Saber elegir el momento para desistir

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 12 marzo, 2018
Edith Sánchez · 19 julio, 2014

Es cierto que en muchos momentos te llegan muchos mensajes invitándote a no desistir jamás. También te dicen que si te lo has propuesto, no debes dar tregua hasta conseguirlo. Sin embargo, esto no constituye una verdad absoluta. Entre la perseverancia y la obstinación hay una frontera muy pequeña, que debes saber distinguir.

Hay situaciones en las que desistir es la opción más inteligente. Se llega allí porque te has planteado equivocadamente un propósito; o porque el costo de un logro es tan elevado que, finalmente, te hace más daño persistir que abandonar.

La resistencia a desistir

Nadie empeña sus mejores esfuerzos en lograr algo si no es porque lo considera muy valioso o deseable. Pero a veces le otorgamos un valor desmedido a algo, de manera equívoca. Quizás no somos nosotros mismos quienes decidimos que aquello era una meta apetecible. Es posible que hayamos sido influenciados por una figura de autoridad, por una reflexión no suficientemente profunda, o por la misma cultura.

Mujer en campo de amapolas

A veces, perseverar no es una buena opción. Por eso, tenemos que saber cuando desistir y tomar otro camino.

Quizás en un comienzo tenemos la plena convicción de que nuestro propósito es completamente válido. Pero en la medida que avanzamos en el camino de lograrlo, descubrimos una sensación de vacío que no nos abandona. O tal vez nos vemos envueltos en una tormenta de emociones y de conflictos por alcanzar ese objetivo.

Puede ser que enfoquemos la situación diciéndonos que son baches en el camino y que debemos perseverar a pesar de todo. Pero algo en el interior sigue mostrándonos una incomodidad creciente, que puede transformarse en desmotivación.

Es entonces cuando corremos el riesgo de culparnos por no ser suficientemente perseverantes en conseguir nuestra meta. Pero si lo pensamos un poco mejor, tal vez podamos darnos cuenta de que ha llegado el momento de replantear la situación.

Tomar la decisión de desistir no es nada fácil. Primero, porque siempre hay una resistencia a abandonar objetivos que una vez fueron muy importantes. Segundo, porque abandonar nuestras metas nos deja en una situación de incertidumbre.

¿Cuándo desistir?

La duda sobre perseverar o desistir se presenta en todos los órdenes de la vida. Tanto en el trabajo, como en la pareja, en la familia o en las decisiones financieras siempre hay momentos en los que nos preguntamos si vale la pena continuar.

Hay tres señales a las que debemos estar atentos. Nos dicen que es el momento de preguntarnos seriamente si en verdad es mejor seguir o renunciar:

  • Cuando predomina una sensación de angustia, en lugar de satisfacción, en el camino por conseguir aquello que nos proponemos.
  • Cuando al avanzar en la consecución del logro no sentimos una felicidad genuina, sino, al contrario, una sensación de vacío o tristeza.
  • Cuando descubrimos que perseveramos de manera mecánica. Si nos preguntan, recitamos un libreto para justificar nuestro esfuerzo, pero no encontramos nuevas razones.

A lo anterior hay que añadir el hecho de que en ocasiones también aparecen situaciones objetivas que nos causan daño. Por ejemplo, cuando mantenernos en nuestras trece implica pérdida de dinero. Es el caso de quienes han soñado con hacer su propio negocio, pero se ven confrontados por las cifras rojas que aparecen en sus cuentas.

Mujer arrepentida en un acantilado

No vale la pena seguir insistiendo si tu salud está en juego. ¿La ansiedad predomina en tu vida? ¿Vives angustiado todo el tiempo? Entonces, quizás, lo mejor sea desistir a tiempo.

En otros casos, una persona puede enfermar reiterativamente o mantenerse enojada y triste. Son los inicios de una depresión e incluso de males mayores… No hay nada en el mundo más valioso que nuestra propia salud e integridad. Por eso cuando aparezcan las señales de que estamos siendo víctimas de nuestros propios objetivos, debemos prestarles atención.

Recuerda que la mayor meta, en realidad la única verdaderamente válida, es tratar de ser feliz. Y para ello, tenemos que saber cuando parar o desistir…