Amor y salud

Eva Maria Rodríguez · 16 agosto, 2014

 
En el año 1998, la profesora Barbara Fredrickson elaboró una teoría propia sobre la construcción y expansión de las emociones positivas. En un discurso ofrecido en el Congreso Mundial de la IPPA, la profesora Fredrickson explicó cómo el amor, entendido como una emoción positiva, contribuye a la salud a partir de esta teoría.


La teoría de  la construcción y expansión de emociones positivas

La teoría de Barbara Fredrickson sobre las emociones positivas explica por qué la evolución nos permite a los humanos tener emociones positivas, en qué medida son buenas y cuál es su valor funcional.

Según esta teoría, las emociones positivas amplían nuestra atención, ya que la mente puede abrirse o cerrarse, y las emociones positivas permiten que la mente se abra. Por otra parte, las emociones positivas construyen recursos, funcionando como alimento para las relaciones personales, fundamentales para las personas.

Además, las emociones positivas ayudan a romper el ensimismamiento, y hacen que la conexión entre dos personas tenga una mayor calidad, mejorando el acuerdo y haciendo desaparecer las divisiones.

Qué es el amor

Barbara Fredrickson entiende el amor como una emoción positiva, y no como un sentimiento. Pero antes de definir qué es el amor es necesario dejar claro lo que no es.

Para Barbara Fredrickson NO es deseo sexual, no consiste en un vínculo especial con la pareja o la familia, no es un compromiso, no es exclusivo, no es perdurable -ninguna emoción dura para siempre- y no es incondicional.

Entonces, ¿qué es el amor?

El amor se puede explicar desde la perspectiva de la ciencia de las emociones y desde desde la perspectiva la ciencia de las relaciones humanas.

La ciencia de las relaciones humanas conceptualiza el amor como una inversión en el bienestar de la otra persona para su propio beneficio y como una sensibilidad a la conducta de la otra persona. Sería el sentimiento de sentirse comprendido, valorado y cuidado.

Como investigadora en el ámbito de la ciencia de las emociones, Fredrickson reivindica que la ciencia de las emociones debería añadir, además, que el amor es algo que dura minutos o segundos, ya que no te implicas en el bienestar de tu pareja todo el rato -las emociones son algo fugaz-.

Además, el amor, según Fredrickson, tiene componentes biocomportamentales, en los que la mente y el cuerpo se fusionan. En este sentido, el amor es una experiencia situada a nivel interpersonal determinada por incrementos momentáneos de emociones positivas compartidas, sincronía biocomportamental y cuidado mutuo. A lo largo del tiempo esto construye una conexión corporal, unos vínculos sociales y compromiso. Esto es lo que Fredrickson denomina resonancia positiva.

¿Cómo contribuye el amor a la salud?

Fredrickson ha llevado a cabo muchas investigaciones sobre la relación entre la resonancia positiva y la calidad de la conexión entre el cerebro y el corazón -tono vagal-. En sus investigaciones,  Fredrickson ha encontrado que, con un alto tono vagal, hay una variabilidad muy sutil en la frecuencia cardíaca, y el corazón se ralentiza cuando inhalamos y se acelera cuando exhalamos. Cuanto mayor sea el tono vagal, mayor será la variabilidad del ritmo cardíaco.

Los resultados de la investigación de la profesora Fredrickson arrojan datos muy interesantes, ya que, según ella,  las con mayor tono vagal tienden a tener mejores habilidades sociales, mejor atención y regulación emocional, más momentos de resonancia positiva y mejor funcionamiento inmune.

Fredrickson utilizó la meditación basada en el amor y la bondad como una intervención para incrementar la experiencia de resonancia positiva y exploró su relación con el tono vagal. Sus conclusión fueron que, cuanto mayor es el tono vagal al inicio hay mayor tendencia a abandonar la práctica diaria de meditación. Sin embargo, la meditación puede conllevar a una mayor conexión social y a compartir más emociones positivas, las cuales incrementan el tono vagal. Por lo tanto  se trata de un modelo circular, y las emociones positivas permiten que las conexiones sociales sean percibidas como más intensas, lo que hace que el tono vagal aumente, lo  cual predice un mayor rendimiento de la meditación. Las personas que han practicado esta meditación tienen más conexión social y el tono vagal es más elevado.

De este modo, podríamos afirmar no solo que el amor crea salud, sino que la salud crea amor.