Algo de todo lo que sentimos día a día... y nos perturba

25 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Los seres humanos experimentamos variedad de emociones desagradables. Pero, tras cada una de ellas, existe una lección que podemos aplicar.

A lo largo del día miles de pensamientos acuden a nuestra mente. Si no contamos con una buena disciplina e higiene mental, estos pueden apoderarse de nosotros. Pero lo más peligroso radica en la capacidad que tienen dichas creencias e imágenes de perturbarnos. Todo lo que sentimos encuentra su antecedente en un pensamiento, y si este es negativo o distorsionado, nuestro estado de ánimo se verá gravemente afectado.

Si, con frecuencia, experimentas sentimientos dolorosos o desagradables. Si te sientes perturbado y no logras encontrar la paz, revisa tu mente. El problema no son los acontecimientos externos, tampoco las emociones negativas (ellas están ahí para alertarte). Aquello que no está funcionando correctamente son tus cogniciones, los pensamientos que eliges tener en cada momento.

Porque, sí, tú tienes la capacidad de modificar el contenido de tu pantalla mental. Tú decides regar y alimentar cada día una determinada actitud, una determinada visión de lo que ocurre. Por tanto, cuando halles en ti un sentimiento desagradable, presta atención a su mensaje. Te está guiando hacia lo que debes trabajar.

Lo que sentimos trae un mensaje

Miedo

El miedo es una de las emociones más perturbadoras por su poder para hacernos sentir paralizados e indefensos. Cuando el miedo aparece se agarra al alma y ningún esfuerzo parece suficiente para sacarlo de allí. Sentimos miedo al futuro, a sufrir, a ser rechazados, a equivocarnos… Es un susurro constante que nos mantiene alerta, como si en cualquier momento el suelo pudiese abrirse bajo nuestros pies.

Como si en cualquier momento, un acto, una palabra, pudiera desencadenar una catástrofe. El miedo es el alimento principal de la ansiedad, una condición realmente dura de padecer. Sin embargo, no hemos de culpar al miedo de nuestro malestar. Él es sólo un mensajero, un aliado que trata de mostrarnos que no confiamos en nosotros mismos.

Cuando trabajes en ti, cuando te llenes de fuerza, de confianza y de amor propio dejarás de temer a las circunstancias externas. Pues te sabrás capaz de hacer frente a los cambios y salir adelante.

Culpa

La culpa es una emoción poderosa que puede llevarnos a actuar en contra de nuestros deseos y convicciones. Es la herramienta que otros utilizan para manipularnos, para alejarnos de nuestro propio poder. La culpa nos genera malestar por tratar de ser libres y nos conduce a ser esclavos de lo que otros desean. Por ella renunciamos a valiosas oportunidades, y nos desgastamos tratando de hacer felices a los demás, renunciando a nuestra propia felicidad.

Cuando esta emoción te domine, trata de salir de tu mente y colócate como un observador externo. Observa qué es lo que realmente deseas, qué te pide tu interior, qué acciones se sienten bien y se alinean contigo. Y, entonces, actúa. La culpa viene a alertarte de que estás anteponiendo a otros antes que a ti mismo. Escúchala y recuerda que tu única obligación es serte fiel a ti.

Vergüenza

La vergüenza es una prisión con la puerta abierta. Tienes la oportunidad de salir y volar, pero tus propios pensamientos te lo impiden. Esta limitación, que surge de tu mente, te hace sentir inadecuado, insuficiente, torpe o poco valioso. Por ello te recluyes, te escondes o te aíslas. Cortas tus propias alas porque crees no merecerlas.

Cuando la vergüenza aparece, lo hace para pedirte que te aceptes. Que te mires, que te acojas y te aplaudas. Que te valores y te permitas ser con libertad. Eres válido.

Cambiar lo que sentimos

El objetivo no consiste en reprimir  o ignorar las emociones que nos perturban. Se trata, por el contrario, de actuar conforme el mensaje que nos trasladan. Si sientes miedo destierra de tu mente los pensamientos sobre tu incapacidad y tu indefensión y comienza a aplicar aquellos que hablan de tu fuerza y tu valentía.

Si sientes culpa, deshazte de la idea de que has de complacer a otros, de que has de sacrificarte por el bienestar ajeno. Repítete que tienes derecho a escuchar tus propios deseos y a actuar en consonancia. Si sientes vergüenza no cedas espacio en tu mente a la creencia de que eres inadecuado. Cultiva pensamientos sobre tus cualidades y el derecho que tienes a ser plenamente tú. Si lo que sientes te perturba, cambia lo que piensas.

  • Odriozola, E. E., de Corral Gargallo, P., & Andrés, P. J. A. (2001). Estrategias de afrontamiento ante los sentimientos de culpa. Análisis y modificación de conducta, 27(116), 905-929.
  • De Gaulejac, V. (2015). Las fuentes de la vergüenza. Sapere Aude.