Castigo positivo y castigo negativo: ¿en qué se diferencian y cómo funcionan?

25 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana
Castigo positivo y castigo negativo son dos caras de una misma moneda. En este artículo, desgranamos sus similitudes y diferencias, ofrecemos algunos ejemplos y explicamos con detalle sus efectos.

Castigo positivo y castigo negativo: ¿conoces exactamente en qué consisten estos dos procedimientos de aprendizaje? ¿Sabes en qué se diferencian? ¿Para qué se utilizan? En este artículo describiremos qué implica el procedimiento de castigo y qué se requiere para que sea efectivo.

Además, explicaremos las diferencias entre ambos métodos, ejemplos de los mismos y cómo se aplica cada uno de ellos. Como veremos, son métodos que se suelen aplicar en la infancia y en los trastornos del neurodesarrollo. Pueden ser aplicados tanto por padres y madres como por educadores, profesores y psicólogos. Eso sí, conviene conocerlos bien para que sean efectivos y, sobre todo, no dañinos para el niño o niña.

“Si te atreves a enseñar, no dejes de aprender”.

-John Cotton Dana-

Madre castigando hija

Castigo positivo y castigo negativo: ¿en qué se diferencian y cómo funcionan?

El castigo es un procedimiento de aprendizaje o una técnica de modificación de conducta que consiste en administrar un estímulo aversivo contingente a la respuesta de la persona. Para que el castigo sea eficaz, este debe ser inmediato, intenso, repentino, no gradual e inescapable.

¿En qué se diferencian castigo positivo y castigo negativo? Básicamente en que el positivo implica la aparición de un estímulo (aversivo) y el negativo implica la retirada o desaparición de un estímulo (siendo este estímulo positivo o agradable).

Ambos procedimientos tienen la misma función: disminuir la probabilidad futura de respuesta, es decir, disminuir o eliminar una determinada conducta, normalmente inadecuada. Se utilizan para reducir las rabietas de los niños, los gritos, malos comportamientos, palabrotas, el hecho de no hacer los deberes, desobediencia, etc.

Algunos ejemplos

Por ejemplo, en un niño que se muerde las uñas, un castigo positivo sería ponerle en ellas una sustancia desagradable, favoreciendo la extinción de la conducta.

En cambio, un ejemplo de castigo negativo sería retirarle el privilegio de ver la tele durante X días a un niño que no ha hecho los deberes. En este caso, el estímulo (tele) debe ser agradable o deseado para el niño para que el castigo sea realmente efectivo.

Castigo positivo

El castigo positivo, como hemos dicho, implica la aparición de un estímulo aversivo o no deseado para el niño. En este caso, positivo indica “la aparición de”. Se puede emplear el castigo positivo con múltiples tipos de estímulos, acciones u objetos.

Cabe decir que aunque se trata de una técnica ampliamente utilizada, muchos expertos en educación no la recomiendan porque no ofrece ningún aprendizaje para el niño de conductas alternativas o comportamientos adecuados, como sí ofrecen otras técnicas de modificación de conducta (por ejemplo la sobrecorrección).

Castigo positivo y castigo negativo tienen la misma función: eliminar o reducir la probabilidad de aparición de conductas que consideramos inadecuadas.

Castigo negativo

En este caso, negativo indica “la retirada” o “la desaparición de”. Igual que en el caso anterior, los estímulos que podemos utilizar son muy diversos: actividades, objetos, comida, acciones, comida… Todo dependerá del valor que le atribuya la persona a la que le queramos aplicar el castigo negativo.

El castigo negativo es lo mismo que el coste (o costo) de respuesta (por ejemplo, retirar los puntos del carnet a alguien por haber conducido bebido). Como vemos, los castigos también se pueden aplicar a adultos sin discapacidad.

¿Con quién se suele utilizar?

Castigo positivo y castigo negativo son dos procesos que se suelen emplear especialmente en el campo de la educación y, más concretamente, de la educación especial. Así, se utilizan sobre todo con niños, con niños y adultos con discapacidad intelectual, con personas con autismo con algún trastorno del neurodesarrollo, etc.

Lógicamente, dependiendo de la edad y de las características de la persona deberemos adaptar cada uno de estos procedimientos para no perder su eficacia. Además, en los adultos también se pueden utilizar estos procedimientos en algunos casos.

Por otro lado, y más específicamente, los procedimientos de modificación de conducta forman parte de la terapia ABA (en inglés Applied Behavior Analysis) o terapia ACA (Análisis Conductual Aplicado), un tipo de intervención diseñada por el psicólogo clínico Igor Lovaas (1927-2010). Sin embargo, Lovaas utilizaba en sus programas sobre todo el refuerzo positivo más que el castigo.

“Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su producción o construcción. Quien enseña aprende al enseñar y quien enseña aprende a aprender”.

-Paulo Freire-

Curiosidades del castigo

Una investigación, llevada a cabo por científicos de la Universidad de Harvard (EEUU) y publicada en la revista Nature Neuroscience, se centró en el estudio de los mecanismos cerebrales que influían a la hora de elegir la severidad de un castigo.

Entre sus conclusiones destaca la siguiente: “la manipulación intencionada del lenguaje para exponer un suceso de forma más truculenta o exponer imágenes claras de un suceso conducía a imponer un castigo más severo si el participante en cuestión pensaba o creía que el incidente había sido de forma intencionada“.

Además, los investigadores hallaron que la amígdala, estructura implicada en el procesamiento del miedo, de la ira y de las emociones, se activaba cuando los participantes observaban imágenes con gran crueldad. Como dato interesante, este efecto solo se apreciaba en los escáneres cerebrales de los participantes que sabían que había una intencionalidad detrás del acto.

Amígdala iluminada

Más allá del castigo positivo y negativo

Como vemos, castigo positivo y castigo negativo son procedimientos que tienen la misma función, pero que difieren en la presentación o retirada del estímulo en cuestión (además, el estímulo también varía, siendo positivo o negativo según el caso).

Más allá de estas técnicas, existen otras consideradas más útiles y beneficiosas para el aprendizaje y el desarrollo del niño; de hecho, el castigo cada vez está más en desuso por el creciente abogo de una crianza cada vez más respetuosa.

Además, no solo importa enseñar al niño qué no está bien hacer, sino ¡qué debe hacer en su lugar! (Conductas alternativas). Entre estas técnicas de las que hablamos se incluyen: el refuerzo positivo, la sobrecorrección, el reforzamiento diferencial de conductas alternativas, etc.

  • Bassedas, E. et al. (1991). Intervención educativa y diagnóstico psicopedagógico. Bardelona: Paidós.
  • Larsson, E.V. & Wright, S. (2011). O. Ivar Lovaas (1927-2010). El analista de comportamiento. 34(1): 111-114.
  • Villar, L. y De Vicente, P.(Dirs.). (1994): Enseñanza Reflexiva para Centros Educativos. PPU. Barcelona.