa que frecuentemente poseen. Cuando no aprendemos de lo que nos resulta doloroso perdemos una información fundamental.

Cerrar los ojos a emociones de ira, pena, miedo o confusión nos impedirá aprender de nosotros mismos, también de las cosas que nos importan o nos gustan y, sobre todo, nos impedirá adaptarnos a este tipo de situaciones en el futuro.

Hombre con venda en los ojos

Adicción al pensamiento: cuanto más pensamos, menos hacemos

La adicción al pensamiento está muy ligada a perdernos en pensamientos automáticos circulares. Nos referimos a pensar en exceso en situaciones, pasadas o futuras, sobre las que nuestros pensamientos no tienen ninguna funcionalidad, que escapan a nuestro control y que dependen más de probabilidad y del azar que de nuestra conducta.

Un rasgo de sabiduría y humildad consiste en admitir que la capacidad de pensar nos ayuda a arreglar las situaciones que nos suponen un problema o un reto, pero por sí sola no puede hacer que nos encontremos bien. El pensamiento es incapaz de mantenernos siempre felices, pues no fue esa su función originaria.

Gracias a que pensamos, solucionamos los problemas que surgen en el día a día y nos orientamos hacia un fin útil. Somos prácticos, cuidadosos y evitamos peligros. Nuestra capacidad de pensar posibilita que resolvamos los problemas materiales y externos que tenemos. Sin embargo, no es omnipotente. En el “espacio interior” –felicidad, bienestar y satisfacción–, no se mueve tan bien.

Es cierto que muchas personas son capaces de emplear determinados pensamientos para sentirse mejor frente a situaciones adversas. Por ejemplo, cuando tenemos un contratiempo, podemos verlo como una manera de aprender y, de este modo, los sentimientos de abatimiento pueden aminorarse. En este sentido, el pensamiento es muchas veces mediador de nuestras emociones.

Como contrapartida, y esto suele ser más habitual, también puede aguarnos la más agradable de las situaciones. No obstante, esta capacidad de mediación de los pensamientos solo funciona hasta determinado grado. Es inútil y, con frecuencia, contraproducente, utilizar nuestros pensamientos para consolarse y no aceptar determinados acontecimientos (por ejemplo, una pérdida afectiva importante).

Mujer con ansiedad por sus pensamientos

Sal de tu mente y entra en tu vida

Por mucho que demos vueltas, no vamos a dar con la respuesta de por qué hicimos algo o nos pasó tal cosa en un momento dado. Hay miles de condicionantes alrededor de nuestros actos que no podemos desentrañar aun poniendo todo de nuestra parte. La cadena de acontecimientos por la que al final nos decidimos a hacer algo puede haber empezado horas e incluso días atrás.

Frente a las obsesiones, la ansiedad o la depresión, no debemos creer que pensando mucho tendremos más posibilidades de cambiar el estado de ánimo. No obstante, podemos utilizar el pensamiento para dar con una salida que permita cambiar las condiciones exteriores que generan nuestra tristeza.

Siempre que nos sirvamos de nuestros pensamientos para pasar a la acción y alterar las circunstancias reales que nos afectan negativamente, estos tendrán sentido; en caso contrario, no nos ayudarán.

“Si pudiese vivir nuevamente mi vida, tendría más problemas reales y menos imaginados”.

-J. L. Borges-

Hayes, S. C. (2013). Sal de tu mente, entra en tu vida. Desclée de Brouwer. Pedro Jara Vera. Adicción al Pensamiento 2016 Twerski, A. J., & de Cazenave Tapie, E. (1999). El pensamiento adictivo: comprender el autoengaño. Patria.