Clever Hans, el caballo que hacía operaciones matemáticas

Edith Sánchez·
04 Agosto, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
04 Agosto, 2020
La historia de Clever Hans es la de un caballo al que se le consideró superdotado a comienzos del siglo XX. Aparentemente tenía una memoria e inteligencia prodigiosas. El estudio de su caso permitió descubrir un sesgo en la investigación científica. ¡Dentro historia!

Clever Hans, que significa ‘inteligente Hans’, es el nombre de un famoso caballo que impresionó a la sociedad alemana, a comienzos del siglo XX. Este animal tuvo una gran cantidad de presentaciones públicas en las que se le pedía que realizara operaciones matemáticas, así como otro tipo de cálculos, y siempre “acertaba”.

La fama de Clever Hans se extendió fuera de las fronteras de Alemania; sobre él se escribieron numerosas notas en diferentes lugares del planeta. Todo el mundo estaba fascinado con ese caballo, que contestaba a los interrogantes levantando su pata y golpeando el suelo.

El caballo se hizo tan popular que en su honor de compusieron varias canciones. También se hicieron juguetes a imagen y semejanza de Clever Hans, ya que se convirtió en un héroe para los niños. De hecho, se creó un licor con su nombre y, tras descifrar su compleja historia, hoy existe un sesgo conocido como efecto Clever Hans.

Un sutil pensamiento erróneo puede dar lugar a una indagación fructífera que revela verdades de gran valor”.

-Isaac Asimov-

Hans aprendiendo a contar

El origen de la historia de Clever Hans

Todo comenzó en el verano de 1904, en una pequeña casa de campo ubicada al norte de Berlín (Alemania). Empezó a correr el rumor de que un hombre llamado Wilhelm von Osten, profesor retirado, tenía un caballo más inteligente que muchos humanos. Para probarlo, periódicamente realizaba un espectáculo en el que el caballo, además de trotar con gran elegancia, también hacía sumas. Así mismo, contaba personas, daba la hora y había memorizado el calendario anual.

Cientos de personas daban fe de las habilidades de Clever Hans, el caballo inteligente. Como no podía hablar, respondía a las preguntas que se le hacían golpeando el suelo con su pata o bien inclinando o moviendo la cabeza de lado a lado.

Cuando le preguntaron a su dueño cuál era el origen de las habilidades del caballo, este respondía diciendo que lo había educado como a uno de sus viejos alumnos. Indicó que le había dado clases con un pizarrón y que le había enseñado a contar con un ábaco. De esta misma forma, le había enseñado a leer. Así mismo, lo estaba instruyendo música con una armónica.

Una sospecha que crecía

Si bien la gente le daba crédito al viejo maestro, algunos científicos no terminaban de creer en la notable inteligencia de Clever Hans. Tanto interés despertó el animal que se conformó una comisión de docentes de la Universidad de Berlín para estudiar el fenómeno: la Comisión Hans.

Los expertos se desplazaron hasta la casa de campo y presenciaron en forma directa el espectáculo de las habilidades del animal. Luego firmaron una carta, que incluía 13 rúbricas, en la que daban fe de las destrezas del caballo y certificaban que el profesor no le había dado ninguna indicación especial que pudiese ser sospechosa de trampa.

Wilhelm von Osten les comentó que había empleado un método de enseñanza tomado de un pequeño grupo étnico nómada, llamado Khoikhoi, que habitaba en el África. Todos estaban maravillados e incluso un experto pedagogo llegó a decir que el buen Clever Hans tenía una inteligencia propia de un niño de 13 o 14 años.

Clever Hans

Una investigación en profundidad

El psicólogo Carl Stumpf decidió que el fenómeno era digno de estudiarse científicamente. Así que le encomendó a su alumno Oskar Pfungst que examinara las habilidades del caballo en profundidad. El estudiante hizo personalmente las pruebas y, casi por accidente, notó que si él miraba los números, Clever acertaba; pero si los desconocía, el caballo erraba en la respuesta.

Así mismo, cuando le susurraban la suma en el oído, el caballo no lograba hacer la operación. Pfungst sospechó que Clever Hans estaba recogiendo alguna señal del entorno y era así como llegaba a las respuestas correctas en las operaciones matemáticas. De este modo, y a través de otros experimentos, el estudiante descubrió que Hans era capaz de “leer” la actitud de los humanos y así acertaba.

Había pequeñas señales corporales que los interrogadores emitían. Miraban a sus patas cuando esperaban que comenzara a contar y luego inclinaban el cuerpo cuando llegaba a la respuesta correcta. La postura y la expresión del interrogador cambiaba y el caballo sabía que esta era la señal para dejar de patear el suelo.

Era un caso de condicionamiento; además, reveló cómo la presencia del investigador puede condicionar las respuestas del investigado. Hoy en día, a ese sesgo en la experimentación se le conoce como el efecto Clever Hans en recuerdo de este hermoso animal.

LA COMUNICACION, N. V. (1980). al campo de la comunicación no verbal. La inteligencia de Hans no residia en su capacidad para verbalizar o comprender.