Protegiendo la autoestima con sesgos cognitivos

5 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Los sesgos cognitivos no son perjudiciales en sí mismos. Algunos, como expone el psicólogo A. Greenwald, de la Universidad de Washington, son útiles para proteger el autonconcepto y conseguir una autoestima consistente. En este artículo explicamos cuál es el papel del egocentrismo o de la benevolencia cognitiva, y su impacto en la conservación de la autoeficacia y el bienestar personal.

El hombre es considerado el animal lógico. De hecho, las personas somos capaces de formalizar al extremo el pensamiento y dotarlo de razón y de lógica para la resolución de problemas. Podemos conseguir ser muy asépticos, imparciales y elegir aquella opción que el pensamiento lógico defiende. Parece mentira que, a la vez, nuestra forma de actuar se vea muchas veces condicionada o influida por los sesgos cognitivos.

En vez de tratar la información de forma desapasionada, nos solemos dejar llevar por el deseo de que esa información esté al servicio del yo, de nuestro yo. Así, aunque tenemos unas capacidades racionales inmensas, su uso en la realidad se ve limitado cuando la información está relacionada con nosotros, con nuestra cotidianeidad y con momentos decisivos de nuestra vida. En esas ocasiones solemos ser víctimas de nuestros sesgos cognitivos.

Sesgos cognitivos: el hombre como economizador de recursos

El hombre es considerado a veces un avaro o indigente cognitivo porque utiliza atajos o heurísticos. Además, ciertas limitaciones como la pereza cognitiva, afianzan el paradigma de avaro cognitivo.

El ser humano busca sobrevivir, y desarrolla sus técnicas a costa de la exactitud racional. Por ello, que seamos víctimas de los sesgos cognitivos no es casualidad. Los sesgos cognitivos están al servicio de la persona, y más concretamente, según A. Greenwald (1995), al servicio de su autoestima.

Greenwald estudió como ciertos sesgos cognitivos tenían como objetivo mantener una imagen buena de sí mismo, una autoestima consistente y estados emocionales beneficiosos para la persona. Instrumentaliza los sesgos de tal manera que, en pos de un autoconcepto positivo, se rechazan ciertas reglas del pensamiento lógico.

Greenwald habló de tres tipos de sesgo: egocentrismo, benevolencia y conservadurismo cognitivo. A continuación, te explicamos su funcionamiento y su impacto en el bienestar psicológico personal.

Mujer con pensamientos negativos

Egocentrismo: somos los protagonistas

Greenwald encontró que las personas, a pesar de su funcionamiento cognitivo lógico, tienen cierta tendencia a considerar que su papel en los acontecimientos es mayor. Solemos vernos protagonistas de historias pasadas donde quizás nuestra participación no fue tan relevante. Además, recordamos con mucha más nitidez aquello que nos afecta directamente.

De igual manera, se observa la egocentrismo en lo que en psicología se llama sesgo de autoimagen. Los seres humanos solemos prestar especial atención en otras personas a aquellos rasgos que compartimos con ellas.

El efecto del falso consenso

Otro sesgo que suele aparecer en el ser humano, y que protege su forma de pensar y su autoestima es el efecto del falso consenso. Las personas suelen sobreestimar el porcentaje de quienes están de acuerdo con su forma de pensar o de actuar.

Siguiendo esta línea, cuando se opina acerca de algo, la mayor parte de las personas tienden a sobrestimar el número de personas que piensan como ellos. Este es un sesgo cognitivo que, por un lado, conserva la autoestima de la persona, pero por otro puede inducirle a error.

El bienestar psicológico, según Greenwald pasa por el egocentrismo, donde se desoye la voz de la razón: seguramente no todos piensen como nosotros, seguramente nuestro papel en esa historia no fue tan importante, y existen otros rasgos relevantes que nosotros no evaluaremos porque no los tenemos.

Benevolencia: somos perfectos

De igual manera, la benevolencia para con nosotros mismos constituye un sesgo cognitivo que nos ayuda a mantener el autoconcepto. El ser humano suele considerarse eficiente y competente, mientras que los errores se atribuyen a causas externas.

Los aciertos son nuestros, pero los desaciertos de otros. La benevolencia se relaciona con sesgos que muchas veces han sido denominados egotistas, autodefensivos, al servicio del yo…

El sesgo de benevolencia se observa cuando las personas aceptan mejor los éxitos de los fracasos. El fracaso es entendido como un ataque a la inteligencia y capacidad del individuo y tiene un impacto en su autoeficacia. A su vez, las personas solemos identificarnos con los vencedores, mientras que nos desmarcamos y alejamos de aquellos que han perdido.

Un claro ejemplo del sesgo de benevolencia se encuentra en el mito de Pigmalión, donde el autor se enamora de su obra por ser perfecta.

La conducta narcisista podría considerarse una manifestación extrema y disfuncional del sesgo de benevolencia, pues lo que hace uno está bien y se considera mejor de lo que el resto hace.

Conservadurismo cognitivo: somos inteligentes

El conservadurismo cognitivo se refiere a que solemos mantener nuestras ideas a pesar de que hay información que las contradice. El conservadurismo científico se expresa a través de dos grandes sesgos: el sesgo de confirmación y la reescritura de la memoria.

A través del sesgo de confirmación, las personas suelen buscar información que pueda confirmar sus hipótesis iniciales, pero no falsearlas. Por ello, solemos recordar aquella información que confirma nuestras creencias, además de generar selectivamente argumentos que encajen en nuestra forma de pensar, a pesar de tener datos de lo contrario.

Esto no tiene por qué hacerse de forma consciente, y observamos de forma natural aquello que va a cuidar nuestro auconcepto: aquello que nos diga que estábamos en lo cierto.

La reescritura de la memoria es un sesgo que permite que el cambio tenga lugar mientras se mantiene la creencia de que el cambio no se produce. En la reescritura de la memoria, se da validez a recuerdos imprecisos, y existe una tendencia a creer que las nuevas opiniones no son nuevas, sino que simplemente han estado presentes en la persona todo este tiempo. El ser humano teme aquello desconocido, y los cambios forman parte de ese temor.

Mujer teniendo pensamientos tóxicos

Conclusiones: ¿son perjudiciales los sesgos cognitivos?

Los sesgos cognitivos no son negativos en sí mismos. El objetivo de estos tiene sentido, pues a través de ellos somos capaces de conservar una autoestima consistente.

El problema puede aparecer cuando estos sesgos son llevados al extremo. Allí donde jamás tenemos nada que ver con ningún error cometido, donde jamás aceptamos una crítica a nuestras ideas o en el que somos incapaces de ver lo bueno en el otro sin que haya algo de ese bueno previamente en nosotros.

Cuando esto ocurre, el comportamiento deja de ser funcional, y esos sesgos, antes al servicio de nuestro bienestar, se convierten en una de las causas por las cuales no sabemos actuar o responder a las demandas del medio de forma correcta.

Aunque los sesgos cognitivos suelen ser puestos en práctica de forma inconsciente, conocerlos es útil para plantear, después de las situaciones, si los juicios elaborados son correctos o si estos han sido, de alguna manera, contaminados.

 

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  • Baumeister, R. F., y Cairns, K. J. (1992). Repression and self-presentation: When audiences interfere with self-deceptive strategies. Journal of Personality and Social Psychology, 62, 851-862.