Aprender a convivir con el estrés

Yamila Papa · 3 marzo, 2015

A menudo, buscamos información sobre como eliminar el estrés en nuestro día a día. Sin embargo, casi no conocemos nada sobre este fenómeno, que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Una buena manera de superar algo es teniendo información al respecto. Pasa lo mismo con las fobias, los miedos o las inseguridades. Hasta que no aprendamos de qué manera se manifiestan en nuestro cuerpo, no podremos eliminar los niveles excesivos de estrés que experimentamos.

El primer error que cometemos, es pensar que todo el estrés es malo. No es así. Lo que sí es negativo para nuestro cuerpo y nuestra mente, es un nivel elevado de estrés. Ya que someternos a niveles elevados de energía constantemente, puede tener consecuencias negativas.

Es bueno analizar entonces, un poco más a nuestro querido enemigo íntimo, que ha sido vapuleado y abucheado por todos, sin comprenderlo.

Pensemos en una de las definiciones para el estrés como la que nos presenta la RAE: “tensión provocada por situaciones agobiantes, las cuales originan reacciones psicosomáticas o bien trastornos psicológicos que pueden ser graves” ¿Qué os sugiere?

El estrés es una respuesta que se pone en marcha, cuando nos encontramos en situaciones amenazantes o en las que consideramos que no tenemos los recursos suficientes para hacerlas frente.

En realidad, el estrés no se debe únicamente a una situación desfavorable, sino a cómo es vivida por cada uno de nosotros. Entonces, el estrés está provocado por la interpretación que hacemos de algo que ocurre. Al considerar que una cosa es peligrosa o amenazante, el cuerpo utiliza todos sus recursos para protegerse y hacerle frente.

 

Tipos de estrés

 

Podemos dividir el estrés en dos grandes grupos:

1-Estrés de evitación o huida: Nos permite ponernos en marcha para salir corriendo o escapar de una situación que creemos peligrosa y que estamos seguros de que no podemos cambiar o solucionar.

2-Estrés de adaptación: Ocurre al movilizar los recursos que tenemos a disposición y adaptarnos a lo que exige esa nueva situación, modificando patrones de conducta y/o de pensamiento. Si somos lo suficientemente flexibles, esto no es un problema, sino una bendición.

En ambos grupos se lleva a cabo un gasto de energía, porque el sistema nervioso simpático, se activa.

Esto nos da la pauta de que el estrés no es el malo de la película en todas las ocasiones. Solemos hablar de él como un enemigo cuando nos provoca síntomas negativos, tanto físicos como mentales, pero hay que saber que el estrés también está para ayudarnos a superar malos momentos.

¿Qué puede causar el estrés?

 

Seguro que habrás tenido estrés en algún momento de tu vida, sin embargo, siempre es bueno tener en cuenta qué es lo que esta reacción conlleva. Estos son algunos de los síntomas que puede que nos estén indicando que estamos experimentando estrés:

Insomnio o trastornos del sueño.

-Aumento o pérdida de peso sin razón (sin hacer dietas ni comer de más)

-Problemas gástricos (úlceras, indigestión, acidez)

-Dolor de cabeza (sobre todo en la frente, entre los ojos y en las sienes)

-Reacciones alérgicas en la piel (sin razones aparentes)

-Irritabilidad y mal humor (cambios en el temperamento sin causa o injustificados)

-Tensión y nerviosismo.

¿Qué hacer ante un cuadro de estrés?

 

Estos consejos te ayudarán a superar un cuadro de estrés:

-No consumas alcohol, drogas o mucho café, para no sobreestimular al sistema nervioso.

-No tomes decisiones cuando estás en medio de un episodio estresante, porque te arrepentirás o no tendrán el efecto esperado.

-Deja de lado el pesimismo, piensa que todos sufrimos estrés en algún momento.

-Trata de hacer primero lo importante y después lo urgente, sea en tu trabajo o en tu casa.

-Rodéate de personas que te hagan bien y que no “echen leña al fuego” o “coloquen sal en la herida”.

-Haz deporte (aunque sea sal a caminar) para liberar las tensiones y las endorfinas producidas de más por tu cerebro.

-Tómate vacaciones. Puede parecerte un consejo un tanto fácil, pero es muy eficaz. Al menos tienes que salir 2 semanas de la rutina para considerarte “desenchufado”.

-Recuerda que la perfección no existe. Nadie es un súper héroe (o heroína) y no podemos salvar al mundo con nuestros poderes. Mejor dedicarnos a lo que podemos y sabemos hacer, para poder sentirnos orgullosos al respecto.

-Ten presente que el cuerpo y la mente tienen un umbral para soportar las presiones. Analiza si realmente vale la pena elevar los niveles de estrés por el trabajo.

Para terminar, os dejo un refrán árabe que dice: “Si el problema tiene solución, ¿de qué preocuparse?. Y si el problema no tiene solución, ¿para qué preocuparse?”.