Bullying: cuando tu hijo es el agresor

Lorena Vara González · 10 julio, 2016

El acoso escolar o bullying es un fenómeno cada vez más extendido en nuestra sociedad. Se trata del acoso físico y/o psicológico al que son sometidos niños y adolescentes por parte de sus compañeros, sobre todo en el entorno escolar. Este tipo de acoso se convierte en un drama para las víctimas que lo sufren, llevándolas al suicidio en muchos casos.

Generalmente cuando hablamos de este fenómeno nos solemos centrar en las víctimas y en sus características, intentando explicar el porqué son maltratadas de esta forma por sus propios compañeros. Así caemos en el fenómeno conocido como la “revictimización”, que consiste en hacer que la víctima nos cuente una y otra vez los hechos sucedidos, sin protegerla del daño que produce revivir tal situación, y especialmente, remarcándole lo que hizo mal o debe de cambiar para que no vuelva a ser víctima de bullying.

De una manera u otra, lo cierto es que los padres como todo el resto de tentáculos del sistema educativo pueden intervenir para que estas situaciones de bullying no se vuelvan a repetir. Por ello, este artículo se centrará en los tipos de agresores y en las posibles intervenciones que se podrían realizar, tanto en el entorno escolar como el familiar desde el punto de vista psicológico.

Tipos de agresores en el bullying

El bullying es un fenómeno más complejo de lo que solemos pensar. Conocer los diferentes perfiles de agresores y no solo incidir en las víctimas, nos puede ayudar a reconocer antes los posibles casos de acoso e incluso intervenir sobre los factores de riesgo en forma de prevención.

Se pueden recoger dos tipos generales de agresores, directos e indirectos, con características muy diferenciadas. Y las víctimas, marcadas por sobresalir en alguna característica:

  • El agresor o acosador principal: el agresor principal suele ser un niño o un adolescente con baja autoestima, problemas de autocontrol y ausencia de empatía. Su rendimiento académico además suele ser bajo, haciendo que en ocasiones sean los mayores de la clase por haber repetido algún curso. Esto también hace que sean físicamente más fuertes que sus compañeros, asumiendo así el rol de líder ante los que buscan integración en un grupo.
  • Los observadores, instigadores o agresores secundarios: son un grupo más heterogéneo que el anterior. En general se trata de un grupo de compañeros que apoyan o vitorean los abusos del agresor principal o que guardan silencio ante los abusos que otros cometen.

Niños riéndose de una niña

  • La víctima: se convierte en víctima por ser diferente o destacar en algún rasgo. Suelen serlo niños o adolescentes con algún tipo de discapacidad física o psíquica, con trastornos del aprendizaje o que pertenecen a un grupo étnico, religioso, cultural o de orientación sexual minoritario.

¿Por qué los agresores en el bullying se comportan así?

El agresor principal en el bullying, debido a su baja autoestima, suele escoger a otro para que sea la víctima ante el miedo de serlo él mismo. Sus habilidades comunicativas son muy bajas y aunque suele parecer el lanzado, fanfarrón y líder de la clase, lo cierto es que es el más débil del grupo.

Además, suele tener una gran irritabilidad que sumada a los problemas de autocontrol y las bajas habilidades comunicativas, hacen que su manera favorita de expresarse sea la de la violencia. Esta violencia es su respuesta a las frustraciones de la vida diaria que paga con los demás. Por último, su ausencia de empatía y su superioridad física, sobre todo si ha repetido curso, hacen que esta violencia tenga repercusiones más importantes que las que ellos mismos vaticinan.

Los observadores o agresores secundarios suelen vitorear al agresor principal o líder como forma de pertenencia a un grupo ya que temen que si no lo hacen puede que no se integren con el resto de compañeros de la clase, o lo que es peor, se conviertan ellos mismos en las víctimas del bullying.

Intervención en el entorno educativo

La intervención en el entorno educativo se debe de enfocar desde una perspectiva social, tanto en la función de la prevención como en la intervención cuando el bullying ya se encuentra en el aula. En cuanto a la prevención, la instauración de programas educativos sobre el conocimiento del bullying y el daño que recibe la víctima, aunque el acoso sea percibido por los agresores como una simple broma.

Cuando se cree que solo es una broma se pone de manifiesto la falta de habilidades para evaluar las consecuencias a medio y largo plazo del acoso constante. En este caso, la educación emocional en el aula, mediante la que se faciliten estrategias del control de la ira y el reconocimiento de las emociones, ayudaría a un entorno escolar sano.

Por último, el desterrar la imagen del chivato si se habla del posible acoso a un compañero es un cambio muy importante a trabajar por los profesores y tutores en las aulas. Cuando alguien sufre no se es un chivato sino una buena persona, un amigo que ayuda al otro. Se trata de una redefinición positiva de la conducta de ayuda.

Niño con un mensaje de stop bullying en sus manos

¿Qué puedo hacer yo cómo padre de un agresor?

La intervención desde el hogar debe de ser enfocada desde un prisma personal y familiar. Lo primero que hay que tener claro es no culpabilizar a la familia, porque nadie tiene la culpa del comportamiento de su hijo de forma directa, aunque puede que ciertos patrones educacionales colaboren con la situación.

Los hogares desestructurados y con un clima de censura ante la expresión emocional son un caldo de cultivo para todas las manifestaciones de violencia, incluida la escolar. La educación en valores y en expresividad emocional suele ayudar al autocontrol de las conductas y al aprendizaje de habilidades sociales que los agresores tanto necesitan.

Por último, una buena comunicación paterno-filial, que deje de estar cargada de reproches y en la que se valoren los buenos comportamientos y los castigos dejen de ser los protagonistas de la relación familiar sobretodo si son castigos violentos, ayuda a fomentar un clima de entendimiento saludable y libre de violencia.