Dando sentido a la comunicación: el interaccionismo simbólico

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 14 mayo, 2018
Roberto Muelas Lobato · 14 mayo, 2018

El interaccionismo simbólico es una teoría surgida en la sociología que se extendió a otros campos como la antropología y la psicología social. Esta teoría analiza las interacciones y sus significados. Con ello consigue comprender los procesos por los que las personas nos convertimos en miembros de sociedades. En otras palabras, estudia las actividades sociales y la construcción del “yo”.

El interaccionismo simbólico se basa en las interpretaciones. Las personas vamos a dar diferentes interpretaciones a la realidad y estas interpretaciones van a ser más similares entre las personas que nos rodean. Una de las mayores diferencias culturales que generan problemas al viajar son los símbolos. Si alguien extiende la palma de la mano hacia otra persona, yo entendería que significa que pare, que esté quieto, pero un griego se lo tomaría como un insulto y para un libanés estaría neutralizando el mal de ojo.

Inicios del interaccionismo simbólico

El interaccionismo simbólico se posiciona en contra de las verdades absolutas. Plantea que no existe una única verdad, sino diferentes verdades situadas. Esto es, la “verdad” va a ser diferente en cada comunidad. Para entender estas diferentes “verdades”, el interaccionismo estudia las relaciones entre las personas y los símbolos: el objetivo último es entender la identidad individual y la organización social.

Personas con bolas del mundo en las manos

Un ejemplo clásico del interaccionismo simbólico lo encontramos en el té. Esta bebida puede consumirse acompañada de diferentes rituales, a su vez con distinto simbolismo. Por ejemplo, el té no representa lo mismo para una persona europea que para una japonesa. Posiblemente, el europeo tome el té para activarse y no dé mayor importancia a la preparación ni al consumo del té. Sin embargo, el japonés realizará un ritual de preparación y tomará el té en compañía, al igual que el paquistaní. Los significados del té van a ser diferentes para los tres.

Sintetizando, el interaccionismo simbólico sugiere que las personas nos definimos teniendo en cuenta el significado que tiene ser un individuo en un contexto específico. Dado que somos animales sociales, este significado de “individuo” va a depender en gran medida de las interacciones que tenemos con otras personas.

Generaciones de interaccionistas simbólicos

Existen dos grandes generaciones de interaccionistas simbólicos que proponen diferentes interpretaciones: la primera considera que las acciones siempre tienen sentido, mientras que la segunda considera que la vida social es un teatro.

Primera generación

En un principio la propuesta fue que la identidad personal se construye a través de las relaciones con otras personas. Estas relaciones siempre tenían un significado, eran simbólicas. Por tanto, la identidad de cada persona se formaba en situaciones y lugares específicos al relacionarse con los demás. El significado que se dieran a esas interacciones iba a definir la identidad personal o individual.

Esta propuesta declaraba que las acciones eran más que hábitos o conductas automáticas. Todas las acciones iban a poder ser interpretadas. Así pues, el lenguaje se entendía como la representación de las actitudes, las intenciones, las posiciones y los objetivos del hablante. El lenguaje era una forma de interacción: a través de ella se construía la realidad.

El individuo, desde esta perspectiva, es una representación que se construye por medio del lenguaje. Es decir, el individuo se construye por medio de los significados que circulan mientras interactúa con los demás individuos. Sin embargo, lo que se construye no es la persona sino el “self” de esa persona, el “yo mismo”, la identidad.

Segunda generación

La segunda generación introdujo un fuerte cambio. Para ellos, la identidad también se entendía como el resultado de los roles que las personas adoptan. Cuando actuamos con otras personas solemos adoptar roles sociales. Estos son patrones de comportamiento definidos por la sociedad. Un forma de entender los roles es ver los reality shows de televisión. En ellos los participantes van adoptando los mismos roles en cada temporada. Siempre hay uno que lleva la contraria a los demás, otro que se encuentra solo y no para de llorar, dos que acaban siendo pareja, etc.

Con esta segunda generación, también surge una nueva perspectiva según la cual las personas somos actores. Los individuos actúan y representan un papel que viene determinado por los roles sociales. Hacemos lo que se espera que hagamos dependiendo de nuestro rol. Pero la interpretación de este rol no solo se da cuando interactuamos con otras personas, también en los espacios y momentos en los que esas otras personas no nos están viendo. Es decir, de alguna manera es un papel que terminamos interiorizando y acoplando a nuestra identidad.

Máscaras representando el interaccionismo simbólico

El interaccionismo simbólico en la psicología social

La relación del interaccionismo simbólico con la psicología se explica sobre todo en el contexto de la psicología social. Según esta rama, las personas formamos identidades sociales que cuentan con unas normas y unos valores específicos. En los momentos en que las identidades sociales se hacen más importantes, va a ser más probable que las personas actúen siguiendo esas normas y valores.

Aunque la psicología social va más allá de los roles y acepta que el comportamiento está guiado por las normas sociales, haya sus inicios en el interaccionismo simbólico. Algo innegable es que las personas desarrollamos nuestras identidades, tanto la individual como las sociales, cuando interactuamos con otras personas. Por ello, relacionarse con personas de diferentes culturas manteniendo la apertura mental nos va a ayudar a conocernos mejor, a redefinir nuestra identidad personal y cambiar la forma en que entendemos el mundo.