Aprender a amar en 5 claves

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 5 noviembre, 2017
Fátima Servián Franco · 5 noviembre, 2017

Hay una sola felicidad en la vida: “amar y ser amado”, dijo la novelista y dramaturga Amantine, conocida bajo el pseudónimo “George Sand”. Bajo esta dualidad nos vinculamos a los demás no solo por lo que son sino por lo que nos hacen ser cuando estamos con ellos. Ahora bien, para que el amor esté vinculado a la felicidad necesitamos amar bien, desde la más completa autenticidad. Veamos cómo aprender a amar.

La palabra amar presenta un uso extendido en nuestro idioma. Está asociada por excelencia al amor, uno de los sentimientos más importantes que experimentamos los seres humanos y que tiene que ver con el afecto profundo, el apego y el compromiso que se siente por otra persona.

Amar tiene múltiples concepciones, tantas como personas existen en el mundo. Pero mas allá de su concepción, ¿sabemos amar? Todo parece indicar que tenemos algunas dificultades y aún sin creer tenerlas, siempre es posible mejorar y seguir creciendo en temas del amor. Profundicemos en este precioso tema.

Pareja besándose bajo un paraguas

¿Sabemos amar?

Casi todos las personas piensan que saben amar. Creen que es suficiente con los sentimientos que experimentan y se olvidan de que el verdadero amor es como el mantenimiento de un jardín. Día a día hay que regarlo, eliminar las malas hierbas y cuidarlo para que las flores sigan creciendo.

Nadie está libre de las tentaciones de la vida cómoda. Sin embargo, amar es protestar contra ellas. Discutir los asuntos importantes con quien se ama, establecer límites sanos y fomentar el bienestar para aplicarlo a la vida común.

¿Es el amor un arte? Quienes comparten esta concepción saben que amar requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O tal vez, es una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno tropieza si tiene suerte? El libro El arte de amar de Erich Fromm nos habla sobre ello. A través de él podemos descubrir que el amor más que suerte -a pesar de que la mayoría piense que es así- es todo un arte.

No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia. En realidad, todos estamos sedientos de amor. Vemos innumerables películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchamos centenares de canciones triviales que hablan del amor… Sin embargo, casi nadie piensa que hay que aprender a amar.

“El amor, en su forma más pura, consiste en compartir la alegría. No pide nada a cambio, no espera nada; de modo que ¿cómo vas a sentirte herido? Cuando no esperas, no hay posibilidad de sentirse herido. Todo lo que venga, será bueno, y si no viene nada, también será bueno. Tu dicha consistía en dar, no en obtener. De ese modo, uno puede amar”.

-Osho-

Frasco con un corazón

¿Cómo aprender a amar?

Parece como si solo se considerase digno de aprender todo aquello que nos proporcionase un beneficio tangible como el dinero o el prestigio. Pero, ¿qué sucede con aquello que nos beneficia el alma? ¿aprender a amar es posible? ¿instruirse en aquello que sentimos pero no tocamos nos beneficia?

En esta tesitura nos encontramos en la sociedad actual, donde solo por el título del articulo muchas personas ni se habrán detenido a leerlo, sin tener en cuenta que el amor es la respuesta a la existencia. Cualquier teoría del amor debe comenzar con una teoría del hombre, de la existencia humana.

El amor es una actividad y como tal, es continuidad y no arranque. Aprender a amar es necesario si queremos por un lado, autorrealizarnos y cultivar relaciones sanas.

Para que el amor no se quede solo en el arranque te damos estas 5 claves sacadas del libro “El arte de amar ” de Erich Fromm para aprender a amar:

  • Ser original. Vivimos en la falsa ilusión de creernos originales en un mundo completamente homogéneo. Nos conformamos porque pensamos que las relaciones no pueden ser de otra manera. Sin embargo, tenemos el poder de crear nuestro propio tipo de relación desde la sinceridad y el autenticismo junto a nuestra pareja. De esta forma, nos liberamos de los condicionamientos y costumbres que acompañan a la “pareja perfecta” y los ideales románticos.
  • Buscar a alguien que dé todo y hacer lo mismo. Amar es dar. Una experiencia repleta de vitalidad, fortaleza y potencia que nos llena de dicha. Siempre y cuando no se sobrepasen los límites y conservemos nuestra dignidad y respeto. Si además elegimos a alguien que comparta esta perspectiva, será maravilloso porque intercambiaremos lo mejor de nosotros mismos.
  • Desear conocer al otro. Nos conocemos pero no nos conocemos, diría Fromm. Creemos conocer a los demás pero no lo hacemos, al menos no totalmente. Cada experiencia que vivimos nos influye de algún modo. El cambio es la única constante. Mantener viva la llama de conocer a nuestra pareja es el aliento de la no rutina.
  • Distinguir el tipo de amor que estamos dispuestos a dar y recibir. Hay muchos tipos de amor. Saber cuál podemos ofrecer y recibir influirá en nuestra relación. Ahora bien, no hay nada comparado al amor maduro y consciente. Ese debe ser nuestro fin. Dos seres que se convierten en uno pero que siguen siendo dos.
  • Aceptar los desafíos y conflictos de pareja. El amor no es la ausencia de conflicto, sino un desafío constante en el que crecer y trabajar juntos.

Pareja sentada sobre un corazón pensando en aprender a amar

Solo hay un remedio para el amor: amar más. Lejos de desanimarnos, cuando sufrimos un desengaño amoroso es preciso mirar al futuro con una nueva visión de la vida, en lugar de encerrarnos en nuestra guarida.

Amar es un arte, un proceso donde la creatividad, el cuidado y la autenticidad dan sus frutos, siempre y cuando estemos dispuestos a dar desde el respeto y la responsabilidad. Amar más, es el remedio para cualquier problema de la vida…

“Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender”.

-Françoise Sagan-

El amor budista

Desde el budismo el amor es el deseo y la aspiración de que todos los seres sean felices y tengan las causas de la felicidad. La referencia a todos los seres incluye desde seres queridos, neutros y hasta nuestros mayores “rivales”. Desde esta perspectiva el amor no espera nada a cambio, ni siquiera un “gracias”. Como dice Su Santidad el Dalai Lama, cuando nos damos un golpe en una mano, la otra automáticamente la acaricia para calmarla sin darnos las gracias. Así pues, debería ocurrir con el amor. Cuando alguien sufre, vamos en su ayuda.

Aquí entra otro factor, la compasión, en este caso se trata del deseo y la aspiración de que todos los seres se liberen del sufrimiento y sus causas. Estos dos aspectos son clave en el budismo para aprender a amar, ya que representan el amor más puro.

“Para todos los que están enfermos, hasta que sanen de su enfermedad, que pueda ser para ellos su médico, medicina y enfermera”.

-Shantideva-

Sin embargo, no hemos de confundir amor y compasión con darlo todo. En ocasiones, el amor más puro es dar un toque de atención a alguien que sabemos que está por el camino incorrecto. Por ejemplo, si un amigo que se refugia en el alcohol nos pide dinero para comprar más, el acto de amor más acertado sería cuidar su salud y no proporcionarle ese dinero.

Desde el budismo el amor está libre de apegos. No se espera nada a cambio. Cuánto más das, mejor, más crece el amor. Esto es, existe la creencia de que si damos amor, de alguna forma, se gasta. El budismo nos dice todo lo contrario, el amor crece a medida que se ofrece. Así que el amor no tiene un rostro concreto, sino que abarca a todos los seres.