Carta al miedo

8 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
A ti miedo, que me acompañas en mis mejores y peores momentos. Llenas mis días de angustia o te conviertes en mi motor.

Miedo querido, tras varias semanas de haber reflexionado decidí escribirte esta carta para que sepas cómo me siento. Te hablaré sobre nuestra relación, acerca de lo que pienso de nosotros y de cómo ha cambiado mi visión desde que te empecé a conocer mejor.

A través de esta carta comprenderás mejor el cambio que he tenido. Para comenzar, quiero que sepas que no ha sido fácil mi camino junto a ti, pero, aunque quizá te parezca increíble ahora, también veo tus otras caras.

«El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, es aquel que conquista el miedo».

-Nelson Mandela-

Hombre frente al mar que sabe vivir sin miedo

Miedo, estás presente en mis crisis

Recuerdo que, desde muy pequeño, te presentabas ante mí y la tempestad comenzaba. Eran instantes en los que también nos hacía compañía la tristeza, el estrés y el agobio. No sabía cómo pararte y lo único que quería es que desaparecieras de mi vida.

Ciertamente, fueron momentos en los tampoco entendía cómo gestionarte, igual que tampoco acababa de comprender el sentido de tu presencia. Fueron sucesos que dejaron una huella inmensa en mi vida, todavía los recuerdo como si fuera ayer.

Cuando no sabía qué esperarme del futuro, tú me abordabas. También, cuando repasaba una y otra vez situaciones del pasado, pensando en lo que pude haber hecho. Sinceramente miedo, no me gustaba para nada tu compañía, me hacía hacer sentir un sin sabor que me hacía pensar que todo mi mundo se derrumbaba.

Gracias a ti me he descubierto

Con el paso del tiempo, he podido ampliar mi consciencia, además he utilizado lo que he aprendido contigo para conocerme mejor. Eso significa que he podido navegar por lo más profundo de mí, y ver mis reacciones, emociones, pensamientos y sentimientos de otra manera.

Entonces, miedo, gracias a tu presencia he podido conectar conmigo, lo que antes resultaba impensable para mí. Sucede que al poder establecer esa relación profunda conmigo, he llegado a ser más asertivo a la hora de tomar mis decisiones, porque, al saber cómo soy, es más fácil marcar un destino y seguir un rumbo.

Además, quiero que sepas que convivir contigo me ayudado a saber cuáles son mis fortalezas y debilidades. Así, ¡Sé cuáles son los recursos que puedo utilizar a la hora de sobreponerme a las adversidades¡ Maravilloso, ¿no crees?

Mano con una mariposa

Miedo, también eres el motor de mi vida

Cuando comencé a explorarme cada vez que me visitabas, me di cuenta de que también conecté contigo. Poco a poco cambió de color mi perspectiva, antes veía como mi mundo se tornaba gris e iba detrás de la culpa y el dolor. No podía separarme de ellos. Ahora miedo, la mayoría de las veces que vienes, me quedo contigo, me quito mis máscaras, y pienso «de eso se trata la vida», «debo bailar con mis miedos». Ya no eres más una huella de sufrimiento, eres una de aprendizaje. 

He comprendido que es muy útil resignificar mis experiencias. De hecho, la logoterapia nos enseña cómo hacerlo. Un autor y psiquiatra espléndido, Viktor Frank, nos muestra cómo a pesar de nuestros grandes miedos, podemos salir adelante si le encontramos un sentido a nuestra vida y le otorgamos un significado distinto, más positivo, a nuestras vivencias desagradables.

Eres el motor de mi vida, porque cuando pasas por ella, me enseñas a conocerme, porque cada día puedo contar con una visión más amplia o distinta. También, eres el motor de mi vida, porque me haces sentir vivo, y eso me motiva a ir tras mis sueños, a recordar que hay fracasos y grandes barreras, pero también formas de salir adelante.

Gracias por todo lo que me has enseñado. Hoy puedo admirar la belleza incluso en los lugares más oscuros. Has dejado de ser una pesadilla, te has convertido en un valioso recurso para afrontar las adversidades. Ahora que te veo y te pienso diferente. Puedo ver tu otra cara y decirte, con honestidad, que es valiosa tu compañía.

Tenerte cerca me hace humano, me hace saber que haces parte de mí, y que cada vez que te aproximas traes contigo una valiosa enseñanza. Saber que te tengo me hace reflexionar sobre a qué le estoy otorgando demasiada importancia. Así, me centro en el momento presente y sigo tras mis metas, aunque estés a mi lado.

García, C. (2008). Tengo miedo: carisma y iderazgo a través de la gestión del propio miedo. Colombiia: Editorial norma. Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.