Cómo desarrollar la responsabilidad afectiva en la relación de pareja

¿Sufres porque no eres capaz de expresar lo que sientes? Quizás el origen de esta sensación esté en la responsabilidad afectiva, vital para el buen curso de las relaciones de pareja, amistad y familia.
Cómo desarrollar la responsabilidad afectiva en la relación de pareja
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Support MContigo

Última actualización: 19 mayo, 2023

La responsabilidad en el plano afectivo deriva en pilares de una relación, como el diálogo, el respeto, la empatía, el cuidado o el cariño. En este artículo te mostraremos qué implica la responsabilidad afectiva, de esa forma, te será más sencillo desarrollar y establecer vínculos sanos y honestos.

Antes de profundizar en el concepto de responsabilidad afectiva, piensa en cómo esperas y quieres que las personas te traten en las diferentes relaciones en las que participas en tu vida; puede ser en una relación de pareja, en una amistad e incluso en la familia.

La responsabilidad afectiva es un requisito para que una relación sea saludable. Cada uno tenemos que ser conscientes de cómo nos vamos sintiendo con los actos del otro, y al mismo tiempo ser capaces de comunicarlo de una manera asertiva. Solo de esta manera podremos disfrutar de una relación saludable basada en la comunicación y el respeto.

¿Qué es la responsabilidad afectiva?

La responsabilidad afectiva es una forma de entender las relaciones interpersonales que se basa en el cuidado de los sentimientos y emociones que nacen en el marco vincular. Según Wojtyla, se trata de ser conscientes, emocionalmente, del impacto de nuestras acciones en los demás. Solo siendo responsables afectivamente es que podemos crear vínculos duraderos y, por supuesto, sanos.

Por ende, la responsabilidad afectiva se caracteriza por:

  • Comunicar o manifestar nuestras expectativas y sentimientos sobre la relación.
  • Establecer límites, de forma mutua, con la intención de mantener el respeto entre ambos.
  • Cuidarse mutuamente.
  • Comprender el peso de nuestras acciones y cómo inciden en la vida del otro.
  • Mantener una buena comunicación, especialmente si vamos a tratar algún tema que nos molesta.
Pareja hablando
La responsabilidad afectiva es ser claros, respetuosos y empáticos con lo que pueda sentir el otro.

¿Qué no es?

Ahora bien, la responsabilidad afectiva no es:

  • Invalidar las emociones de la otra persona e impedir que las exprese.
  • Ir más allá de los límites, no ser claros o incumplir los acuerdos previamente establecidos.
  • Tener comportamientos que lleven al otro a ilusionarse con posibilidades, cuando nosotros no tenemos la intención de implicarnos.
  • Creer que la otra persona debe adivinar lo que sentimos, necesitamos o pensamos.
  • Mantener oculta información relevante, relacionada con nuestros sentimientos.

Aunque nuestra manera de cumplir con la responsabilidad afectiva no sea algo que evolucione de un día para otro, por el camino solemos ir aprendiendo, mejorando. En cualquier caso, las inversiones que podamos hacer en este plano suelen merecer mucho la pena.

Repercusiones en las relaciones de pareja

Quizás la comprensión de todo lo que implica este concepto sea más sencilla en el contexto de una situación de relación de pareja, sin embargo, también es válido para las relaciones familiares, laborales o de amistad. En esencia, al preguntarnos sobre lo que es la responsabilidad afectiva en el vínculo de pareja, tenemos que entender algunos aspectos fundamentales:

  • Entender que una relación va más allá de uno mismo: dejar el egoísmo a un lado y ser empáticos es fundamental. Hay otra persona involucrada, con sus virtudes y defectos, por lo que deberás aprender a lidiar, de la mejor forma posible, lo que representa compartir con otro ser.
  • Todas las relaciones tienen conflictos: todos tenemos derecho a cometer errores. Pero algo esencial que debes comprender es que, siendo responsable afectivamente, debes asumir la responsabilidad de tus acciones, ser capaz de pedir perdón y también de perdonar al otro. Aunque este ciclo no debe ser interminable, ya que, de ser así, podrías estar lidiando con lo que conocemos como personas tóxicas.
  • Hacerse cargo de las emociones: básicamente es entender que no puedes culpar al otro por lo que sientes. Hay que entender de dónde provienen esos sentimientos y lo que te quieren decir.

Prácticas responsables en el plano afectivo

Ahora que conocemos qué es la responsabilidad afectiva, hay que ponerla en práctica -la comprensión es un requisito, pero es la práctica lo que realmente mejora la salud de la relación-. Por eso, decimos que en una relación hay responsabilidad afectiva cuando existe:

  • Comunicación asertiva: hoy en día, es complicado expresar qué queremos, qué nos molesta, qué sentimos, entre muchos otros aspectos; no obstante, hablar de manera directa, con claridad y honestidad, es la solución para prevenir y superar conflictos.
  • Acuerdos que satisfacen a todos: la mejor forma de superar problemas y conflictos. En el caso de la responsabilidad afectiva en una relación de pareja, una forma de aplicarla es estableciendo qué está permitido y qué no mediante el diálogo.
  • Anticipación de complicaciones: implica comprometerse con las personas y entender que, inevitablemente, habrá momentos complicados y no por eso vamos a desaparecer.
  • Una comunicación clara y honesta: es importante sentar las bases para expresarnos cómodamente.
  • Límites: los límites en las relaciones interpersonales son fundamentales para un ejercicio afectivo sano y de reciprocidad. La ausencia de estos devendrá en problemas de distintas índoles.
  • Cuidado mutuo: cuidar al otro, especialmente, de uno mismo.
  • Validaciones: el ejercicio de la validación es también central cuando buscamos ser responsables a nivel afectivo.
  • Honestidad: el engaño es una conducta de amplio espectro, pero engaña tanto el que oculta sus emociones cuando dice manifestarlas como el que busca causar una emoción en el otro sin que pretenda corresponderla.

Prácticas no responsables afectivamente

Algunas prácticas no responsables afectivamente son las siguientes:

  • Incumplir los acuerdos previos.
  • Saltar los límites.
  • Romper la comunicación.
  • Ghosting.
  • Gaslighting u otras manipulaciones.

Y, ¿qué hago si detecto falta de responsabilidad afectiva por parte de mi pareja? Puedes comunicárselo; quizás no sea consciente o no haya desarrollado esa habilidad, pero ten siempre en cuenta que no podemos cambiar a los demás; solo ellos pueden decidirlo y hacerlo.

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Si vincularte con esa persona te sigue haciendo daño, recuerda respetarte a ti mismo, pues mereces una relación fundamentada en el amor mutuo.

Practicar la negociación efectiva

Si lo pensamos mejor, la responsabilidad afectiva se parece mucho a un proceso de negociación, en el que, por medio de la comunicación, se llega a un acuerdo beneficioso para los involucrados. Con todo esto, pretendemos enfatizar lo importante que es mantener la comunicación en los diferentes tipos de relaciones.

Sin duda, el diálogo es la mejor forma de conocer qué es lo que otra persona necesita y comunicarlo. Para poder poner en práctica la responsabilidad afectiva es necesario trabajar la asertividad: solo así podremos decir qué deseamos, qué nos molesta, qué sentimos, entre otras cosas, de una forma clara, honesta y directa.

La coherencia en el vínculo de pareja

El objetivo que busca la responsabilidad afectiva es construir vínculos más enriquecedores para aquellos que los constituyen. Por consiguiente, implica no hacer sufrir a la otra persona y hacernos de las consecuencias derivadas de nuestra forma de pensar y actuar. De igual manera, mantener una coherencia entre nuestros pensamientos, nuestras emociones, palabras y acciones, ya que podemos causar un daño innecesario a la otra persona si le llenamos de dudas o le hacemos sentir confundido.

En definitiva, la responsabilidad afectiva no implica actuar de manera perfecta, porque es imposible. Se trata de actuar y hablar con empatía y respeto, de establecer acuerdos (mediante el diálogo), respetando al otro, y, en caso de equivocarse y provocar un conflicto, ser responsables y asumir las consecuencias.


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