Arrastramos una mochila de circunstancias pendientes de vaciar

Arrastramos una mochila de circunstancias pendientes de vaciar

Sonia Viéitez Carrazoni 23 agosto, 2013 en Psicología 1503 compartidos

Un día, Buda estaba paseando tranquilamente cuando Devadatta, (primo y enemigo férreo), le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina con la intención de acabar con su vida. La roca cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. Buda se dio cuenta de lo sucedido y se mantuvo impasible, sin perder la sonrisa de los labios.

Días después, el Buda se encontró con su primo y lo saludó afectuosamente.
Muy sorprendido, Devadatta preguntó:
– ¿No estás enfadado, señor?
-No, claro que no.
Sin salir de su asombro, inquirió:
-¿Por qué?
Y el Buda dijo:
– Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando me fue arrojada.
Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo puede ser olvidado.

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Cambiar de pensamiento no resulta fácil. Curiosamente, dedicamos mucho tiempo de nuestra vida a conseguir, acumular, y conservar, pero somos absolutamente reacios a "dejar que las mismas pertenencias o sucesos se alejen o se vayan". Encontrar la calma perfecta, es fruto de haber sido capaces de cambiar muchas veces, fruto de entender y asumir que todo a nuestro alrededor es breve, fugaz, y tiene fecha de caducidad.

Rechazamos poner punto final a etapas, personas, o situaciones que pudieron causarnos dolor o que tal vez puedan seguir prolongándolo. Las personas y circunstancias que se cruzan en nuestro camino, no están predestinados a quedarse o marcharse, a querernos u odiarnos, sino a moldearnos y a enseñarnos. Cada una de las personas que aparezcan en nuestro destino, llevarán consigo una mochila de circunstancias, y de cada circunstancia habrá que aprender una lección.
Que el contenido sea correctamente interpretado por nosotros, determinará sin duda que tengamos una existencia placentera o turbia.

Cada momento es útil y todos los momentos que se acumulan en una vida conformarán un libro con armonía si cambiamos nuestras emociones en función de lo que sentimos, y no en función de lo que sabemos o percibimos.

Sonia Viéitez Carrazoni

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