Estilos de apego y la memoria emocional: cuando nos aferramos al dolor

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
17 enero, 2019
Los estilos de apego y la memoria emocional tienen una relación directa. De este modo, el haber tenido una figura de apego traumática o descuidada generará que nuestro presente esté mediado por esos recuerdos dolorosos del ayer. 

Los estilos de apego y la memoria emocional conforman una relación significativa. Así, por ejemplo se sabe que las personas con un estilo ansioso ponen su enfoque en los recuerdos más dolorosos de su pasado. Se centran en las heridas del ayer, incapaces de superar la ira o el desconsuelo que les generó una figura de apego, que no supo atender sus necesidades emocionales.

La teoría del apego de John Bowlby sigue a día de hoy vigente. Gracias a ella, comprendemos mucho mejor el comportamiento humano, los estilos de personalidad y, sobre todo, la menor o mayor calidad de nuestras relaciones interpersonales. Ahora bien, algo de lo que no se habla tan a menudo es cómo se vinculan los estilos de apego y la memoria emocional.

Pensemos en ello. Gran parte de lo que somos en la actualidad depende de nuestras experiencias del pasado. El ayer y las interacciones vividas con nuestra familia y otras personas cercanas han esculpido gran parte de la anatomía de nuestra personalidad. Lo queramos o no, somos pequeños navíos que avanzan a diario por el mar de la memoria emocional.

Disponer de un pasado orlado de buenos recuerdos nos hace más libres en nuestro viaje. Nos otorga impulso para avanzar allá donde deseemos sintiéndonos seguros. Por el contrario, el poso de unas relaciones dolorosas, frías o ausentes crea un lastre. Es imposible avanzar porque nuestra mirada siempre está puesta en ese islote del ayer donde se cierne la frustración, el sufrimiento y asuntos sin resolver.

“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”.

-J.L Borges-

medusa gigante ante dos niños simbolizando los estilos de apego y la memoria emocional

Los estilos de apego y la memoria emocional: tipos y características

Son muchas las personas que están moldeadas por la tiranía de sus propios recuerdos. El ayer nos perfila, no hay duda, pero lo que nunca debemos permitir es ser prisioneros permanentes del sufrimiento. Víctimas de un ayer donde perder el presente.

Los estilos de apego y la memoria emocional presentan un vínculo directo porque la calidad del primero determina, en gran parte, nuestro bienestar psicológico. Así, estudios como el llevado a cabo en el Departamento de Psicología y Comportamiento Social, de la Universidad de California, nos señala lo siguiente.

  • Los distintos tipos de apego pueden mediar incluso en la calidad de nuestra memoria. Así, y dependiendo de cada uno de ellos, podremos sufrir incluso lagunas y pérdida de muchos recuerdos. En otros casos, la persona vive focalizada en ciertas imágenes de su pasado.

Por tanto, veamos las características de cada estilo de apego y su relación con la memoria emocional.

El apego seguro

El apego seguro es aquel donde el niño sabe que sus progenitores le ofrecerán aquello que necesita. Confía en ellos porque sabe que son accesibles, que cuando sienta miedo será atendido. Asimismo, si hay algo que define este estilo de apego saludable es que el pequeño se siente seguro para explorar el mundo.

Algo así genera sin duda un arcón de memoria lleno de experiencias felices. Es ese sustrato que da forma a una memoria emocional nutritiva y edificante donde el niño dará paso a un adulto maduro, independiente y seguro de sí mismo capaz de crear libremente su propio presente.

ojo simbolizando los estilos de apego y la memoria emocional

El estilo ansioso

En este caso, tenemos a un niño que desde bien temprano aprende que no puede confiar en sus progenitores. Cuando necesita algo, esas figuras de apego no siempre están disponibles. A veces, muestran cierta afectuosidad, otras se muestran fríos y distantes.

Son padres y madres que oscilan entre épocas de abandono o desatención e instantes de severidad y control. Todo ello genera situaciones ambivalentes en las que el niño vive en un estado de ansiedad e inseguridad constante. Tiene poco o ningún control sobre lo que sucede, de manera que no sabe qué esperar; una incertidumbre que no sabe cómo gestionar y que solo le genera inseguridad.

Los estilos de apego y la memoria emocional nos dicen que la persona, en este caso, acaba focalizándose en determinados eventos del pasado. Por ejemplo, el adulto recordará esos instantes del pasado en los que necesitó apoyo o ayuda y no lo recibió, momentos en los que se sintió solo, asustado…

Se crea, por tanto, un «apego» hacia esos asuntos no resueltos y dolorosos, desde el que, de algún modo, se alimenta aún más la rabia y frustración. Son emociones que tienden a bloquear a la persona, de ahí que a menudo, les resulte complejo también poder liberar cada recuerdo, cada experiencia dolorosa.

puerta cerrada simbolizando los estilos de apego y la memoria emocional

El apego evitativo

En este caso, el apego evitativo aparece cuando un niño asimila, aunque no sea de manera consciente, que su necesidad de cuidados será respondida con indiferencia, cuando no con desprecio. Ello hace que por término medio, estos niños intenten convertirse en personas emocionalmente autosuficientes.

  • Así, con el fin de no experimentar de nuevo más daños, vacíos o sufrimientos, eligen dar forma a una desvinculación emocional que caracterizará gran parte de sus relaciones.
  • Estudios, como el antes citado, señalan que en estos casos es común que aparezcan lagunas, recuerdos inconexos o fragmentados. Muchos episodios de infancia son olvidados o recordados de manera imprecisa, borrosa.
  • Curiosamente, las personas caracterizadas también con un estilo de apego evitativo en sus relaciones afectivas también evidencian problemas de memoria.

El olvido probablemente facilita su desvinculación emocional con las personas que les rodean. Como hipótesis, podemos pensar que es un mecanismo de defensa que acaba generando el propio cerebro para bajar la intensidad del sufrimiento a costa de subir el umbral de sensibilidad.

Para concluir. Como vemos los estilos de apego y la memoria emocional comparten un vínculo directo. La calidad de nuestras relaciones tempranas media en la calidad de nuestra vida emocional. Así, en caso de que tras la puerta de nuestro presente se esconda un pasado de vivencias traumáticas, es necesario cruzar ese umbral para resolver y sanar ese universo.

Aprendamos a liberar la tiranía de esas emociones dolorosas que imprimen nuestra memoria.

  • Edelstein. RS (2006). Attachment and emotional memory: investigating the source and extent of avoidant memory impairments. Emotion, Vol. 6 (2), mayo de 2006, 340-345 DOI  10.1037/1528-3542.6.2.340