Aquello que tú me haces sentir

Aquello que tú me haces sentir

Álvaro Cabezuelo 19 junio, 2015 en Emociones 0 compartidos
Mujer abrazando a otra para hacerla sentir en calma

En ocasiones nos podemos sentir mal con nosotros mismos. Forma parte de la vida. En ese intento de dar explicación a ese malestar, a veces podemos identificar a otra persona como aquella que provoca lo mal que nos sentimos.

Pero, ¿Te has detenido a analizar objetivamente el porqué esa persona hace que nos sintamos mal? Está claro que hay acciones (u omisiones) de los demás que nos molestan y nos hacen daño. En ese caso, comunicar la problemática con la persona implicada es la mejor forma de evitar problemas en el futuro.

En última instancia, expresar tu molestia o desagrado es lo que puede hacer que la persona involucrada pueda empatizar contigo. Ambos podéis llegar a acuerdos constructivos, tener la oportunidad para defender derechos e inquietudes personales y, lo más importante, que pueda evitar problemas futuros.

Hablando se entiende la gente

Chico entre hojas tristeUn error muy habitual a la hora de expresar nuestra molestia a otra persona es la elección del momento. Error cuando esas palabras se expresan en un instante en el que tenemos una alta activación.

Estando bajo el control de la rabia y la indignación no estamos en la mejor posición ni en el mejor momento para analizar lo que ha pasado de una manera objetiva. Y mucho menos para señalar culpables directos de lo mal que nos sentimos y de tener en cuenta todas las causas que te han llevado a sentirte y pensar así.

Recuerda que siempre tienes la opción de comunicar a la persona con la que te sientes molesto tu petición de aplazar la conversación para más tarde pero, también recuerda, que no se quede en el tintero.
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Cuando se trata de comunicar, las cosas no dichas son un problema en sí mismas: enquistan el problema, nos hacen sentir cada vez más irritados y negamos la posibilidad a la otra persona de advertir y reparar aquellos comportamientos que te hacen sentir de esa manera.

Una buena receta para superar malos tragos y establecer acuerdos es una conversación en un momento agradable, un entorno tranquilo y un abrazo de complicidad.

Cómo afrontar la conversación

¿Quiere decir esto que debemos andar quejándonos a cada instante? No hasta este punto. De hecho a la hora de hacer una crítica o pedir un cambio de comportamiento debemos recordar que hay determinadas cuestiones que pertenecen al ámbito privado de la otra persona.

Si esa persona no quiere modificar esas cuestiones y, objetivamente, no atenta contra tus derechos ni a los de otros es solo responsabilidad del que las lleva a cabo decidir cambiarlas o no.

Pero ¡ojo! , no nos podemos escudar ni aceptar al recibir una queja o petición de otra persona en el “yo soy así”. Si el cambio es viable, no atenta contra tus valores y realmente crees que puede hacer que mejore la relación y puedas crecer o aprender siempre es una buena opción para ponerte a prueba.

Como siempre, el secreto está en el punto medio y en no utilizar a los demás como espejo. Una cosa son nuestros problemas y otra distinta la influencia que los demás tienen en ellos.

Los espejos son interpretaciones que hacemos acerca de pensamientos, conductas, emociones y situaciones. Pero los reflejos pueden ser engañosos y estar empañados por nuestra historia previa, nuestro malestar propio y la visión del mundo que nos forjamos.

Mujer que ve lo que le hacen sentir en un espejo

¿Es entonces aquello que tú me haces sentir o mi interpretación de aquello que siento?

La cuestión es hablarlo para conocer la intencionalidad real (si la hubo) de la otra persona, pues podríamos estar pasando por nuestro propio filtro lo que los demás dicen o hacen (o no dicen ni hacen).

Es importante analizar con detenimiento y de forma honesta: ¿Qué pruebas objetivas hay a favor de aquello que pienso y me hace sentir de esta forma? ¿Qué pruebas en contra? ¿Qué otros problemas están empañando los reflejos?.

Recordad: no leemos mentes, por tanto, no podemos ser conscientes de todo lo que ocurre en la cabeza de los demás. Hay mucho detrás de cada historia, por ello, no nos quedemos en la superficie del cuento e intentemos no juzgar por una sola frase al escritor, narrador y personajes. Seamos lectores sin prejuicios.

Álvaro Cabezuelo

Lo mío son las personas, las palabras y las redes sociales. Soy psicólogo con identidad digital y redactor de emociones. Imagino mi vida con banda sonora.

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