Soy mi propio libro: me reescribo, me subrayo, me agrego páginas…

Valeria Sabater · 4 mayo, 2017

Todos somos nuestro propio libro: tenemos la habilidad de reescribirnos, de subrayar nuestra identidad e incluso de arrancar aquellas páginas que no sirven, que duelen y que otorgan un peso innecesario a la novela de nuestra vida. Asimismo, recordemos dejar una última hoja en blanco, ahí donde siempre se abre la oportunidad de iniciar nuevos capítulos…

Decía Borges que hay quien no puede imaginar un mundo sin pájaros, hay quien no puede imaginar un mundo si agua y quienes, efectivamente, no conciben un mundo sin libros. Ahora bien, algo que sin duda nos enseñan todas y cada una de las novelas que hemos leído, y que de algún modo conforman también el sustrato de nuestra personalidad, es que todos somos historias. Existir es formar parte de un tejido mágico donde convertirnos en autores de un hilo argumental que acontece y se escribe cada día.

“La aventura de la vida es aprender, el objetivo de la vida es crecer, la naturaleza de la vida es cambiar”

-William Ward-

Sin embargo, y aquí llega uno de nuestros problemas más evidentes, es que a menudo llegamos a pensar que estamos sujetos a una sola línea narrativa, a la clásica estructura de una introducción, un nudo y un desenlace. Nadie nos ha indicado que en realidad el libro de nuestra vida no siempre tiene un orden lógico, hay capítulos que se quedan a medias, hay párrafos que debemos borrar para reescribir y hay muchas páginas que es conveniente eliminar para que la trama tenga mayor sentido.

Por otro lado, algo que deberíamos tener muy en cuenta es que el libro de nuestra vida solo tiene un sentido completo para una sola persona: nosotros mismos. Cada experiencia, cada encuentro, cada decisión tomada, cada sensación, caricia, escalofrío o cada casualidad vivida tiene un significado propio para nosotros mismos que nadie más suele entender. En nuestro propio caos está la lógica, en nuestro propio libro de capítulos desordenados y de continuos reinicios se halla la mejor novela jamás escrita: la nuestra.

Cuando no tenemos otra opción que reescribir el libro de nuestra vida

Joan Didion es una conocida escritora a la que muchos suelen llamar “la ballena blanca del ensayo norteamericano”. En la actualidad, cuenta con 82 años y es posiblemente una de las autoras que utilizó la escritura para conseguir algo tan desesperante como interesante a la vez: conseguir que sus seres queridos volvieran a la vida. En diciembre del 2003 ella y su marido volvieron del hospital tras ver a su hija enferma cuando de pronto, el esposo de Didion, el escritor John Gregory Dunne, falleció de forma repentina en en el salón de casa.

Solo unos meses después, le seguiría su hija tras no poder superar una pulmonía. Después de aquello, y durante 88 días, Joan Didion escribió sin parar y de modo frenético el que sería su libro más conocido: “El año del pensamiento mágico”. Tanto los psiquiatras y antropólogos definen el “pensamiento mágico” como esa actitud mental donde las personas llegan a creer que sus pensamientos pueden influir en el desarrollo de ciertos acontecimientos. Joan Didion esperaba que su familia estuviera de nuevo con ella, que volvieran a la vida…

Nada de eso ocurrió, sin embargo, tras la publicación de ese libro, Didion entendió que era el momento de iniciar un nuevo capítulo en su vida: la real. La escritura le había servido de catarsis, como un medio desde el cual, canalizar el duelo. Sin embargo, la vida seguía moviéndose, desafinada y a instantes frías por tantas ausencias, pero imponiéndole la obligación vital de seguir respirando, de seguir avanzando en esas nuevas páginas donde según ella, “hallar el ritmo a la existencia del mismo modo que lo encontraba en las palabras y en las frases que escribía”.

Tres modos de reescribir nuestra historia para abrazarnos al futuro

Señalábamos al inicio la importancia de tener siempre unas hojas en blanco en nuestro libro personal. Esas hojas impolutas, perfectas y vacías son nuestra oportunidad para crear un futuro lleno de nuevas oportunidades, ahí donde dar paso a otras historias, capítulos nuevos, apasionantes y más felices.

Cada día es una hoja en blanco, donde podrás escribir tu propia historia

Sin embargo, no siempre es fácil caer en la cuenta de que tenemos esa valiosa oportunidad, la de reescribirnos. Una infancia traumática, algún drama familiar, una infidelidad o una pérdida, hacen que muchas veces lleguemos a pensar que el libro de nuestra vida ha terminado con ese último y fatal capítulo.

Veamos a continuación tres estrategias sobre las que reflexionar y que pueden ayudarnos a cambiar esa visión, esa percepción tan compleja.

Chica abriendo un libro

Sanar el ayer para escribir mejores capítulos

El primer paso que daremos en este proceso interior y delicado, es el de revisar nuestros “capítulos vitales”. Debemos ser capaces de hacer una valoración real y objetiva del hilo de nuestra vida, de ese ciclo que va desde la infancia hasta el momento presente. Es importante que en esta primera etapa evitemos buscar o recordar a los responsables de cada una de las cosas que nos ha sucedido, dejemos a un lado a los culpables. Debemos centrarnos solo en nosotros, en cómo nos vemos en cada una de esas etapas.

  • Sanación. En esta segunda etapa asumiremos que cambiar el pasado es imposible, pero lo que sí podemos variar es la actitud que tenemos hacia esos momentos del ayer. Es momento de cortar con el vínculo del dolor, de asumir, aceptar, perdonar, y ante todo, sanar a nuestro “yo” presente de las heridas del pasado.

El tercer escalón en este viaje es sin duda el más especial: debemos añadir hojas en blanco al libro de nuestra vida. Algo así puede conseguirse de muy diversos modos, porque hablamos de reinicios, de la oportunidad de experimentar y de permitirnos cosas nuevas: nuevos amigos, nuevos proyectos, nuevos entornos, aficiones…

A medida que nos hacemos mayores y maduramos, nos damos cuenta de algo muy importante: de que los nuevos inicios son un modo de mantenernos unidos a la vida, y ante todo, de abrazarnos a una felicidad más real, más tangible y ante todo, acorde a nuestras necesidades. Aunemos pues la valentía suficiente para escribir el libro que queremos, el que nos identifica.

Imágenes cortesía de SIUM y Soizick Meister