¿Los animales tienen sentido del humor?

¿Qué nos dice la ciencia sobre el humor en los animales? Todo parece indicar que algunas especies sí lo presentan. Ahora bien, ¿qué implica?
¿Los animales tienen sentido del humor?
Sara González Juárez

Escrito y verificado por la psicóloga Sara González Juárez el 28 octubre, 2021.

Última actualización: 28 octubre, 2021

Hacer reír es un propósito que requiere un nivel cognitivo superior. Por eso, no es de extrañar que los más escépticos cuestionen que los animales puedan tener sentido del humor. Reírse, junto a la capacidad de producir risa en los demás -o reírse a costa de otro-, ha sido evidenciada en varias especies.

Los resultados de varios estudios apoyan la idea de que no somos los únicos con la capacidad para poner en marcha ciertos, vamos a decir, mecanismos mentales, que creíamos exclusivos del humano. Un hecho que, aunque de manera egoísta, puede tener una vertiente realmente positiva: comprender cómo lo hacen los animales puede ayudarnos a comprender cómo lo hacemos nosotros, los humanos.

Pero, ¿qué son el humor y la risa? El primer paso para descubrir procesos mentales en los animales es establecer sus límites. Eso es lo que encontrarás aquí: un repaso a todos los hallazgos que se han hecho hasta la fecha. No te lo pierdas.

¿Qué es el sentido del humor?

Muchos animales tienen la capacidad de reírse como reacción a una situación social positiva para ellos. Es decir, es común ver algún tiempo de expresión emocional física -como los jadeos de los gorilas o la oscilación de la cola de los perros– asociado al juego o la interacción social.

Pero, ¿qué es el humor? ¿Qué hace que una escena sea graciosa en vez de simplemente alegre? A continuación tienes las dos aproximaciones más completas a la explicación de este fenómeno y sus requisitos mínimos.

Perro riéndose

Teoría de la incongruencia

Esta es la teoría más usada para explicar en qué consiste el humor. Su premisa principal es que el humor es el resultado de la identificación de una inconsistencia entre la expectativa y la realidad. Piensa en un chiste: se trata de un relato que apunta hacia una conclusión, pero termina de una forma que sorprende, y por eso resulta cómica.

Es por ello que esta teoría pone como requisito para el humor la capacidad de identificar inconsistencias. Aunque resulta difícil de demostrar en ciertas especies, sí que se ha documentado en grandes primates, capaces de comprender lengua de signos y jugar con estas incongruencias.

Teoría de la violación benigna

Esta teoría postula que, más que la inconsistencia entre expectativa y resultado, el humor aparece en situaciones en las que se amenaza el bienestar, la identidad o el sistema de creencias normativas del individuo.

Esto, aunque parezca paradójico, cuenta con el consentimiento de la persona. De esta forma se explica que los chistes predecibles hagan gracia mientras que algunas incongruencias no resultan graciosas a todo el mundo.

La teoría de la violación benigna funciona bien para explicar el fenómeno de las cosquillas. Alguien no respeta el espacio personal, establece contacto físico y, además, en zonas sensibles. Al tratarse de una aproximación sin intenciones malignas, sorprende y hace gracia -aunque queramos librarnos de ello lo antes posible-. Además, es imposible hacerse cosquillas a uno mismo.

El sentido del humor en los animales

Partiendo de la base de alguna de estas teorías, sí, los animales pueden tener sentido del humor. Sin embargo, de momento solo ha podido demostrarse en algunas especies.

Quizá estés pensando en grandes simios. Aunque ellos fueron los precursores, en los últimos años se han encontrado especies con sentido del humor bastante más alejadas del ser humano. ¿Sientes curiosidad? Más adelante tienes los casos más famosos.

La gorila Koko

Koko (1971-2018) fue una gorila mantenida en cautividad para realizar estudios de comportamiento. Su inteligencia abrió las puertas al entendimiento de la mente de los no humanos, en especial en el ámbito de la adquisición del lenguaje.

Koko era capaz de articular y comprender más de 1 000 conceptos en lengua de señas americana, además de entender más de 2 000 palabras en inglés hablado.

Los gorilas se ríen, aunque su risa es más un jadeo. Esto permite saber de forma explícita cuándo el animal encuentra algo divertido. Era el caso de Koko, que jugaba cambiando las palabras para confundir a sus investigadores y después se partía de risa.

Los perros de Spokane

En el servicio de protección animal de Spokane (Estados Unidos) se percataron de que los perros emitían un tipo diferente de gruñido cuando jugaban entre ellos. Decidieron grabarlo y estudiarlo más a fondo.

Para comprobar si el sonido producía una respuesta significativa en los canes, reprodujeron este mismo gruñido por los altavoces del refugio. El resultado fue sorprendente: los perros se calmaban, agitaban la cola y se entregaban al juego.

La chimpancé Washoe

Washoe (1965-2007) fue otra de las primates que se estudió en cautividad para ahondar en las bases del comportamiento humano. Al igual que Koko, su dominio del lenguaje de signos fue la clave para considerar a estos animales como personas no humanas.

Sin embargo, las bromas de Washoe eran menos inocentes que las de la gorila. Una de las anécdotas que cuenta su cuidador es que, después de orinar encima de su espalda, la chimpancé le hizo el gesto correspondiente a “divertido” al ver que se giraba para reñirla.

La risa de las ratas

Las ratas llevan al lado del humano durante mucho tiempo, pero el estigma que pesa sobre ellas ha hecho que casi nadie se interesara por su emocionalidad y relaciones sociales. Uno de los impedimentos para aquellos que aman a estos roedores es que la mayoría de los sonidos que emiten no son audibles para el ser humano.

Pero en 2016 salió a la luz un estudio en la revista Nature en el que se filmaba a las ratas riendo mientras jugaban entre ellas y con los experimentadores. Parece ser que estos animales cuentan con sentido del humor, emitiendo sonidos de 50 kHz en situaciones sociales de juego y, por si fuera poco, tienen cosquillas.

Rata con niña

Queda mucho por conocer de nuestros compañeros de planeta. Por suerte, la ciencia avanza y nos demuestra que no somos únicos en nuestro sentir ni nuestro pensar: donde antes solo los humanos eran capaces de procesar el mundo tal y como es, ahora se sabe que los insectos sienten dolor, que las ratas se ríen y que los simios hablan. ¿Qué quedará por descubrir?

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