Apego ambivalente y dependencia emocional: descubre cómo se relacionan

El apego ambivalente creado en la infancia se perpetúa en las relaciones adultas dando lugar a la dependencia emocional. Te contamos más al respecto.
Apego ambivalente y dependencia emocional: descubre cómo se relacionan
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 01 febrero, 2022

Si quieres comprenderte, uno de las principales retos a abordar es el de identificar cuál es tu estilo de apego. Esta tendencia que surge durante la primera infancia en la relación con los progenitores condiciona en gran manera nuestro modo de comportarnos y vincularnos en la edad adulta. Por ejemplo, el apego ambivalente y la dependencia emocional se encuentran estrechamente relacionados y es importante acudir a la raíz del conflicto para poder solucionarlo.

Se estima que más del 23 % de los adolescentes y los jóvenes adultos presentan dependencia emocional en sus relaciones. Y esto afecta severamente su bienestar psicológico. Estas personas experimentan una ansiedad y un malestar constante en sus vínculos afectivos y pueden verse muy limitadas en su día a día. No obstante, estos rasgos dependientes tienen un origen anterior que conviene analizar.

¿Qué es el apego ambivalente?

El apego es una vinculación afectiva intensa que se establece entre el bebé y su cuidador principal (generalmente la madre) durante los primeros años de vida. Este se basa en las demandas infantiles y en la capacidad del adulto a cargo para responder adecuadamente.

Cuando el cuidador o figura principal de apego es sensible a las necesidades del bebé y es consistente en sus respuestas, este crece sintiéndose seguro. Pero, cuando esto no sucede, pueden generarse varios tipos de vinculación disfuncional entre los que se encuentra el apego ambivalente.

Bebé llorando

Este término hace referencia a la relación que se establece cuando el cuidador principal es inconsistente, variable e impredecible a la hora de atender al niño. En ocasiones, responde de forma rápida y adecuada y, en otras, es indiferente o reacciona con ira a llantos y demandas infantiles. Esta dinámica hace que el bebé crezca en una constante incertidumbre, sin saber si, cuando sea necesario, podrá contar con el adulto para ayudarle.

Tengamos en cuenta que en este momento la supervivencia del niño depende enteramente de la capacidad de la figura de apego para atenderlo; por tanto, esa inconsistencia se vive como un auténtico peligro de muerte. Este niño aprenderá entonces a mantenerse siempre vigilante, inseguro y ansioso y a buscar por todos los medios la forma de asegurarse de que el adulto responderá.

La dependencia emocional en las relaciones

Por su lado, la dependencia emocional es un patrón psicológico en el que el bienestar propio depende de la presencia, el afecto y la atención de otra persona. Así, se busca construir relaciones muy estrechas y existe un ferviente deseo (más bien una urgencia) de mantener una fuerte intimidad con la pareja.

Existe un gran miedo a la soledad, una búsqueda constante de atención y una tendencia a someterse, complacer y dejar que el otro tome las decisiones. Ahora bien, ¿qué relación existe entre el apego ambivalente y la dependencia emocional?

Apego ambivalente y dependencia emocional: ¿cómo se relacionan?

Es difícil comprender por qué un adulto actuaría de esta forma. Por qué permitiría una relación desequilibrada, por qué sentiría tal ansiedad ante cualquier cambio de comportamiento de su pareja o por qué aceptaría someterse y anularse a fin de mantener a alguien a su lado. Pero esto es más sencillo de entender si observamos que es el niño emocionalmente carente quien está tomando las riendas. 

Ese niño que nunca pudo estar seguro de que dispondría de ayuda en caso de necesitarla, hoy siente la urgencia de asegurarse y reasegurarse de que el otro está disponible para él. Por ello, pide y exige constantes muestras de afecto y compromiso.

Ese infante que tuvo que aprender a captar los gestos indicativos del estado de ánimo de su cuidador, hoy tiembla ante la mínima variación en el comportamiento de su pareja. Y es que si su figura de apego estaba contenta, probablemente recibiría atención y soporte; pero si estaba triste o malhumorada, seguramente obtendría indiferencia u hostilidad.

Un niño que también comprendió que su supervivencia dependía de su capacidad de complacer al otro. Que entendió que su llanto o su ira podían molestar a su cuidador y aprendió a reprimirlos para obtener la impredecible atención. Hoy, no duda en amoldarse a los deseos y preferencias de su pareja, a costa de sus propias necesidades, para poder mantenerlo a su lado.

Mujer intentando hablar con su marido

Hacia un apego seguro

Si tuviste la fortuna de establecer una relación de apego seguro en tu infancia, probablemente hoy seas una persona con una buena autoestima, que confía en los demás y es capaz de vincularse sin temor. Y estos son precisamente los objetivos que puede buscar quien presenta apego ambivalente y dependencia emocional.

Para alcanzarlos, ha de ser capaz de identificar el origen de su disfuncional forma de relacionarse; ha de comprender cómo esas primeras experiencias infantiles siguen condicionándole en la actualidad. A partir de aquí, deberá comenzar a modificar su comportamiento, dejar de buscar en la pareja la seguridad y el soporte y hacerse cargo de sí mismo.

Para esto, puede considerarse ampliar el círculo social a fin de obtener esa intimidad emocional también con otras personas (amigos y familiares), reestructurar los pensamientos y controlar la urgencia de asegurar constantemente el amor del otro.

Se trata, sin duda, de un proceso complejo que lleva tiempo, ya que ha de desaprenderse todo lo aprendido en la infancia y que ya no sirve y sustituirlo por actitudes, pensamientos y acciones más funcionales. Por lo mismo, el acompañamiento psicológico puede ser de gran utilidad en este momento.

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  • Valle, L., & Moral, M. V. (2018). Dependencia emocional y estilo de apego adulto en las relaciones de noviazgo en jóvenes españoles. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 9.
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