Las 5 claves de la psicología japonesa

Valeria Sabater · 28 diciembre, 2017

La psicología japonesa hunde sus raíces en un tipo de filosofía de vida muy particular. Racionalizan sus emociones y las canalizan de un modo espiritual. Asimismo, tienen una alta consideración por sus familiares, por su comunidad y por cuidar esa imagen del “yo” donde el respeto al otro es máximo, donde la confianza intergrupal es algo que atender y favorecer a diario.

A pesar de que la cultura nipona nos resulte tan interesante como lejana a la vez, cabe decir que en el fondo no dejan de tener las mismas preocupaciones existenciales que nosotros. Los problemas financieros, matrimoniales, el estrés laboral, la presión de los estudios y las crisis personales son esos desafíos cotidianos que la psicología japonesa intenta gestionar mediante un enfoque analítico; ahí donde figuras como Hayao Kawai se alzan como las referencias clínicas más relevantes.

La psicología japonesa puede parecernos a simple vista, muy diferente de la occidental. Sin embargo, tienen muchos puntos en común, enfoques similares basados en principios de la filosofía oriental o el budismo que conforma un enfoque basado en la superación personal y en la resiliencia.

Asimismo, si hay algo que suele comentarse a menudo sobre Japón es que su tasa de suicidios es de las más elevadas del mundo. Eso es cierto, ahora bien, cabe recordar que a día de hoy los países nórdicos son los que suelen encabezar esta lista y que desde el 2006, el número de suicidios entre la población nipona ha disminuido de manera considerable.

Factores como el desempleo o la presión laboral son los elementos que más han hecho mella entre la población japonesa. No obstante, el gobierno ha incrementado de forma notable la inversión en atención psicológica y en prevención de suicidios, esos que suelen centrarse en los grandes núcleos económicos como Tokio o Kyoto, y que distan mucho del equilibrio y la satisfacción vital que tienen, por ejemplo, en áreas más rurales.

mujer de rojo representando la psicología japonesa

Las 5 claves de la psicología japonesa

Gracias a libros como “Psicología social del mundo moderno en Japón” de Munesuke Mita, podemos atisbar desde nuestra mirada occidental, gran parte de esos enfoques que nutren dicha cultura, a instantes tan tradicional, pero a la vez puntera y sofisticada en cuando a negocios e ingeniería.

Para comprender en profundidad cómo es su filosofía de vida y esas dinámicas que conforman la psicología japonesa, nos será de utilidad entender 5 claves muy concretas sobre cómo gestionan sus emociones, cómo se relacionan o qué estrategias suelen trabajar los psicólogos para favorecer el bienestar mental.

1. El mundo emocional: el tatemae y honne

Algo que ya intuíamos es que los japoneses son muy dados a racionalizar sus emociones y que, en lo referente a la expresividad, suelen ser más bien reservados e incluso herméticos.

Así, es interesante saber que gestionan el mundo emocional en base al contexto en el que se encuentren. El tatemae, por ejemplo, hace referencia al comportamiento público, ahí donde la reserva debe ser máxima, ahí donde se favorece el respeto, el equilibrio y la mesura.

El honne se refiere a las emociones que cada uno puede liberar, trabajar y gestionar de forma privada en su hogar. Se lleva a cabo mediante un punto de vista espiritual. La psicología japonesa suele hundir sus raíces en el budismo y el tahoísmo, ahí donde cada cual debe hallar su propio canal de curación y desahogo.

personas saludándose bajo sol naciente representando la psicología japonesa

2. La confianza intergrupal

Japón es una sociedad con un concepto de la colectividad y la cohesión social muy fuerte. Se valora mucho el respeto a la familia, así como el respeto a la propia comunidad, a la cual hay que atender buscando siempre el beneficio común y no el propio en exclusiva. Por ejemplo, cuando alguien está resfriado no dudará en salir a la calle con mascarilla para evitar contagiar a los demás.

Se identifican con el grupo, tiene un yo social muy sólido, muy definido y que, en esencia, les ha sido muy útil para afrontar desastres como el sucedido en el 2011 con el tsunami y el terremoto que devastó gran parte de la prefectura de Fukushima.

3. Arugama, aceptar las cosas tal y como son

La aceptación es un concepto muy arraigado en la psicología japonesa. Ahora bien, aceptación no es sinónimo de rendición ni resignación. Los japoneses saben que todo material o sustancia caracterizada por la resistencia, siempre acaba quebrándose, agrietándose o partiéndose por la mitad. Quien no acepta y se resiste no fluye, no se adapta, no sobrevive.

Arugama es la esencia del cambio que acontece tras la aceptación, tras asumir que las cosas son como son y que no queda más opción que seguir avanzando.

4. La atención

Dentro de la psicología japonesa es muy común la llamada “Morita Therapy“, un tipo de estrategia psicológica basada en la atención centrada en uno mismo. Esto es algo que sin duda nos suena a la mayoría (es muy similar a la terapia racional-emotiva de Albert Ellis) pero que sin embargo, la cultura oriental lleva años practicando. Una de las principales características de este tipo de terapia es ser conscientes de las propias experiencias internas, del sufrimiento, de la frustración, del miedo, de la ansiedad, etc.

Así, y una vez la persona tome contacto con su realidad personal, el terapeuta suele recomendar 4 estrategias para favorecer la recuperación: reposo absoluto, meditación, una correcta alimentación y la preparación gradual hacia la vida cotidiana.

imagen representando la psicología japonesa

5. Reflexionar sobre las propias historias relacionándolas con la naturaleza

Este tipo de enfoque resulta muy interesante. Dentro de la psicología japonesa suele trasmitirse a la persona la necesidad de practicar la introspección. Deben ser capaces de ver en perspectiva sus propias historias vitales, todo lo sucedido, lo sufrido, lo descubierto y lo disfrutado. Se les invita a ver sus relatos personales como acontecimientos que también se dan en la propia naturaleza.

Todos crecemos y maduramos, todos atravesamos épocas que nos dejan marcas profundas semejantes a las que tienen los árboles en sus troncos. Asimismo, cada uno de nosotros podemos llegar a florecer en las situaciones más adversas, nutriendo nuestras raíces para convertirnos en seres más fuertes.

La vida es un discurrir constante, como el flujo de un río que no se detiene, como ese viento que hace mover las hojas y las superficies de los mares… Lejos de sentirnos víctimas del destino, podemos ser como la propia naturaleza, siempre ávida por renovarse, por seguir germinando…

Para concluir, tal y como podemos ver la psicología japonesa no nos es tan desconocida como podría parecernos. Muchos de nuestros enfoques se nutren también de estos principios de superación personal que resultan tan inspiradores para el día a día… Aplicarlos, si así lo deseamos, nos puede ser también de gran ayuda.