Antología de actos inútiles

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 marzo, 2014
Edith Sánchez · 10 marzo, 2014

La vida es muy corta y, aún así, podemos dedicar gran parte de ella a conductas absurdas que no tienen mayor sentido. Ni nos proporcionan placer, ni nos permiten resolver un problema, ni nos aportan algo nuevo o enriquecedor para el día a día. Son actitudes en las que nos empeñamos tercamente y que a veces se convierten en un verdadero hábito de vida. Sólo después de muchos años, o tal vez nunca, nos damos cuenta de todo el tiempo que perdimos con esas actitudes.

Aquí te mostramos una antología de esas acciones que, francamente, no sirven para nada.

Luchar para que te acepten

La mejor manera de que te acepten es precisamente no luchando por ello. Forzar esa situación a través de alguna estratagema para ganarte la simpatía de otros es como admitir su superioridad, al tiempo que aceptas tu baja valía. En el mejor de los casos logras que te den el mismo trato que te estás dando a ti mismo: un desprecio afable. Todo el tiempo que inviertas en esa causa será perdido. Quien verdaderamente te acepte lo hará espontáneamente.

Dejar de actuar por miedo a cometer un error

Si el miedo a cometer un error hace que tú te paralices, te recomiendo que busques otro planeta para vivir. En la tierra el error es el pan de cada día para todos los mortales. Si te pones a pensar, todo lo que hagas, y lo que dejes de hacer, es un error. Hasta lo más pequeño. Si no usaras zapatos con cordones, tal vez gastarías menos tiempo vistiéndote, entonces usarlos puede ser un error. Pero si solo usas mocasines, tal vez deformes el calzado con mayor facilidad, entonces también es un error. ¿Ves? Absolutamente todo tiene un margen de equivocación. Así que el miedo al error es una actitud completamente inútil porque no existe la más mínima posibilidad de que no haya fallos, grandes o pequeños, en tu vida. 

Lamer la herida

Puede que hayas pasado por una situación muy dolorosa que te dejó una marca más que honda en el corazón. Probablemente lloraste tus ojos y aún no te explicas cómo pudiste seguir viviendo después de haber pasado por ese sufrimiento. Lo cierto es que lo lograste, de lo contrario no estarías leyendo esto. Tal vez sientes que no lo has superado del todo, pero de algo puedes estar seguro: auto-compadeciéndote no lo vas a lograr. Todo lo contrario. La lástima por uno mismo es la mejor manera de prolongar indefinidamente el sufrimiento. Estarás perdiendo un valioso tiempo que en cambio podrías utilizar para reflexionar sobre lo ocurrido y sacar las enseñanzas que toda situación difícil trae consigo.

Pasar de la obsesión por lo perfecto al facilismo y viceversa

Tal vez seas de esos que dicen “A mí o blanco o negro, nada de grises”. Quizás hasta de verdad creas esa mentira y trates dolorosamente de vivir en coherencia con esa radicalidad. Lo malo es que se trata de uno de esos falsos principios que solo funcionan en el papel. Te guste o no, casi todo en el mundo y en la vida viene en grises de muchísimos matices. El mayor riesgo es que puedes convertirte en una de esas personas adictas a la perfección que, por supuesto, siempre van a sentirse insatisfechas por cualquier insignificancia. O al contrario, podrías creer que como al fin y al cabo nada es perfecto, entonces ¿para qué esforzarte de más? Ambas actitudes te impedirán apreciar el verdadero valor de lo que haces y le darás a la decepción un lugar protagónico en tu vida. Esas actitudes no te sirven para nada.

Culpar a otros por lo que te pasa a ti

Es una tentación constante. Si los padres, la crianza, la sociedad, el destino, el sistema económico, la cultura o lo que sea son los responsables de tus problemas, entonces tú mismo te ubicas en una posición en la que no hay nada qué hacer. Te estás conceptualizando como un objeto y no como un sujeto. Como si tu posición en el mundo fuera la de aquel que solamente recibe, pero no puede procesar, ni crear sobre lo que ya está dado. Como si tu única opción fuera “padecer” pasivamente todo. Esa actitud no te aporta absolutamente nada. Al contrario, te aparta de tu propia conciencia y de tu propio poder. No asumir el margen de responsabilidad que a cada uno le corresponde por lo que sucede es la mejor manera de prolongar eternamente las situaciones indeseables.

Imagen cortesía de ansita grizas.