Aprender a ser antifrágil, el arte de movernos entre la incertidumbre

08 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
La persona antifrágil avanza con seguridad en medio de las dificultades. No teme la incertidumbre porque ya ha aprendido de la adversidad y sabe cómo florecer en medio del caos. Sabe manejar el estrés y lograr ver oportunidades donde otros solo ven problemas.
 

Caos, incertidumbre, inestabilidad, imprevistos, hiperconexión, soledad, ansiedad… Nuestra sociedad podría definirse por estos y muchos otros adjetivos que han tomado protagonismo en tiempos de crisis. En medio de este escenario, hay una estrategia de supervivencia: aprender a ser antifrágil, un interesante recurso que introdujo el ensayista libanés Nassim Nicholas Taleb en el 2012.

Sobrevivir y florecer en un escenario tan cambiante y lleno de desafíos es, cuanto menos, complicado. Sin embargo, no solo hay quien lo consigue, existen personas que incluso llegan a sacar un gran partido de esos tiempos convulsos.

Es más, a la hora de definir este término, es común usar la metáfora de la hidra, esa serpiente mítica a la que era casi imposible destruir. Cuando se le cortaba una cabeza emergían de esa herida otras dos más.

Esta imagen perfila de algún modo a esas personalidades que logran reaccionar a pesar del estrés, el dolor y las dificultades.

Obviamente, no resulta nada fácil asumir este enfoque vital. Se requiere pasar antes por una etapa de mayor debilidad en la que tomar conciencia de lo que es una derrota, lo que supone una caída y tocar fondo durante un tiempo.

Solo cuando transitamos por el aprendizaje de la adversidad, logramos sanar esas fracturas psicológicas revistiéndolas de un material nuevo, uno tan fuerte como el grafeno para volvernos, según Taleb, “antifrágiles”.

Mujer con los ojos cerrados pensando en aprender a ser antifrágil
 

Aprender a ser antifrágil: ¿de qué se trata?

Fue en el 2007 cuando Nassim Taleb publicó el libro El cisne negro para hablarnos de esos hechos inesperados e impredecibles que de vez en cuando se dan en nuestro mundo. De algún modo, este financiero e investigador, matemático de la Universidad de Nueva York, nos obligó a tomar conciencia de que las personas nos hemos habituado a dar demasiadas cosas por sentadas, dejando poco espacio al factor caos, ese que de vez en cuando, altera cualquier ámbito de nuestra realidad.

Un cisne negro es, por ejemplo, una crisis económica o sanitaria y es también una pérdida personal, un fracaso inesperado, etc.

Asumir que no podemos tenerlo todo bajo control fue sin duda la primera lección que nos dio con su ya mítico libro. Ahora bien, 5 años después nos sorprendió con otro término, otra idea que venía a completar a la propuesta con anterioridad.

Para movernos por ese lago de aguas inciertas donde de vez en cuando se avista un cisne negro, lo mejor es aprender a ser antifrágil. ¿La razón? Muy sencilla: para manejar el estrés que suscita lo imprevisto, para desarrollar un enfoque templado, atento y hábil con el que sobrevivir a toda situación caótica, a toda vivencia demandante, inesperada y compleja.

Puedes ser frágil, robusto o antifrágil

Nassim Taleb nos explica en su ensayo que el ser humano puede mostrar tres tipos de comportamientos ante cualquier evento desafiante.

  • Podemos, por ejemplo, actuar siendo frágiles. De hecho, es un estado por el que todos hemos pasado más de una vez y que conocemos a la perfección. Es vivir con una angustia permanente e insufrible. El propio autor nos pone el ejemplo de Damocles y esa espada que siempre estaba sobre su cabeza amenazando con quitarle la vida. El estrés experimentando ante la sensación de que algo malo va suceder y no saber cómo reaccionar nos sume en un estado de sufrimiento perpetuo.
 
  • Es posible actuar siendo fuertes, luminosos y robustos. El ejemplo dado aquí es el del ave fénix. Alguien que renace después de haber sido destruido y lo hace siendo más fuerte… Pero no demostrando mayor inteligencia o sabiduría.
  • Por último, Nassim Taleb focaliza la importancia de aprender a antifrágil. De ser como una hidra, alguien a quien pueden cortar una cabeza, pero de esa herida, emergerán dos cabezas más. Es reaccionar con sobrado ingenio en medio del caos y hacer de esa situación de estrés o dificultad un escenario en el cual venirnos arriba, crecer, encontrando nuestro poder.
Hidra

¿Es lo mismo ser resiliente que antifrágil?

El campo de la antifragilidad parte básicamente de la esfera económica. La resiliencia, por su parte, del mundo de la física.

Aun así, estos tipos de conceptos se han proyectado de manera decisiva en el área de la psicología y, sobre todo, en el campo del crecimiento personal. Por ello, muchos se preguntan si ambas ideas no nos estarán describiendo la misma realidad. La respuesta es no.

Resiliencia define nuestra capacidad de adaptación a las situaciones adversas, aprender de ellas y salir fortalecidos. Ser antifrágil va más allá de la mera adaptación a los momentos complicados, inciertos o demandantes. Es sacar provecho de ellos. Es posicionarse con habilidad viendo en la incertidumbre una oportunidad de crecimiento y de poder.

 

Además, la antifragilidad parte de manera indiscutible de la propia fragilidad. Solo cuando hemos vivido en piel propia los efectos del caos del destino, logramos endurecer la piel, el corazón y el enfoque mental para entender que hay que reaccionar. Y no basta solo con defendernos de las dificultades. Hay que actuar con ingenio para poder florecer en esas épocas de tormenta.

Cómo aprender a ser antifrágil

Lo sabemos, ninguno de nosotros somos hidras ni nos gustaría serlo. Aprender a ser antifrágil no pasa por convertirnos en monstruos de piel dura y fríos sentimientos. De hecho, este concepto nada tiene que ver tampoco con ser agresivos. En realidad, requeriría más bien trabajar las siguientes dimensiones:

  • Aprender a manejar el estrés.
  • Entender y aceptar todas nuestras emociones.
  • Usar la ansiedad a nuestro favor y no en nuestra contra, activándola para inyectarnos motivación, capacidad de superación, de motivación hacia el logro.
  • Es ser creativo para definir múltiples respuestas a un mismo problema.
  • Es aceptar la incertidumbre, entender que la vida puede variar, que lo que hoy damos por sentado mañana puede dejar de existir.
  • Supone reducir el miedo ante los cambios.
  • Es también, conocer qué es lo que necesitamos en cada momento y dárnoslo, sabiendo ver también qué oportunidades de crecimiento hay a nuestro alrededor y aprovecharlas sin dudar.

Para concluir, aprender a ser antifrágil podría ser una estrategia de supervivencia idónea para muchos momentos de nuestra existencia. Aprendamos de estas interesantes propuestas para avanzar un poco más en nuestro proyecto vital.

 
Taleb, Nassim (2012) Antifragil, las cosas que se benefician del desorden. Paidós: Madrid