Ana Frank, biografía de una niña resiliente

Edith Sánchez·
22 Abril, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
22 Abril, 2020
Ana Frank hizo de su diario un vehículo de reflexión y reafirmación, en medio de unas condiciones sumamente precarias. Su obra ha sido traducida a 70 idiomas y ha vendido 35 millones de copias. Nelson Mandela aseguró que ese diario le había dado fuerzas durante su cautiverio.
 

Ana Frank siempre soñó con convertirse en periodista y luego en una gran novelista. Cuando comenzó a escribir su diario lo veía como un proyecto futuro, que seguramente haría realidad después de la guerra, cuando todo volviera a la normalidad. Las cosas no sucedieron como ella imaginó, pero finalmente logró lo que tanto anhelaba.

El Diario de Ana Frank se considera uno de los testimonios más conmovedores de todos los tiempos. Lo que lo hace tan especial es la franqueza con la que fue escrito y la inocencia con la que describe el horror de la guerra. Actualmente es uno de los libros más leídos del mundo y se encuentra inscrito en el “Registro de la Memoria del Mundo” de la UNESCO.

Ana Frank y su familia tuvieron que esconderse en una pequeña buhardilla, para escapar del odio de los nazis. El cautiverio duro poco más de dos años y durante ese lapso Ana escribió el diario. En él quedó consignada, con gran encanto, la vida de una niña que está en plena etapa de crecimiento y que se encuentra cercada por una realidad aterradora.

Mientras puedas mirar al cielo sin temor, sabrás que eres puro por dentro, y que, pase lo que pase, volverás a ser feliz”.

-Ana Frank-

Primera edición del diario de Ana Frank en 1955
 

La corta vida de Ana Frank

Ana Frank nació el 12 de junio de 1929 en Fráncfort del Meno (Alemania). Su padre, Otto Frank, había servido al ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial y había obtenido el grado de teniente, además de una condecoración por su valor: la Cruz de Hierro. Luego se hizo banquero y en 1925 se casó con Edith Höllander.

La pareja tuvo dos hijas; primero llegó Margot, en 1926, y tres años después nació Ana. Todos ellos conformaron una familia judía tradicional de clase media alta.

Cuando Hitler se hizo con el poder en Alemania, en 1933, comenzó la persecución a los judíos y la familia decidió mudarse a Ámsterdam (Países Bajos).

En su nuevo hogar, Otto Frank instaló una tienda en la que vendía pectina y especias. Todo iba bien hasta 1942, cuando los nazis invadieron Holanda y, como era su costumbre, emprendieron la “caza” de judíos. Los holandeses fueron los únicos europeos que se opusieron abiertamente a esa persecución, pero sus protestas tuvieron poco efecto.

Huyendo de la persecución

La situación de los judíos era cada vez más tensa y Otto Frank comprendió que toda la familia corría un gran peligro y que su captura era solo cuestión de tiempo. Así, con la ayuda de algunos colaboradores de su trabajo preparó un escondite en el mismo edificio en el que tenía su tienda.

En ese lugar había otro edificio contiguo, separado solo por un patio. Tenía tres pisos y en el último había una puerta secreta que llevaba a una buhardilla. El acceso estaba oculto tras un estante que daba a unas escaleras y estas, a su vez, conducían a un pequeño lugar en el que había dos habitaciones diminutas y un baño.

 

Otto le contó los planes a su esposa y a su hija mayor, pero Ana Frank no sabía nada del asunto, hasta cuando fue hora de trasladarse al escondite. Esto sucedió el 9 de julio de 1942, tres días después de que Margot, la hija mayor, recibiera la notificación de que debía presentarse ante las autoridades alemanas. Esto significaba que sería arrestada y deportada.

Ante esa situación, Otto decidió que era hora de que la familia se escondiera. Tuvieron que salir de su hogar por la noche y llevando encima toda la ropa que podían ponerse, ya que era muy peligroso llevar maletas. Dejaron su casa desordenada y con una nota casual en la que sugerían que estaban escapando a Suiza. El plan estaba diseñado para funcionar.

Estatua de Ana Frank
Estatua de Ana Frank (Ámsterdam)

Un refugio, un universo

Durante los dos años siguientes la familia vivió en el refugio, al que también llegó otra pequeña familia y un dentista. En total fueron ocho personas las que compartieron el escondite. Ana Frank logró describir a cada uno de ellos con gran profundidad y talento, convirtiéndolos en personajes literarios.

El diario habla de sus caracteres y de las tensiones que se sorteaban en el marco de la situación tan precaria en la que vivían. Los refugiados sobrevivieron durante ese lapso gracias a la ayuda de sus amigos holandeses, que los proveían de comida y los mantenían al tanto de los sucesos. En ese pequeño lugar, Ana pensó el mundo y se enamoró por primera vez.

 

Todo terminó el 4 de agosto de 1944 cuando en una inspección de rutina fueron descubiertos por oficiales de la Gestapo holandesa. Los refugiados fueron enviados a un campo de concentración y la familia Frank fue separada en Auschwitz.

Al final, Ana quedó sola con su hermana y ambas fueron enviadas al campo de Bergen-Belsen, donde las dos murieron de tifus.

El único sobreviviente fue Otto, el padre de Ana Frank. Cuando volvió al escondite, en busca de pistas sobre su familia, la Cruz Roja le informó de la muerte de todos. Luego le entregaron el diario de Ana, que él no conocía. De inmediato, supo que estaba ante un documento de importancia histórica. Dos años después, logró que lo publicaran y así hizo realidad el sueño de su pequeña hija que había fallecido a los 15 años.

Frank, A., Rops, D., & Lozano, J. B. (1962). Diario de Ana Frank. Editorial Hemisferio.