¿Sabes dialogar con tus hijos? - La Mente es Marvillosa

Cómo dialogar con tus hijos (educando)

Claudio Navarro 30 diciembre, 2013 en Psicología 2 compartidos


La familia es esa célula fundamental de la sociedad donde aprendemos a ser personas. Una buena comunicación es una valiosa herramienta que les podemos dar a nuestros hijos para desenvolverse bien en todas las áreas de la vida. Ahora bien, es importante reflexionar qué características presenta hoy en día la comunicación en nuestro seno familiar. ¿A qué se asemeja más, a un callejón sin salida o a una autopista?

Si aprovechamos esa gran oportunidad que nos da la vida para influir positivamente en la formación de nuestros niños, fomentando una comunicación transparente y fluida dentro de la familia, obtendremos una situación ganar-ganar, porque esto redundará en beneficio de todos, el de nuestros hijos en primer lugar, pero también en el nuestro propio.

¿Qué tipo de padre eres?

Muchas veces los padres creen que se comunican bien con sus hijos, pero si la comunicación consiste en aconsejar, criticar, dar órdenes, regañar, interrogar, sermonear, sin momentos dedicados a escuchar… entonces, no es un diálogo, sino básicamente un monólogo que, para ser sinceros, a los niños “les entra por un oído y les sale por el otro”, y que, además, no les demuestra respeto ni comprensión por sus inquietudes, problemas y sentimientos.

Esto deteriora las relaciones familiares, así como la autoestima y la autoconfianza de los hijos. En este sentido, hay ciertos roles que los padres asumen con buena intención, pero en realidad lo que logran es impedir una relación sana y auténtica con los hijos.

Algunos de estos roles son: “el general autoritario”, que da órdenes y amenaza para mantener la disciplina por medio del terror; “el moralista”, que sermonea y aconseja todo el tiempo; “el sabelotodo”, que le hace saber a su hijo que es superior a él y que siempre tiene la razón por su mayor experiencia, conocimientos y edad; “el ácido”, que usa la crítica, la burla y la descalificación; y “el consolador”, que evita involucrarse pretendiendo que todo está bien, ignorando así los problemas.

Tips para comunicarse mejor

Un aspecto de la comunicación que parece demasiado obvio, pero que a veces se olvida cuando se trata de la comunicación entre padres e hijos, es que la misma tiene dos sentidos: el hablar y el escuchar.

El escuchar a los hijos con respeto es una práctica vital que les da el espacio necesario para expresar sus ideas y emociones en un clima de aceptación, aunque no siempre se esté de acuerdo con lo que digan. Esto, por sí solo, significa un gran avance en las relaciones familiares.

Algunas ideas para escuchar efectivamente son:

Reflejar los sentimientos: Esto significa ser sensibles a lo que están sintiendo nuestros hijos, para luego expresarles que los entendemos, sin hacer juicios ni ignorarlos. Por ejemplo, si nuestra hija nos dice: “¡Estoy harta de mi profesora, siempre me culpa a mí por todo!”, en vez de darle un sermón y bloquear la comunicación, podemos reflejar sus sentimientos como si fuéramos un espejo, diciéndole: “Veo que estás molesta con tu profesora porque es injusta contigo”. Al hacer esto, le demostramos que nos importa, que no rechazamos sus emociones y la invitamos a reflexionar con serenidad, ya que le dimos un sano espacio para desahogarse.

Explorar alternativas: Cuando los hijos nos plantean un problema o una situación que los perturba, en vez de darles consejos de inmediato, podemos estimularlos a encontrar la solución por sí mismos, haciéndoles preguntas abiertas como: ¿Qué crees que puedes hacer al respecto?, ¿Cuál crees que sea la mejor solución y por qué? De esta forma, los ayudamos a ser independientes, estimulamos el diálogo, la reflexión y les mostramos interés por sus asuntos.

Basta con despojarse un tanto del papel de superioridad que solemos asumir los padres y hacer pequeños cambios en la forma en que nos comunicamos con nuestros hijos. Muchos padres temen perder autoridad o el respeto de sus hijos si se muestran demasiado cercanos y vulnerables. Sin embargo, si nos “bajamos del pedestal” y nos aproximamos a ellos, la calidad de la comunicación y de las relaciones familiares mejorará, sin dudas, en forma significativa, ganándonos el respeto con nuestro ejemplo, en lugar de obtenerlo por miedo.

Claudio Navarro

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