Carta al último adiós

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 25 abril, 2016
Alicia Escaño Hidalgo · 25 abril, 2016

Dar el último adiós o cerrar una etapa que ha sido importante es siempre algo duro. Más si cabe actualmente que vivimos en una sociedad en la que negamos la muerte, la esquivamos, la evitamos e intentamos no toparnos con ella de todas las maneras posibles. Pero la realidad al final nos da en la cara e inevitablemente nos encontramos con ella en algún punto de nuestra vida. Negar la muerte no es una buena estrategia porque supone hacernos una idea equivocada de nuestra existencia.

Nos creemos que somos inmortales y que las enfermedades, los accidentes y todas esas cosas les ocurren a los demás pero no a nosotros y evidentemente no es así. Todos acabaremos envejeciendo, enfermando de alguna manera y muriendo al fin y al cabo y esto es lo normal, lo natural, lo beneficioso para el correcto funcionamiento del Universo y lo que tiene que ser sin discusión alguna.

Antaño teníamos una mentalidad mucho más tolerante sobre la muerte. Incluso era normal que fallecieran hijos en las familias y esa actitud tolerante nos hacía llevar el adiós y el duelo de una forma mucho más sana que hoy en día, lo que no significa que fuese una experiencia agradable, pero si algo que forma parte de la vida, digamos que es el precio por haber tenido la suerte de conocer este mundo.

¿De qué depende tener un duelo sano o insano?

El duelo es un proceso necesario para poder superar una pérdida. No hablamos ya solamente de pérdidas de personas sino también de otro tipo como por ejemplo un trabajo, la salud o una pareja. En este sentido la tristeza, como emoción sana, ha de ejercer un papel protagonista, nos ayuda a procesar lo que ha ocurrido, a drenar esa herida del alma, para que, pasado un tiempo prudencial, normalmente de entre seis meses y un año, podamos retomar nuestra vida con normalidad.

mujer llorando

En ocasiones, no hacemos el duelo de la manera correcta y nos encasillamos en alguna de sus etapas. Cabe decir que las etapas del duelo son varias (negación, rabia, culpa, aceptación…) y podemos pasar o no por todas, algo que dependerá de cada persona.

El tener un duelo sano o insano dependerá de lo que nos contemos a nosotros mismos sobre la muerte o sobre la pérdida que ha tenido lugar, sobre todo. Pero también dependerá de cómo afrontamos y actuamos en nuestra nueva vida sin eso que ya se ha marchado.

Escribir una carta

En terapia, usamos muchas técnicas que se basan tanto en nuestras emociones como en nuestros pensamientos y conductas para mejorar y evolucionar en procesos de duelo. Una de las técnicas es escribir una carta para decir adiós a lo que ya no está en mi vida. Puede ser dirigida hacia una persona fallecida, un trabajo que hemos perdido, una pareja, nuestra propia salud o cualquier cosa que nosotros personalmente sintamos como una pérdida importante.

Escribir una carta es una técnica de exposición al fin y al cabo, cuyo objetivo es disminuir poco a poco la intensidad de las emociones y que al final sintamos una sana nostalgia, pero no una insana depresión, ni rabia, ni ansiedad, ni culpa.

Esto es muy importante porque hay emociones negativas, como la tristeza, que son nuestras aliadas y nos ayudan a asimilar lo que está ocurriendo para poner en marcha nuestros recursos y emprender una solución, en la medida de lo posible.

Pero otras, sin embargo, nos encasillan, nos bloquean y nos impiden afrontar la situación. Lejos de solucionarla o de relativizar lo que ha ocurrido, nos provocan un malestar demasiado intenso que no nos deja pensar ni actuar con claridad y en nuestro propio beneficio.

¿Cómo decir adiós?

¿Cómo escribir a algo o a alguien que ya no está? ¿Cómo decir adiós? ¿Qué es lo que hay que hacer? Coge papel y lápiz e imagínate que aquello que has perdido sigue ahí, en tu realidad psicológica, aunque ya no esté en la realidad física.

Empieza saludándole, diciéndole cómo te encuentras desde que se ha marchado y termina por expresarle tu gratitud, por todo el tiempo que estuvo a tu lado. Ya no está contigo y eso es triste, pero también ha sido maravilloso el hecho de que has tenido la suerte de alguna vez tener contacto con eso, lo has disfrutado, lo has aprovechado y como todo en la vida, ha llegado a su fin.

Mujer escribiendo una carta

Se cerró la etapa, esa es la realidad, pero no menos real es que hay personas que ni siquiera han podido disfrutar nunca de eso que tú si tuviste alguna vez en tu vida. Por lo tanto, la carta debe terminar de manera positiva, agradecida, con actitud de apreciación, siendo conscientes de que en esta vida todo es finito, pero al fin y al cabo, despidiéndonos de lo que se fue y no volverá.

A medida que vayas practicando la exposición y dejes de evitar lo que tiene que ver con la pérdida, tus emociones dejarán de ser tan intensas, tan frecuentes y tan duraderas y tu capacidad de afrontamiento mejorará considerablemente. Te habrás adaptado a la situación real, la habrás aceptado y tolerado con sosiego, aunque siempre la recuerdes con cariño y unas dosis de nostalgia.