¡Basta ya! No quiero seguir las normas sociales

15 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Laura Rodríguez
Las normas sociales rigen nuestra conducta; determinan el comportamiento que se considera adecuado para cada etapa de nuestra vida, lo que se espera de nosotros en cada ciclo vital. Pero ¿qué ocurre cuando las normas sociales van en contra de lo que queremos o pensamos como cierto?

Las normas sociales constituyen el conjunto de reglas que se deben seguir en cada comunidad para una mejor convivencia de los individuos. Se basan en las creencias y costumbres de cada colectivo, por lo que es posible que varíen de una comunidad a otra. En ellas, priman el respeto y la armonía como factores primordiales para una buena convivencia.

Esto es, todos conocemos cómo debemos comportarnos en situaciones sociales para adaptarnos al grupo. Sabemos que determinadas conductas no están bien vistas por los otros y las evitamos.

Por ejemplo, si alguien nos cuenta un secreto, para mantener la armonía en el grupo de amigos, es importante guardarse ese secreto para nosotros. Del mismo modo que es importante para una buena convivencia expresarnos de una forma asertiva cuando algo no nos agrada.

Al igual que definen qué comportamiento es adecuado para cada comunidad, las normas sociales orientan o influyen en nuestra conducta; determinan el comportamiento que se considera adecuado para cada etapa de nuestra vida, lo que se espera de nosotros en cada ciclo vital. Por ejemplo, a medida que vamos cumpliendo años, las normas sociales nos empujan a tomar decisiones, que los demás esperan que tomemos: profesión, pareja, dónde queremos vivir, si vas tener hijos y cuántos…

Pensemos, ¿qué ocurre cuando lo que quiero va en contra de las normas sociales?, ¿qué me frena a tomar mis propias decisiones aunque sean diferentes al resto?, ¿todas las normas sociales deben ser aceptadas y llevadas a cabo o existe un margen de decisión propia que debe ser respetado? Hablamos sobre ello a continuación.

Grupo de personas en una manifestación para representar la regla del 3,5 %

Miedo al rechazo

El temor a ser rechazados puede frenarnos a tomar nuestras propias decisiones, ya que el incumplimiento de las normas sociales podría conllevar el rechazo por parte de un grupo. Es importante tener en cuenta que el rechazo debido a un incumplimiento puede ser adaptativo y necesario; si una persona se comporta de una forma desagradable o no respeta las costumbres del grupo en muchas ocasiones, por no decir en todas, el rechazo es inevitable.

Un rechazo que, cuando se produce de forma sistemática y por no tomar el mismo camino que los demás, genera una sensación de malestar en el rechazado. Incluso sin producirse, suele haber cierto temor a ser rechazado, aunque no haya precedentes y sea más un miedo que un hecho.

Si decides no hacer algo por miedo al rechazo, te estás rechazando a ti mismo.

Temor a ser diferente

El miedo a desmarcarse, a tener aspiraciones y gustos distintos también nos puede frenar a la hora de elegir una opción u otra. Es común que sigamos a la mayoría, ya que por norma da una sensación de seguridad (aquello de: todos no se van a equivocar y, en caso de que sí, tocará repartir un porcentaje muy bajo de las consecuencias, al ser muchos).

En este sentido, existen una variedad de investigaciones que muestran la influencia del grupo. El experimento de Asch trata de mostrar cómo seres humanos podemos manifestar un acuerdo con la mayoría, por no diferir de la postura de consenso, aunque en el fondo no estemos de acuerdo.

Por lo que, según el experimento, el grupo podría tener gran influencia sobre nosotros, nos dejamos llevar por él aunque haya una voz interior que nos diga que no es lo queremos/pensamos. La gran influencia que genera el grupo provoca cierto temor a mostrarnos tal cuál somos, pues lo diferente no es lo que estamos habituados a conocer como «normal».

Chico con fatiga

¡Basta ya! No quiero seguir las normas sociales

Quizás llegue un punto de inflexión en nuestras vidas que nos replanteemos qué queremos, quiénes somos y qué nos identifica. Puede que en este momento percibamos que hemos pasado demasiado tiempo haciendo lo que se esperaba de nosotros y no dedicándonos a aquello que anhelamos. Es ahí cuando decidimos que igual que existen normas a cumplir que son necesarias, también podemos desmarcarnos y ser diferentes.

En definitiva, romper las reglas nos hace salir de esa zona de confort. Una postura que deseamos adoptar, pero que no postulamos por el miedo al qué dirán o al qué pensarán de mí.

En cualquier caso, la influencia de la mayoría forma parte de nuestra naturaleza como animales sociales. Dicho de otra manera, quizás al llegar a este punto seas consciente de que te has plegado a un consenso en muchas ocasiones…

El anuncio es que te seguirá pasando. Con frecuencia, la información y el conocimiento no son puntos de apoyo suficientes para escapar de este fenómeno -en muchos casos funciona en un plano inconsciente-, pero sí lo son para evitarlo en otros y explicar nuestro comportamiento a posteriori. De esta manera, estaremos en posición de hacer juicios más justos de nuestras decisiones.