Brecha de empatía frío-caliente, un curioso sesgo emocional

29 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
A veces, hasta las personas más inteligentes hacen juicios totalmente erróneos o toman decisiones poco lógicas. Estas situaciones suelen estar mediadas por emociones subyacentes que conforman un sesgo de la empatía muy curioso. Lo analizamos.
 

Las personas tendemos a subestimar cómo nos impactan nuestros estados emocionales y cómo estos llegan a filtrar la percepción que tenemos de las cosas. Un ejemplo de dicho fenómeno lo encontramos en la llamada «brecha de empatía frío-caliente». Este sesgo nos demuestra por qué, a veces, llegamos a interpretar ciertos hechos de manera completamente errónea al no tener en cuenta muchos de estos estados internos.

Posiblemente, una de las cosas que más solemos obviar de nosotros mismos es cómo nos siguen determinando los impulsos más primarios y viscerales. Esto es común porque si hay algo que necesitamos es percibirnos como seres equilibrados y racionales, figuras de lúcida exquisitez comportamental capaces de dominar cada reacción en casi cualquier situación y circunstancia.

Sin embargo, solo como ejemplo, cuando tenemos hambre aflora el mal humor y, casi sin darnos cuenta, acabamos teniendo una discusión con alguien. Somos también esas personas que llegan a juzgar a los demás partiendo del propio estado de ánimo. Si yo estoy feliz y enamorado, seguramente vea mi realidad desde una perspectiva más optimista. Si me siento preocupado, es posible que vea en los demás defectos o matices de los que desconfiar.

El ser humano es una criatura hecha de carne, huesos y un fabuloso cerebro en el que se hallan incrustados múltiples sesgos cognitivos. Y muchos de ellos vienen mediados por ese desconocido mundo emocional. Conozcamos más datos sobre este interesante tema.

 
Hombre con nube representando el efecto de la brecha de empatía frío-caliente

Brecha de empatía frío-caliente, ¿en qué consiste?

La brecha de empatía frío-caliente fue acuñada por el psicólogo y profesor de la Universidad Carnegie Mellon, George Loewenstein. Este término hace referencia a un comportamiento que vemos con frecuencia y que, como es de esperar, nosotros mismos experimentamos en más de una ocasión.

Algo que busca hacernos entender dicho concepto es que todos nosotros tendemos a subestimar cómo nos determinan las emociones y, sobre todo, los impulsos viscerales. Ahora bien, es posible que este último concepto no lo tengamos claro y sea necesario profundizar en él. Cuando hablamos de un «impulso visceral» nos estamos refiriendo a esas experiencias en las que nuestras emociones son más intensas, vehementes e impulsivas.

La rabia, el deseo, la pasión, el enfado, el odio, el miedo… Todas esas realidades psicofísicas están ahí, en nuestro cuerpo, en nuestra mente, guiando comportamientos y motivándolos de muchas maneras. Pero, efectivamente, no siempre conectamos con ellas ni las comprendemos y aún menos sabemos controlarlas.

Así, lo que ocurre por término medio es que desarrollamos un sesgo cognitivo, es decir, nos decimos a nosotros mismos que todo está bajo control, que cada cosa que hacemos, decimos o pensamos está mediada por una mente en calma y bien regulada. Cuando, en realidad, no siempre es así. No en todos los casos. 

 

Comprender cómo se manifiesta la brecha de empatía frío-caliente nos puede ayudar a conocernos un poco mejor.

Ejemplos de nuestras brechas de empatía

George Loewenstein definió a este sesgo de la empatía como brecha «frío-calor» por algo muy concreto. Cuando estamos en un estado emocional relajado (frío) nos cuesta mucho imaginar cómo podemos llegar a actuar en situaciones más intensas (calientes). Lo mismo sucede a la inversa. Para entenderlo mejor pondremos unos ejemplos.

  • Cuando estamos estresados o atravesando épocas de ansiedad sobreestimamos nuestros comportamientos. Pensamos que respondemos ante el ambiente de manera (fría) centrada, cuando no siempre es así.
  • Asimismo, cuando admiramos a alguien, cuando lo amamos (a nuestra pareja, hijos, padres, etc.) aplicamos también un sesgo cognitivo basado en la brecha de empatía frío-calor. Los idealizamos, interpretamos cada cosa que dicen y hacen desde un filtro positivo. Lo cual hace que, en ocasiones, no veamos sus defectos o sus conductas reprobables.
  • Este dato también es llamativo: el simple hecho de tener hambre o estar cansado hace que reaccionemos peor hacia ciertas situaciones porque nuestro ánimo cambia. Sin embargo, hay quien no lo percibe en sí mismo.
Niño enfadado
 

Brechas de empatía frío-calor: tipologías

Sabemos que en nuestro día a día podemos experimentar muchos tipos de sesgos cognitivos asociados a esas brechas de empatía. Sin embargo, no solo es importante detectarlas, saber clasificarlas nos permitirá manejarlas un poco mejor. Así, por término medio, podemos ordenarlas en base a cuatro criterios:

  • Sesgo intrapersonal. Este fenómeno cognitivo hace referencia a esas situaciones en que no vemos cómo nuestros impulsos emocionales median en el propio comportamiento. Cuando estoy preocupado soy menos amable con las personas.
  • Sesgo interpersonal. Por contra, a menudo, tampoco somos capaces de ver este fenómeno en los demás. Por ejemplo, últimamente mi hijo está cada vez más desobediente y pienso que es un problema de conducta; cuando lo que sucede en realidad es que se siente estresado por un problema en el colegio.
  • El sesgo retrospectivo. En este caso, la brecha de empatía retrospectiva define estas situaciones en que hacemos una interpretación errónea sobre nuestros comportamientos en el pasado. Si fallé en ese examen es porque no había estudiado lo suficiente (cuando en realidad fue la ansiedad la que no me dejó rendir como debía).
 
  •  Sesgo prospectivo. Por el contrario, la brecha de empatía prospectiva se da cuando nos visualizamos a nosotros mismos en comportamientos futuros sin tener en cuenta cómo nos puede afectar nuestro estado emocional en esas situaciones. Mañana empiezo trabajo nuevo y seguro que les dejo a todos impresionados (pero no tengo en cuenta que tal vez me sienta nervioso o asustado).

¿Cómo reducir este tipo de sesgo cognitivo?

La brecha de empatía frío-caliente es el resultado de una ineficiente gestión de la inteligencia emocional. No solo debemos tomar mayor conciencia de cómo nos encontramos, de qué ocurre en nuestro cuerpo y nuestra mente en cada momento.

Además, debemos ser capaces de entender el comportamiento ajeno, siendo capaces de atisbar emociones ocultas, miedos soterrados o inquietudes disimuladas. Ese y no otro debería ser el idioma que todos deberíamos dominar y controlar: el de las emociones, sentimientos e instintos viscerales.

 
  • Loewenstein, George (2005). "Brechas de empatía frío-calor y toma de decisiones médicas" (PDF) . Psicología de la salud . 24(4, Supl.): S49 – S56.
  • Cortada de Kohan, N. & Macbeth, G.(2006). Los sesgos cognitivos en la toma de decisiones. Universidad Católica Argentina. Facultad de Psicología y Educación. Departamento de Psicología, 2(3).