Al cerebro le encantan la sorpresas

28 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Vélez
Al leer la palabra sorpresa, probablemente estés pensando en algo positivo, y es que a todos nos encanta los regalos o fiestas inesperadas. Resulta que este efecto tan placentero a nuestro cerebro también le encanta. Continúa leyendo para saber por qué.

¿Por qué al cerebro le encantan las sorpresas? La sorpresa es una emoción básica que se refiere a la alteración del estado de ánimo debido a un suceso o estímulo imprevisto. Cuando lo imprevisto no es agradable, desencadena una emoción negativa, como miedo, ira o tristeza.

En cambio, cuando el resultado es positivo, la emoción resultante es placentera, desencadenando una activación intensa de áreas cerebrales. Estas áreas cerebrales están implicadas en otras emociones, entre ellas, el placer.

Por tanto, podemos decir que, de alguna manera, fisiológicamente tenemos una prueba de que al cerebro le encantan las sorpresas.

Cerebro iluminado

Áreas cerebrales implicadas

El núcleo accumbens, que forma parte de los ganglios basales, tiene un papel importante en el procesamiento de la sorpresa.

Al parecer, este se activa cuando nos encontramos ante una situación impredecible. Esto ocurre especialmente porque el cerebro, de manera inconsciente, espera tener una recompensa.

Como en otras emociones, la amígdala también tiene un papel importante en la sorpresa, ayudando a decidir si lo que nos encontramos es bueno para nosotros o no. En esta región cerebral existen dos grupos de neuronas diferenciadas.

  • Por un lado, el grupo de neuronas que se activan cuando lo que se nos presenta es una recompensa.
  • Por otro, el que se activa cuando recibimos algo desagradable. Así, como dos bandos diferenciados, uno no se activa si se activa el otro.

El placer de lo inesperado: al cerebro le encantan las sorpresas

Como se ha indicado anteriormente, cuando la sorpresa es desagradable, esta hace de llave para la aparición de otras emociones. Sin embargo, cuando la sorpresa no es dañina, nos resulta muy placentera, alargando y pudiendo disfrutar durante más tiempo de esa emoción.

Las sorpresas negativas suelen demandar una reacción rápida por nuestra parte; en cambio, con las positivas, podemos quedarnos quietos y disfrutar.

Numerosos investigadores han dedicado sus esfuerzos a saber por qué esto es así y descubrir si se puede aprovechar la sorpresa para aplicarla a algún tipo de intervención. En esta línea, unos científicos estadounidenses demostraron que el núcleo accumbens se activaba de forma intensa cuando aparece un estímulo que no se espera.

Curiosamente, el núcleo accumbens es una región fundamental del centro de placer del cerebro. Probablemente, en buena medida por eso, al cerebro le encantan las sorpresas. Independientemente de si lo que nos sorprende es bueno o malo, esta zona se iluminará, activando, aunque sea levemente, los mecanismos de placer.

Un ejemplo perfecto es que a mucha gente le encante entrar en casas del terror, donde se encontrarán muchas sorpresas que en principio deberían ser negativas por ir seguidas de emociones de valencia negativa, como el miedo o el asco.

Niña con cara de sorpresa

Efecto en el aprendizaje y la memoria

El aprendizaje es uno de los procesos cognitivos más estudiados en psicología y en neurociencia. Desde hace más de 50 años, se han identificado los factores que influyen o producen un aprendizaje más duradero y la sorpresa es uno de ellos.

Según algunos autores, la fuerza con la que se asocia un elemento con otro es más fuerte cada vez, hasta que deja de ser sorprendente. Es decir, si presentamos un estímulo A junto a un estímulo B (impredecible) en varias ocasiones, la persona estará esperando que se presente B con mucha fuerza. Pero una vez nota que esto ocurre siempre, la reacción es mucho menor. De esta forma, los científicos han propuesto que, cuando un estímulo es sorprendente, es más probable que permanezca en nuestra memoria.

Esta relación entre el aprendizaje, el cerebro y la sorpresa ha podido comprobarse de forma más reciente con estudios de neuroimagen.

En 2001, un grupo de investigadores británicos y australianos observaron qué ocurría en el cerebro durante el aprendizaje si se incluían elementos sorpresa. Así, vieron cómo el núcleo accumbens se iba activando cada vez menos a medida que el participante se familiarizaba con la presentación de los estímulos. Sin embargo, cuando se producía algún evento sorpresa, volvía a activarse con intensidad.

También se ha observado en varios estudios que lo que se aprende alrededor de un evento sorpresa permanece más tiempo en la memoria. Esto podría deberse a que la sorpresa pone en marcha una serie de mecanismos colinérgicos y dopaminérgicos que hacen que aumente la atención y la motivación.