El cerebro es tan complejo como el universo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 28 agosto, 2016
Raquel Aldana · 28 agosto, 2016

El conocimiento sobre el funcionamiento del cerebro es enorme, pero aún está demasiado fragmentado. Esto tiene como consecuencia que, aunque parezca increíble, sepamos menos del cerebro que del planeta Marte.

No obstante, sí que se sabe dónde y cómo ocurren algunos procesos básicos y fundamentales de la actividad cerebral. Particularmente esto ocurre con la corteza (o córtex), la cual se entiende como la “estructura más humana” del órgano de la vida.

Sea como sea, desde que el premio Nobel Ramón y Cajal revelase hace más de 100 años atrás la posibilidad de apreciar los paisajes del cerebro, neurocientíficos de todo el mundo no han dejado de avanzar y estudiar la maravillosa realidad gracias a la cual vivimos.

mujer con abanico

Los paisajes del cerebro

Cuando, a través de diferentes tecnologías, observamos los paisajes del cerebro, podemos contemplar dos características maravillosas: plasticidad y estabilidad. Estas dos características en gran medida son responsables de que tengamos la capacidad de aprender y memorizar, lo cual sin duda diferencia al ser humano del resto de miembros del reino animal.

Estos dos procesos psicológicos básicos, memoria y aprendizaje, quedan anclados en nuestra corteza. Así, también tenemos una idea de las estructuras y los intercambios que manejan cuestiones tan complejas como el pensamiento, la emoción, el sentimiento, el movimiento, etc.

Pero más allá de esto la ciencia está inmersa en dilucidar algo de lo que tenemos poca o nula idea: de dónde emana la consciencia. Lo que está claro es que nuestro cerebro es la historia de nuestra vida y que, sin duda, funcionamos gracias a la existencia de los circuitos de neuronas que se transmiten se hablan a través de impulsos eléctricos de manera constante.

Es asombroso entender que cada impulso eléctrico corresponde a una letra, a una palabra, a un rostro o a una emoción. Nuestras neuronas se mueven de una dirección a otra para sentir, para pensar, para aprender o para llevar a cabo cualquier tarea.

mujer con cuervo

Cuando nos enamoramos una región específica del cerebro se activa, dando lugar a nuevas conexiones que se modifican de manera intensa y constante.

Aunque es tan complejo como el universo, hoy sabemos del cerebro que es un sistema muy distribuido que trabaja constantemente de manera paralela para ayudarnos a representar contenidos, percibir ideas, planes, sentimientos, etc.

Además, se ha podido observar cómo las neuronas migran desde las capas internas del cerebro para ocupar ciertos lugares en la corteza. Según investigadores como Pasko Rakic, esta orden de migrar la dan los genes, pero las conexiones y su complejidad están determinadas por el ambiente.

Poco a poco se va avanzando cada vez más en la comprensión del micromundo tan maravilloso que reside dentro de nuestro cuerpo. Aún no sabemos cómo se conforma la consciencia, pero estamos en el camino para descubrir cuestiones cada vez más maravillosas que nos permiten avanzar y potenciar la calidad de nuestra vida.

manos-con-flor

Hace unos días conocíamos el hallazgo de unas 100 nuevas áreas en la corteza cerebral, lo cual nos permitirá conocer más en profundidad cuáles son los factores diferenciales que producen las enfermedades mentales como la depresión, la esquizofrenia, el autismo, la demencia, etc.

Sabemos lo que ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos, cuando aprendemos algo o cuando atendemos. Conocemos los cambios e intercambios neuronales que ocurren en nuestro cerebro para producir el lenguaje, la tristeza o la alegría.

Sin embargo, aún falta coherencia entre gran parte de estas informaciones; por eso quizás la responsabilidad titánica que ahora reside en cada persona que contribuya al desarrollo de este conocimiento es la de procurar ensamblar hallazgos y contribuir a la universalidad de esos aportes. Cada hallazgo, por pequeño que parezca, es un gran paso de conocimiento.