Las dos grandes leyes de la memoria

Edith Sánchez · 11 junio, 2018

La memoria sigue siendo un proceso psicológico misterioso y fascinante, que no deja de sorprendernos. Esa capacidad de tener a disposición de la conciencia los objetos, hechos y situaciones que ya ocurrieron es un talento maravilloso. Se ha avanzado mucho en su estudio y por eso algunos postulan que existen dos grandes leyes de la memoria.

Gracias a la memoria el ser humano logra mantener una visión integral de su existencia. La capacidad de evocar hechos ya ocurridos es lo que permite establecer una línea de continuidad en la vida. El pasado es lo que nos fija al presente y engendra las semillas del futuro. Por eso, cuando una persona pierde su memoria, también termina desintegrándose su personalidad.

La memoria es el centinela del cerebro”.

-William Shakespeare-

La memoria tiene también un papel fundamental en el aprendizaje. Este implica, entre otros procesos, una asociación de datos ya conocidos, con nueva información. Se aprende algo cuando esto queja fijado en el recuerdo. Es entonces cuando cobran importancia las dos grandes leyes de la memoria: vivacidad de la impresión y percepción de las primeras sensaciones. Veamos esto más detenidamente.

Algunos aspectos sobre la memoria

Como ya lo anotábamos, la memoria es fundamental en los procesos de asociación. Esto, a su vez, resulta crucial para la asimilación de experiencias. Vives algo y eso te deja una huella. Cuando te encuentras en una situación similar, tu memoria se activa. Relacionas la experiencia pasada y la actual. Si es algo negativo, la memoria te permitirá tomar las medidas del caso.

Tres cabezas de hombres para simbolizando las leyes de la memoria

 

La memoria tiene cuatro etapas. Son las siguientes:

  • Memoria de fijación. Es el proceso por el cual se percibe algo y se logra que quede en el recuerdo y que sea un dato disponible.
  • Memoria de conservación. Es la que permite almacenar los recuerdos y mantenerlos con el paso del tiempo. Aparentemente, todo queda fijado en la memoria, pero no todo se recuerda conscientemente.
  • Memoria de evocación. Es la que permite sacar a relucir en el presente esos recuerdos almacenados en el pasado. Esto se produce de forma automática, a veces, o de forma deliberada en otras ocasiones.
  • Memoria de reconocimiento y localización. Es el proceso que permite precisar los detalles de un recuerdo evocado y situarlos en un contexto.

Ahora bien, según ha podido establecerlo la ciencia, un recuerdo se fija, se conserva, se puede evocar, reconocer y localizar de manera más eficiente si responde a las dos leyes de la memoria ya mencionadas: vivacidad de la impresión y percepción de las primeras sensaciones.

Vivacidad de la impresión, una de las leyes de la memoria

Hay un debate respecto a si la vivacidad de la impresión pertenece a las leyes de la memoria, o a las leyes de la asociación. Sea como fuere, lo cierto es que este factor es decisivo en el recuerdo de una imagen, evento o experiencia.

Mujer corriendo feliz simbolizando las leyes de la memoria

La ley de la vivacidad señala que cuanta más impresión cause un dato, hecho o situación, al momento de ser percibido, con mayor fortaleza se fijará en el recuerdo. Por impresión se entiende esa afectación a la que es sometido un individuo cuando se expone a una determinada realidad.

Por ejemplo, una sorpresa da lugar a una experiencia muy vívida. Lo sorpresivo involucra percepción, razón y emoción en un nivel alto de intensidad. Por lo tanto, todo aquello que aprendamos, acompañándolo de fuertes impresiones, quedará grabado con mayor nitidez.

La percepción de las primeras sensaciones

La segunda de las grandes leyes de la memoria es la percepción de las primeras sensaciones. Estas son las que provienen, sobre todo, de la piel, es decir, del tacto. Después del olfato y del gusto. Todas estas son sensaciones fundamentales para la supervivencia, por eso también son las primeras en manifestarse al comienzo de la vida.

Pues bien, todo aquello que se relacione con esas primeras sensaciones tiene mayor potencialidad para fijarse en la memoria. Lo que se toca, se saborea o se huele, penetra más profundamente en la conciencia. De ahí que un aprendizaje que se base en la experiencia directa es mucho más eficaz que uno teórico.

Estas dos grandes leyes de la memoria no son las únicas, pero sí dos de las más importantes. Su relevancia se debe a que ambos procesos hacen que el recuerdo sea mucho más profundo y la experiencia esté más disponible, aún después de mucho tiempo. Por lo tanto, si lo que nos interesa es memorizar algo, nada mejor que acudir a esas dos leyes de la memoria para conseguir el objetivo.