Cómo ayudar a un niño a superar un trauma

11 Febrero, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana
¿Se puede ayudar a un niño a superar un trauma? Con las herramientas y la ayuda necesaria, sí. Os contamos 5 ideas clave para empezar a trabajar en ello.

¿Cómo ayudar a un niño a superar un trauma? Antes de intentar arrojar un poco de luz a esta cuestión, vamos a definir qué es un trauma. Según McCann y Pearlman (1990), “un evento es traumático, desde un punto de vista psicológico, cuando supone una amenaza o un ataque que ocurre de pronto o inesperadamente, que excede la capacidad que cree poseer el individuo para manejarlo o que perturba los marcos de referencia que tiene el individuo a la hora de entender y manejarse en el mundo“.

Así, tanto en la infancia como en la adultez, los traumas puedes ser muy diversos (en la adultez estos se relacionan especialmente con situaciones de violencia extrema, atentados, muerte, etc.). En la infancia, los traumas tienen que ver sobre todo con situaciones de bullying o maltrato, muerte o alejamiento de un ser querido, miedo al rechazo, separación de los madres, humillación recibida, etc.

En este artículo abordaremos la cuestión de forma genérica, pero debemos tener en cuenta que los tipos de trauma y sus efectos pueden variar mucho de un caso a otro.

Os dejamos algunas ideas que pueden ayudar a un niño a superar un trauma. Como veremos, pedir ayuda profesional será el primer paso a tener en cuenta, aunque deberemos valorar cada caso en cuestión y, sobre todo, acompañar al niño en este proceso. ¿Cómo? A través de estas ideas que os proponemos.

Niño llorando

Pide ayuda profesional

El primer paso que os aconsejamos dar a la hora de ayudar a un niño a superar un trauma, es pedir ayuda profesional. Un psicólogo infantojuvenil os puede ayudar a enfocar el problema y, sobre todo, puede ayudar a vuestro hijo a integrar la experiencia traumática que ha vivido.

Así que, más que «superar», se trata de procesar la experiencia para, poco a poco, integrarla como parte de la historia vivida. Y esto solo se consigue gracias a la ayuda de un profesional especializado en el tema, porque, recordemos, estamos hablando de salud mental, un tema muy serio.

Por otro lado, dependiendo de la experiencia traumática vivida, y, sobre todo, de las consecuencias psicológicas que ésta haya tenido para el niño, deberemos valorar si pedir o no esta ayuda (si el caso es leve, por ejemplo). En el caso de que esto no interfiera en su vida y en su bienestar, podemos acompañarlo nosotros en el proceso; eso sí, insistimos, siempre será aconsejable pedir asesoramiento previo.

Ayúdale a que se exprese

El primer paso para ayudar a un niño a superar un trauma es favorecer que se exprese. Esto no quiere decir que se tenga que abrir cuando nosotros queramos y de la manera que nosotros prefiramos. Tiene que ver con facilitarte elementos y estrategias para que pueda sentirse libre de mostrar sus sentimientos. Debemos crear espacios cómodos para él, para que se sienta seguro y tranquilo.

Una buena herramienta es el dibujo; los niños son capaces de expresar su mundo interior a través de él, y de una forma muy poco intrusiva para ellos. En este punto será importante que exprese, no únicamente cómo se siente, sino también qué vivió a través del trauma (es decir, rememorar el trauma puede ayudar, puede siempre bajo supervisión profesional).

Que exprese lo que ha vivido nos va a ayudar a entender cómo se siente -cuál ha sido el impacto que ha tenido sobre él la situación-, ya sea través de palabras, dibujos, películas, libros, gestos… Podemos ayudar al niño a que encuentre una manera de expresarse con la que se sienta cómodo. Quizás sea muy limitada, pero en estos casos cualquier información que comparta tiene un valor extraordinario.

Mantén sus rutinas

La rutina puede ayudar al niño a ganar seguridad, a sentir, de nuevo, que habita un entorno controlable y en el que está protegido. Sensaciones, que, por otro lado, van a favorecer que el niño se exprese.

Así, los horarios y las reglas familiares pueden ser beneficiosas para que el niño poco a poco vaya volviendo al momento actual sin dejar de procesar la experiencia vivida (con ayuda profesional cuando sea requerida).

Practica la respiración con él/ella

Los ejercicios de respiración son muy beneficiosos para reducir la ansiedad y otros síntomas relacionados con la hiperactivación del organismo. Tras una experiencia traumática, nuestro cuerpo y nuestra mente pueden sufrir este tipo de síntomas; así, el niño puede mostrarse siempre en constante alerta («esperando», inconscientemente, el próximo peligro), irritable, preocupado, ansioso…

En estos casos, la práctica de la respiración consciente puede beneficiarle mucho. Si además lo hace contigo, se sentirá acompañado (aunque también puede ser positivo para él que, con el tiempo, pueda acabar haciéndolo solo).

Emplea refuerzos

A la hora de ayudar a un niño a superar un trauma es importante que, en estos momentos, se sientas más valorado y querido que nunca. Tras situaciones traumáticas, muchas personas sienten que su autoestima ha decaído notablemente. Por ello, será importante acompañar a nuestro hijo en su desarrollo, escucharle, invertir tiempo con él y sobre todo, hacer que se sienta querido y más válido que nunca.

Así que aprovecha momentos en que hace las cosas bien para reforzarlo y para premiarlo; no hace falta que sea a través de cosas materiales. Un refuerzo también es un acto de amor, un abrazo, un beso, un «vamos a pasar la tarde juntos», etc. Por otro lado, reforzar también implica valorar sus habilidades, capacidades y esfuerzos (no siempre tiene que hacer algo «bien» para que le hagamos saber que es estupendo).

Madre abrazando a su hija

A la hora de elaborar, procesar y «superar» un trauma, es importante expresar esa experiencia vivida y comunicar cómo nos ha hecho sentir. Y una vez lo hagamos, reelaborar la experiencia, integrarla dentro de nosotros como parte de nuestra vida. Esto en niños no siempre es fácil; por ello, será imprescindible pedir ayuda cuando esa experiencia esté interfiriendo realmente en su bienestar y en su funcionamiento.

Más allá de pedir ayuda, aplicar algunas de las pautas mencionadas puede ayudar a nuestro hijo a procesar esa experiencia y poco a poco, volver a la normalidad, recuperar el control de su vida y mejorar su bienestar. Por otro lado, será importante que el niño pueda expresar sus dudas y temores, ya que estos suelen ser muchos después de experimentar una experiencia de este tipo. Y sobre todo, que no se sienta solo, y que poco a poco pueda recuperar la sensación se seguridad y protección.

  • Caballo, V. y Simón, M.A. (2002). Manual de Psicopatología Clínica Infantil y del Adolescente. Trastornos generales. Pirámide: Madrid.
  • Pérez, M., Fernández, J. y Fernández, I. (2006). Guía de tratamientos psicológicos eficaces III. Infancia y adolescencia. Pirámide: Madrid.