Guardaré ese pequeño ratito para ti, hasta que no duela

Guardaré ese pequeño ratito para ti, hasta que no duela

Cristina Martínez de Toda 18 junio, 2015 en Emociones 0 compartidos

Perdóname. Pero no eras tú.

No eras tú mi inspiración. Mi hoy y mi mañana.

Mis ganas de reír. Mi brillo. Mi luz.

No eras tú el que sacaba lo mejor de mí desde lo más hondo de mis tinieblas. No eras tú quien me llevaba cada noche al cielo oscuro, a acariciar las estrellas.

Y es que no eras tú… o no querías ser.

Y me duermo, imaginándome ese cielo estrellado. Vuelo desde mi cama fuera de ti, de mí, de los recuerdos.

Mañana será otro día.

La cama está vacía. Demasiado grande. Demasiado espacio. Y lo más triste es que siempre ha estado así, aunque me acompañaras tú esa noche o no.

Hago un esfuerzo y me levanto por no mirar ese hueco vacío y oscuro.

Un olor a café invade la cocina. Huele bien, me reconforta.

Trato de hacer memoria. Ni siquiera tengo un recuerdo nítido. Imágenes se agolpan en mi cabeza a un ritmo frenético. Un beso en el cuello. Las prisas. Empiezo a recordar…

Que no eras tú el que me decías princesa por las mañanas, y me arrancabas una sonrisa entre todos aquellos bostezos.

Quien confiara en mí. Quien me dijera hasta siempre. Estoy contigo. Quien con una sonrisa suya me regalara dos mil amaneceres.

Tampoco era yo la que te lo pedía.

Nunca fuiste mi apuesta. Mis ganas de retarme. Mi lucha.

Quizá no era yo la que quería luchar…

Perdóname.

Añado azúcar al café. No sé por qué lo hago. Habitualmente me gusta amargo. Quizás hoy necesito una tregua. Como una especie de regalo. Que recordar gasta muchas energías. Remuevo y espero a que no queme tanto.

Y pienso y cierro los ojos. No recuerdo calor… recuerdo frío.

No eras tú quien hacía estremecerse mi cuerpo y mi cama cada noche. Sin importar las ojeras. O el sueño.

No eras tú quien en un día de lluvia me empujaba a la calle a empaparme de olores y sensaciones.

Ódiame. Insúltame. Quizá es lo más emotivo que haya salido de ti durante todo este tiempo. Algo con carga emocional volcánica. Algo que te mueva ese corazón frío. Tú que congelaste esta relación.

Y es que éramos dos, y no uno. Posiblemente ahí residiera nuestro error. No es momento de echar la vista atrás y preguntarnos quien tuvo la culpa de qué. Seguramente yo. Y perdóname, pero es que no eras tú.
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Captura

Un trago de café. Especiado. Ya no tan amargo. Paladeo y recuerdo… sabor a nada. Sabor a desilusión, a desencanto, a rutina.

A paseos acompañados por el mero hecho de no estar solos. A un hoy contigo y mañana también. A circunstancias sobrevenidas, a razones ignoradas.

Y esas son las peores. Las razones que no queremos escuchar.

Vorágine de ruido. Personas, copas. Más personas y más copas. Hasta que el cuerpo llegue a su límite y nos durmamos sin pensar. Sin pensar en ti y en mí, no en un nosotros.

Y es que las resacas acompañados son menos resacas. Quizá por eso aguantamos tanto. Quién sabe.

Ya queda poco café, tan sólo un largo sorbo, o dos más breves. Y de eso trata todo. De elecciones al fin y al cabo… y no se qué hacer con el café. Nunca lo he sabido.

A lo mejor tiro la taza al suelo y que se rompa en mil pedazos. Más tarde recogeré los trozos de cerámica rotos y el café derramado.

Porque no eras tú mi alegría, mi ilusión. Mi rincón favorito.

No eras tú mis ganas de llegar a casa y desaparecer del mundo por unas horas a tu lado.

Perdóname. Elegir nunca ha sido lo mío. Mañana me tomaré otro café. Y te guardaré ese pequeño ratito para ti. Hasta que no duela.

Tu guárdate los recuerdos, porque en mi cabeza ya no cabe nada más.

En el fondo siempre lo hemos sabido.

Que ni yo era, ni tú eras tú.

Cristina Martínez de Toda

Licenciada en Psicología. Máster en Neuropsicología y educación. Experta en Inteligencia emocional.

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