Autolesiones: cuando me lastimo y destruyo

Yamila Papa · 2 agosto, 2016

Se trata de una práctica en la que la persona se daña, de forma que esta trasforma su dolor emocional en un dolor físico que es más fácil de enfrentar. Las autolesiones son una forma que utilizan algunas personas para darle un sentido al sufrimiento y conseguir localizar este sufrimiento en el mundo físico.

Las consecuencias del daño auto-inflingido no se reducen a las secuelas físicas, también hay consecuencias emocionales, menos visibles, pero normalmente más profundas y permanentes en el tiempo. Consecuencias que precisamente hacen que la persona reincida en las conductas autolesivas, empezando normalmente por cortes o heridas superficiales y aumentando la intensidad, la frecuencia y la profundidad.

¿Qué son las autolesiones?

Como su nombre lo indica se trata de una conducta que implica causarse daño a uno mismo a través de diferentes mecanismos. Entre las autolesiones más habituales encontramos cortes, quemaduras, golpes, arañazos, arrancarse el cabello o incluso consumir drogas o sustancias nocivas para la salud.

Si bien pueden aparecer en cualquier momento de la vida es más probable que sucedan durante la adolescencia, esa etapa tan fuertemente ligada a las emociones y los cambios hormonales. Una autolesión es un síntoma de un problema, nunca son un trastorno en sí.

Manos de una mujer haciéndose daño

Los datos son alarmantes ya que por ejemplo indican que una buena parte de las consultas en los hospitales se deben a autolesiones y que aquellos que la han practicado alguna vez tienen más probabilidad de reincidir.

Factores que desencadenan las autolesiones

Por el simple hecho de cumplir con alguna (o varias) de estas condiciones no es suficiente para autolesionarse, sin embargo elevan el riesgo de infringirse dolor o heridas: ser mujer de entre 15 y 25 años, haber crecido en el seno de una familia en la que hay problemas de adicción a las drogas o el alcohol, estar embarazada sin desearlo, ser abusado sexual o psicológicamente, atravesar por el divorcio de los padres, sentirse ansioso, solo o deprimido y tener problemas económicos.

En los últimos tiempos ha habido un aumento en los casos de adolescentes que se autolesionan y publican vídeos en las redes sociales cortándose las venas, quemándose los brazos o arrancándose la piel. Sin dudas una “moda” peligrosa que esconde un problema mucho más grave de lo que la propia conducta de por sí supone.

Los psicólogos afirman que las imágenes o vídeos de jóvenes autolesionándose representan un gran peligro para aquellos con una personalidad “frágil”, ya que no dejan de ser un acto de propaganda muy potente. Incluso en la red hay disponibles guías para comenzar a tener comportamientos auto-destructivos, atendiendo la demanda de personas que sienten la tentación de auto-lesionarse.

Por citar algunos ejemplos de personas relativamente conocidas que se han auto-lesionado, la actriz Demi Lovato se lastimaba sus muñecas debido a trastornos emocionales; la actriz Drew Barrymore descargaba su furia en sus brazos porque creía que eran muy gordos; la cantante Courtney Love afirmó que se cortó la piel varias veces y la fallecida princesa Lady Di reconoció actos de autoagresión en etapas de depresión severa.

Las autolesiones, ¿son una forma de llamar la atención?

A diferencia de los intentos de suicidio (que buscan acabar con la vida y el sufrimiento), las autolesiones provocan dolor y son una distracción o una “vía de escape” a los problemas. En muchos casos también puede tratarse de un castigo por algo malo que supuestamente haya hecho la persona. Entre los principales motivos encontramos:

  • Llamar la atención: la autolesión puede ser una manera de recabar atención a través de los daños, en este caso no se busca el dolor sino el hecho de que las marcas sean visibles para realmente despierten empatía.
  • Amenazar: la auto-lesión también puede parecer en forma de amenaza. La persona que se autolesiona o amenaza con hacerlo quiere que su comportamiento sirva para doblegar la voluntad de otros, en una forma de chantaje emocional realmente perniciosa.
  • Castigarse: la autolesión suele estar presente si hay baja autoestima, culpa, sentirse responsable por una situación puntual, odiarse o rechazarse a uno mismo, etc.

Hombre con depresión con las muñecas vendadas

  • Escapar a los problemas emocionales: el dolor se convierte en una forma de desviar la atención de un dolor interno mucho más fuerte, invasivo y persistente. El dolor físico sirve para interrumpir un ciclo de pensamientos negativos, de manera que nuestro cerebro tenga que centrarse en el daño físico.
  • Creer que se tiene el control: muchas de las heridas que nos causan escapan a nuestro control y nos trasladan una gran sensación de vulnerabilidad. Así, las autolesiones pueden funcionar como una forma de controlar este daño o parte de él.
  • Sentirse vacío: la falta de atención de la familia, el abandono de los padres, el divorcio, una decepción amorosa o la carencia de afecto en la infancia pueden dar lugar a un sentimiento de vacío que nos produzca la necesidad de sentir algo definido, aunque sea dolor.

Como hemos dicho anteriormente, las auto-lesiones no son una enfermedad mental, en todo caso son un síntoma de que hay algo que ocurre por detrás. Así, si atacamos el síntoma de forma aislada podemos reforzar su aparición e, incluso en el caso de que logremos que desaparezca, siempre quedará latente la causa que ha producido el síntoma.

De esta manera, lo mejor antes de practicar cualquier intervención es conseguir que la persona acuda a un especialista que sitúe a la conducta autodestructiva en su contexto mental, facilitando así la intervención y el ataque directo sobre la causa.