Crisis de identidad, cuando dudo de mí

Raquel Lemos Rodríguez · 1 agosto, 2015

En algún momento, todos hemos sufrido una crisis de identidad. Desde que somos pequeños vamos forjando esa identidad poco a poco. A veces, nos dejamos llevar por la fuerte personalidad de los demás, hasta que al final logramos descubrir la nuestra propia. Una identidad única que alimentaremos de forma positiva hasta el fin de nuestros días.

Pero, ¿qué ocurre cuando no tenemos muy claro quienes somos? A veces las dudas nos abordan, nos sentimos inseguros y empezamos a sentir que existimos sin existir. Una serie de pensamientos que nos dirigen a un vacío y a una soledad aterradora.

“Te he buscado para saber quién soy, y yo no sé quién soy”

-Hanni Ossot-

Algunas de las preguntas trascendentales que nos abordan durante un periodo en el que dudamos de nuestra propia identidad y con las que sentimos dudas y desconciertos son: ¿quién soy?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿hacia dónde me dirijo?, etc.

¿Estoy sufriendo una crisis de identidad?

Mujer triste con una crisis de identidad
A lo largo de nuestra vida, pasamos por varias crisis. Esto no quiere decir que sean negativas, todo lo contrario. Las crisis pueden ayudarnos a encontrar el camino correcto y a fortalecer nuestra personalidad. Hay ciertas edades en las que es difícil escapar de estos periodos de crisis de identidad.

La adolescencia 

Esta es una etapa realmente complicada, donde cada persona pasa a convertirse en adulto. Aquí se producen varias crisis de identidad, pues cada uno de nosotros está buscando su propio yo.

Rebelarse contra todo y todos, hablar mal, dejarse llevar por las amistades… Y todo esto tiene una explicación: buscar quién eres realmente.

Cuando llegan los 40

Es una edad en la que ya hemos vivido varias experiencias y hay un punto de inflexión. Nos hacemos mayores y en un afán de recuperar esa juventud que se queda atrás, no sumimos en una crisis en la que muchas veces no sabemos por qué actuamos como lo estamos haciendo.

Renacer tras la crisis

Plntas renaciendo en la tierra
Estas son algunas de las crisis más habituales. Representan las dos etapas críticas de la vida donde nos sentimos perdidos, vacíos, sin expectativas y desorientados.

Son dos etapas en las que esta crisis de identidad quizás sea necesaria para reafirmarnos como la persona que somos. Y en ambas hay algo que confluye: la inestabilidad emocional.

Cuando sucede durante la adolescencia es algo bastante aceptado. Además, aún somos niños y por lo tanto, actuamos como tal. Pero, ¿qué ocurre a los 40? que actuamos como si fuésemos jóvenes, con ganas de experimentar en la vida, perdidos…

 

Estos periodos de crisis no deben asustarnos, aunque verdaderamente lo hagan. En ocasiones, son muy necesarios para seguir construyendo nuestro propio yo, nuestra propia identidad.

Pueden ser periodos duros e inestables que puede durar bastante tiempo. Pero, cuando terminan renacemos con una identidad mucho más fuerte.

Un paso necesario para la construcción del yo

Como hemos dicho, las crisis son necesarias para seguir construyendo nuestra propia identidad. Es un momento de cambio que, si no estamos preparados para afrontarlo, provoca que nos rebelemos de diferentes formas. Los cambios de humor, la gran inestabilidad emocional que padecemos es lo que nos delata.

“No estamos vivos sin un sentido de identidad”

-E. H. Erikson-

Este periodo pasajero de inestabilidad y desorganización puede aparecer no solo en las etapas más conocidas y de las que ya hemos hablado, sino en muchos más momentos. Por ejemplo, ante la muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo o un divorcio.

Estas situaciones que vivimos provocan que tengamos que mirar hacia nosotros mismos y descubrir cómo afrontarlas de la mejor manera. Son momentos que muchas veces nos superan y no sabemos cómo reaccionar ante ellos. Son momentos críticos, pero necesarios. Que nos ayudarán a construir una identidad mucho más fuerte.