Ceder no es la solucion

Dolores Rizo · 29 abril, 2014

En las relaciones interpersonales surgen conflictos lógicos, porque somos diferentes. Pero a veces creemos erróneamente que ceder es la solución a los problemas. Pensamos que la diferencias se solucionan cuando una de las personas involucradas cede en su postura ante la postura del otro.

La consecuencia, ciertamente, es no tener conflictos, estamos convencidos cediendo hemos “solucionado el problema”. ¿Pero es realmente así? Lo cierto es que no, que al ceder no se soluciona nada, al menos no siempre. En la mayoría de los casos, lo único que hemos hecho es postergar el problema, porque lo hemos evitado, no lo hemos solucionado.

He cedido ante la postura de la otra persona y me adapto a otro planteamiento diferente al mío, que con frecuencia, no acepto, sino que me resigno, ya que ceder, no me hace feliz”.

Ceder y convencer

Pareja enfadada
Cuando existen diferencias, buscar una solución significa, en primer lugar, aceptar que somos distintos. En ningún caso, se debe pretender que la otra persona adopte mi punto de vista sin más.

Si cedemos o esperamos que ceda la otra persona, en realidad, pretendemos “convencer” al otro con nuestro punto de vista, y si lo conseguimos, se habrá resignado a mi enfoque, en la mayor parte de las ocasiones, por no generar conflicto.

Por tanto, ceder sin más o esperar a que el otro ceda supone no respetar las diferencias, o respetarme a mí mismo cuando soy yo quien cede con frecuencia.

“El respeto por nosotros mismos guía nuestra moral; el respeto por otros guía nuestras maneras.”

-Laurence Sterne-

No es lo mismo resignación que aceptación

Resignación equivale a ceder, a “dejar de ser yo mismo, en beneficio de la otra persona”. Nunca es la solución, ya que, en primer lugar, el conflicto terminará saliendo en otro momento; y en segundo lugar, la persona que se resigna no se siente bien, ni consigo misma ni con la otra persona, ante la que cedió por complacerla.

Resignarnos conlleva siempre malestar y reproche por lo que hice por la otra persona y nunca veré compensado. Más tarde o más temprano, la resignación solo tendrá una consecuencia, que es el sufrimiento de quien se resignó. Sufrimiento que acaba en una especie de esclavitud de su decisión de ceder.

Por contra, cuando acepto, no pretendo cambiar a la otra persona. Y tampoco permito que me cambien a mí. Así, buscar soluciones supone respetarnos y aceptarnos tal y como somos, sin esperar que la otra persona cambie, ni ceda, ni se resigne a mi planteamiento.

Aceptar significa comprender y aprender para seguir adelante por el propio camino. Un camino que hemos elegido nosotros.

“Si quieres que otros te respeten, lo mejor es respetarte a ti mismo. Solo así obligarás a otros a respetarte.”

-Fyodor Dostoyevsky

Pero, entonces… ¿Cuál es la solución?

Compañeros de trabajo discutiendo
La solución pasa por buscar puntos en común, llegar a acuerdos y consensos. Se trata de crear algo nuevo donde ambas personas se sientan ellas mismas, respetadas y contentas por el resultado obtenido.

Para ello, es importante dedicar tiempo y una comunicación adecuada. Una comunicación bidireccional en la que ambas partes expresen sus emociones, sentimientos y opiniones, respetándolas y aceptándolas como válidas.

Habremos llegado a la solución cuando nos sentimos satisfechos y felices con el acuerdo, sea cual sea el que hayamos elegido, porque es parte de la aportación de ambas personas. Ninguna persona se impuso, ni intentó convencer a la otra parte, ni hubo reproches.

Hallamos la solución sin ceder cuando no dejamos de ser nosotros mismos, sin embargo, juntos hemos llegado a algo distinto, diferente, más grande, más creativo. Y es que los acuerdos suelen ser nuevas propuestas creadas por varias personas que, con frecuencia, superarán las propuestas individuales expresadas.