Aislamiento y redes sociales: ¿cómo afecta a los adolescentes?

¿Tienes un hijo adolescente que siempre está con el móvil y apenas sale de su habitación? Si bien es cierto que a esta edad buscan tener su propio espacio y privacidad, hay conductas que pueden terminar afectando a su salud mental. Debemos estar prevenidos.
Aislamiento y redes sociales: ¿cómo afecta a los adolescentes?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 07 diciembre, 2022

¿Qué es lo más importante para un adolescente? Si les hiciéramos esta pregunta a nuestros jóvenes, lo más probable es que nos respondieran que “sus amigos”. Basta con situar la propia mirada en esa etapa de nuestra vida para recordar, efectivamente, la relevancia que suponía el contacto social cotidiano y construir esas primeras alianzas como son las amistades e incluso los primeros amores.

Sin embargo, si los adolescentes de hoy en día reflexionaran sobre sus conductas, descubrirían que, para muchos de ellos, lo más relevante es tener conexión a internet y un móvil. Si bien los expertos recomiendan que la edad más adecuada para tener un dispositivo sea a los 15 años, lo cierto es que, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 66 % de los niños entre diez y quince años ya dispone de un teléfono.

Y es aquí cuando llega la mayor ironía de todas. Los chicos y las chicas usan sus dispositivos con fines sociales, para asomarse al mundo y estar conectados con sus iguales. Sin embargo, la tecnología está provocando un aislamiento cada vez más acusado en los adolescentes. Se relacionan menos con su entorno y, en especial, con su propia familia.

¿Qué está pasando? ¿Qué consecuencias se pueden derivar de estas circunstancias?

El cerebro, y en especial el de los adolescentes, no está preparado para el aislamiento. Si además, buena parte de sus interacciones llegan desde el universo virtual de la tecnología, es probable que se eleven los problemas de salud mental.

Adolescente preocupada mirando redes sociales
El uso del móvil aparta a los jóvenes de prácticas sociales en el mundo real, prefiriendo el universo privado y aislado de lo virtual y digital.

Mi habitación y conexión a Internet, mis refugios

Cuando un niño llega a la preadolescencia es común que reclame sus propios espacios. Poder contar con refugios exclusivos en los que tener privacidad forma parte de su propio desarrollo psicosocial. Esto es algo que, a menudo, puede encender las alarmas de los progenitores, pero también es una dinámica a la que se habitúan a medida que ese chico o chica alcanza la adolescencia.

En este deseo de intimidad, hacen de sus habitaciones sus santuarios exclusivos; esos que nadie puede cruzar. El problema es que, a menudo, erigen en ese territorio un hogar paralelo y aislado dentro de la propia casa familiar. A veces, hasta se empeñan en comer allí y en pasar cada vez menos tiempo en compañía de sus padres y hermanos.

En las últimas décadas, con la llegada de las tecnologías (recordemos que ya no son tan “nuevas”), esta realidad se ha complicado un poco más. La necesidad de aislamiento y las redes sociales esconden una vinculación directa y cotidiana en los más jóvenes. Plataformas como Youtube, Twitch y TikTok son ventanas al entretenimiento, el descubrimiento y la conexión social.

¿Para qué salir al exterior si tienen todo lo que necesitan delante de una pantalla?

A pesar de que los adolescentes interaccionan con otras personas en sus redes sociales y aplicaciones, experimentan una mayor sensación de soledad. Sin embargo, esto no siempre les insta a salir de sus habitaciones y buscar otras formas de ocio.

Aislamiento y redes sociales: ¿qué efectos tienen en la salud mental del adolescente?

Los seres humanos somos criaturas sociales y si hay algo que motiva y hace feliz a un adolescente es salir con sus amistades. Sin embargo, una parte de nuestros chicos y chicas pasan más tiempo en sus habitaciones, pegados a una pantalla. Esa dimensión paralela es la que consume todo su tiempo, la que les roba también la oportunidad de tener una conexión más cercana con el mundo.

Son muchos los padres que ven con preocupación el vínculo entre el aislamiento y las redes sociales. Por ello, es común que les planteen alternativas, como practicar algún deporte, invitar a amigos a casa u organizar alguna actividad de ocio. Pero no siempre funciona. Porque TikTok secuestra su atención y es adictivo, porque siempre hay alguien a quien seguir en Twitch o YouTube.

Un cerebro en desventaja

El cerebro en la adolescencia atraviesa por un periodo clave en su desarrollo. Su arquitectura neuronal sigue formándose y son muchas las áreas que no terminarán de asentarse hasta pasados los 20 años. Toda experiencia, interacción, hábito y práctica esculpe el cerebro adolescente, para bien o para mal.

Una investigación de la Universidad de Emory, Atlanta, destaca algo interesante. La adolescencia, tal y como explican en este trabajo, es un período crítico en el que la experiencia social optimiza la capacidad de obtener metas en la edad adulta. Si entre los 12 y los 18 años estos jóvenes optan por el aislamiento, su cerebro experimentará ciertas alteraciones.

Esa falta de estimulación y de conexión social afecta a la toma decisiones, a la capacidad de logro y también a la salud mental. A menudo, el simple hecho de estar sin amigos o con relaciones sociales frágiles, ya afecta al desarrollo psicosocial.

Aislamiento, redes sociales e infelicidad

TikTok entretiene, les hace reír, probar retos, conectar con amigos, darse refuerzos sociales. Tienen WhatsApp para hablar en cualquier instante, día y noche, así como infinidad de plataformas para estar informados de cualquier cosa que desean. Sin embargo, el mundo de las redes sociales y la tecnología no siempre los hace más felices.

Muchos descubren la vida y empiezan a forjar su identidad en la soledad de sus habitaciones y ante una pantalla. Habrá adolescentes que se enriquezcan de ello, que les resulte positivo. En cambio, otros desarrollarán algún problema de salud mental. Así, un estudio de la Escuela de Medicina Johns Hopkins destaca cómo el uso de las redes sociales se vincula a un aumento de la depresión y la conducta suicida.

Estas aplicaciones refuerzan desde la comparación social hasta la creación de una imagen distorsionada de sí mismos. Se eleva la ansiedad, el desánimo y se edifica una baja autoestima que todo lo orbita y que refuerza el rechazo hacia su autoimagen. A mayor adicción a este tipo de escenarios digitales, mayor necesidad de aislamiento. Por tanto, más se intensifica el desánimo.

Pensemos que no es comprensible pedirle a un adolescente que no pase tanto tiempo con el ordenador o el teléfono móvil, cuando los padres hacen precisamente lo mismo.

Aplicaciones orientadas a la adicción

Hay un hecho indiscutible. Plataformas como Instagram o TikTok están diseñadas para crear adicción. Si en los últimos tiempos se está concediendo mayor valor al video que a los simples post con mensajes, es por la atracción que genera en el cerebro. Si a ello le añadimos los algoritmos perfectamente programados para ofrecernos el contenido que nos gusta, es muy fácil que se nos pasen las horas sin darnos cuenta.

Los adolescentes tienen mayores problemas para mantener el autocontrol y eso explica los evidentes problemas para dejar de usar el móvil. El aislamiento se refuerza muchas veces por el poder de acción de estos programas.

Rostro de una chica adolescente con aislamiento y redes sociales
La conexión social saludable de los adolescentes con su entorno es clave para su desarrollo psicológico.

¿Cómo abordar las tendencias al aislamiento a causa de las redes sociales?

Sabemos que, aislamiento y redes sociales tienen una relación directa y que esto afecta en especial a los adolescentes. ¿Qué podemos hacer al respecto? Estas serían algunas claves en las que reflexionar.

  • Es necesario educar a nuestros hijos desde bien pequeños en el uso saludable de la tecnología. 
  • Evitemos ofrecerles un móvil antes de los 15 años, la edad recomendada por los expertos.
  • No es recomendable que los niños tengan su propio ordenador en la habitación. Es mejor instalarlo en un espacio común donde los adultos puedan supervisar su utilización.
  • El uso de internet debe tener unos horarios pautados. Más allá de esas horas (y sobre todo por las noches) es recomendable dejar a un lado su utilización.
  • Como adultos, debemos supervisar qué tipo de uso hacen los adolescentes de sus redes sociales.
  • Los padres deben ser los mejores modelos para sus hijos. Prediquemos con el ejemplo.
  • Procuremos que los adolescentes lleven a cabo actividades que fomenten su conexión social con el exterior y más allá de sus habitaciones. El deporte, aprender música o baile es un modo de conectarlos con el mundo y con una pasión.

Para concluir, una de las mayores cuentas pendientes que tenemos con nuestros adolescentes es ofrecerles mecanismos para una utilización más saludable de las redes sociales. Tristemente, esto no siempre será posible, puesto que los desarrolladores de las mismas tienen como objetivo que, como usuarios, pasemos el mayor tiempo posible en sus plataformas.

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