Confrontando mis propios pensamientos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 5 febrero, 2016
Alicia Escaño Hidalgo · 22 noviembre, 2015

Si hay un método en psicología que ha recibido un importante respaldo empírico, con un aval de más de 2.000 estudios científicos, es el método socrático o cuestionamiento de los propios pensamientos y creencias. El método socrático es utilizado en la psicología cognitiva y su objetivo es reemplazar las ideas irrealistas por otras que se ajusten mejor a la realidad.

Sabemos que detrás de un estado emocional exagerado siempre hay un pensamiento -también exagerado y falso- que lo provoca. Los acontecimientos no determinan nuestras emociones, siempre existe la instancia intermedia de las cogniciones y ahí es donde tenemos margen de actuación y control.

“Ni tus peores enemigos pueden hacerte tanto daño como tus propios pensamientos.”

-Buda-

¿De dónde viene la confrontación de ideas?

Fue el filósofo Sócrates el que empezó a debatir con sus compañeros atenienses tras una visita al oráculo de Delfos. Es por esto que la técnica se denomina diálogo, cuestionamiento socrático o método socrático.

Sócrates, mediante preguntas lógicas, intentaba encontrar la veracidad de los argumentos de sus interlocutores y conocer si estos eran o no lógicos o razonables. Si no tenían lógica, llegaba un punto en el que el interlocutor de Sócrates se contradecía a sí mismo, teniendo que aceptar inevitablemente, otro punto de vista más lógico y racional.

Hombre en un laberinto

 

La importancia de aprender a razonar

Los seres humanos tenemos la tendencia a pensar de manera irracional, falsa, exagerada. Es cierto que ciertos pensamientos negativos muchas veces pueden ayudarnos a protegernos de ciertos peligros, buscar ayuda o afrontar algunas situaciones, pero en otras ocasiones esos pensamientos son tan exagerados respecto a la situación que no nos ayudan, más bien al contrario, nos bloquean y nos hacen ir en contra de nuestros objetivos.

Se hace necesario que las personas aprendan a razonar, a pensar con lógica, a apegarse a la realidad y no a su propia interpretación sesgada de la realidad

En terapia, se enseña el método socrático a los pacientes para que sean ellos mismos los que se autocuestionen, los que discutan con sus propios pensamientos e interpretaciones hasta llegar al punto de rechazar los pensamientos ilógicos y modificarlos por otros más sanos que provoquen emociones más saludables y sosegadas.

¿Cómo se lleva a cabo el cuestionamiento socrático?

Como hemos comentado, cuestionar nuestras propias interpretaciones de la realidad significa preguntarnos a nosotros mismos si lo que estamos pensando es lógico o no, si se corresponde con la realidad o si estamos siendo víctimas de nuestras propias creencias o filtros mentales.

Tenemos que tener en cuenta que la realidad la percibimos con nuestros cinco sentidos y son de ellos de los que tenemos que fiarnos. Por ejemplo, si mi pensamiento es “está lloviendo”, tengo que argumentarme a mí mismo que esto es verdad. Para ello tengo que hacerme una serie de preguntas.

  • ¿Qué pruebas tengo de que este pensamiento es verdad? En el caso del ejemplo que hemos puesto, las pruebas podrían ser que las calles están mojadas, que cae agua del cielo y que la gente lleva paraguas, por citar algunas evidencias.
  • ¿Qué pruebas tengo de que este pensamiento es falso? Aquí podríamos decir que ninguna, ya que hemos encontrado bastantes hechos a favor y nada dice que no esté lloviendo realmente.
  • ¿Existen otras interpretaciones alternativas? No, todo indica que realmente está lloviendo.

Con estas preguntas, comprobamos que nuestro pensamiento es realista, lógico y razonable. Pero, ¿qué ocurre con otro tipo de pensamientos negativos e irracionales del tipo “soy un inútil”, “esto no debería haberme ocurrido” o “mi vida ya nunca volverá a tener sentido”?

Razonando como un científico los pensamientos

El proceso de razonamiento es el mismo: tenemos que confrontar esas ideas con la realidad, hacernos las mismas preguntas hasta averiguar si eso es cierto o no, al igual que lo haría un científico.

Hombre con tormenta en la cabeza

Por lo tanto, los pacientes han de buscar argumentos que rebatan todas esas cogniciones y se demuestren que son falsas y exageradas. Así, con el pensamiento “mi vida ya nunca volverá a tener sentido” debemos preguntarnos:

  • ¿Qué pruebas tengo de que esto es realmente así?: He perdido algo que era sumamente importante para mí.
  • ¿Qué pruebas tengo de que este pensamiento es falso?: No puedo saber con certeza si mi vida volverá a tener sentido o no, por lo tanto, asumir que nunca lo tendrá es adelantarse a los acontecimientos. Por otro lado, el hecho de haber perdido algo importante en mi vida, no quiere decir que toda ella carezca de sentido completo, pues tengo muchas otras cosas que puedo disfrutar.
  • ¿Existen otras interpretaciones alternativas? Sí, mi vida ha sufrido un contratiempo importante, pero esto no quiere decir que ya haya perdido su sentido. Nada demuestra que una pérdida implique directamente la pérdida del sentido vital. Esto es desagradable pero no terrible.

Preguntarnos a nosotros mismos para conocernos

Existen muchísimas preguntas más destinadas a comprobar la validez empírica de ciertos pensamientos negativos. Algunas exploran los argumentos, como acabamos de ver, otras están destinadas a comprobar la utilidad del pensamiento y otras a averiguar si lo que pienso fuese al final cierto, sería tan grave o no.

Cuantas más preguntas nos hagamos, que nos demuestren que lo que pensamos no es adecuado respecto a la realidad, mejor. El objetivo es convencernos a nosotros mismos de que estamos magnificando la situación, poniéndonos ansiosos sin pruebas o diciéndonos que algo es terrible cuando es, realmente, desagradable pero soportable.

Cuando uno entrena el diálogo socrático diariamente consigo mismo, llega a ser un experto y aprende a interpretar el mundo de una forma más sana y racional, lo que genera emociones mucho más tranquilas, las cuales a su vez, nos permiten afrontar los problemas más serenamente. La clave es perseverar hasta hacerlo automático.