Cómo el lenguaje modifica el pensamiento

Hablar otro idioma siempre nos abre las puertas a nuevas ideas. ¿Será porque el lenguaje modifica el pensamiento? Aquí encontrarás respuestas.
Cómo el lenguaje modifica el pensamiento
Sara González Juárez

Escrito y verificado por la psicóloga Sara González Juárez.

Última actualización: 20 noviembre, 2020

Todos controlamos nuestra forma de hablar. Es evidente que, a través de la mera experiencia, cómo se dice algo tiene un efecto directo en las impresiones y opiniones de los demás. Contamos con ejemplos para apoyar la hipótesis de que el lenguaje modifica el pensamiento: marketing, discursos políticos, medios de comunicación y cualquier forma de expresión que intente provocar un efecto en nosotros.

Pero, ¿qué tiene el lenguaje que nos pueda afectar a la percepción? ¿Quién fue el primero en preguntárselo? En este artículo encontrarás respuestas a este interrogante tan imprescindible en cualquier manejo de impresiones.

El determinismo lingüístico de Sapir-Whorf

La primera persona en plantearse cómo el lenguaje modifica el pensamiento fue Benjamin Whorf; postuló que la gramática y el léxico de un idioma determinan la percepción del mundo. Un hecho que, a su vez, dotaba a cada comunidad lingüística de un comportamiento y una cognición comunes y específicos para su lengua.

De esta forma, se afirmaba que la forma de pensar quedaba restringida por el idioma. Por poner un ejemplo, el término japonés umami hace referencia a un sabor concreto derivado del glutamato que no tiene una traducción directa en idiomas occidentales. Según la teoría determinista, un hablante occidental tendría serios problemas para describir este sabor.

Hombre pensando en cómo el lenguaje modifica el pensamiento

El lenguaje modifica el pensamiento, pero no lo encadena

Las evidencias contrarias a este determinismo obligaron a Whorf a reformular su teoría, dando lugar a la que se conoce como teoría laxa de Sapir-Whorf. Esta teoría sustituye que somos esclavos de nuestro lenguaje por la idea de éste que es capaz de influir en nuestro pensamiento.

Esta idea surge de las teorías del desarrollo del lenguaje de Noam Chomsky, quien afirmaba que la capacidad para comprender y desarrollar la gramática era innata al ser humano. Por tanto, no sería imposible comprender conceptos ajenos a nuestra lengua, pero sí se ha demostrado que la cognición y el lenguaje van de la mano. A continuación, podrás leer algunos ejemplos muy curiosos.

Idioma y cognición

Estas dos teorías han sido retomadas recientemente por psicolingüistas que han querido desentrañar los detalles de cómo el lenguaje modifica el pensamiento. Esto, con ayuda de las nuevas ideas para diseñar experimentos, ha arrojado resultados sorprendentes.

Español vs. inglés. ¿De quién es la culpa?

Los juicios de responsabilidad son una parte fundamental del pensamiento cuando se trata de asignar un culpable a ciertos hechos. Esto se investigó en contextos legales internacionales debido a las diferencias que se encontraron en los juicios en función del país en el que se celebrasen.

Pongamos un ejemplo. Para ello, imaginemos que a alguien se le cae un objeto de la mano y se rompe al estrellarse contra el suelo. En español se diría “se le cayó al suelo” y en inglés “he/she dropped it to the ground” –lo arrojó al suelo-.

En inglés, la forma más adecuada de decirlo da a entender que la persona es directamente responsable de que el objeto se haya roto, pero en español hay una forma pasiva que permite liberar de la culpa al sujeto de la frase.

Los Kuuk Thaayorre y su brújula mental

Esta tribu de aborígenes del norte de Australia tiene una peculiar manera de señalar. En lugar de usar palabras como “izquierda” o “abajo”, que ponen al observador como punto de referencia, ellos utilizan los puntos cardinales. Por ejemplo, podrían decir ‘me duele la mano que está al noroeste’ en lugar de la mano derecha.

¿Cómo influye esto en la cognición de este grupo? La capacidad espacial y la orientación de un kuuk thaayorre están mucho más desarrolladas que las de los hablantes de lenguas que utilizan un punto de referencia relativo. En esta tribu, no se puede hablar adecuadamente sin estar continuamente orientándonos en función de los puntos cardinales.

Las metáforas de griegos, chinos y angloparlantes

Betty Birner, profesora de Lingüística y Ciencia Cognitiva de la Northern Illinois University, quiso comparar los efectos de estos tres idiomas sobre la comprensión de las metáforas:

  • Los griegos utilizan metáforas de tamaño para describir la duración de un evento: por ejemplo, un año es más grande que un día.
  • En el chino mandarín se utilizan metáforas verticales: el mes anterior sería “el mes de arriba”, por ejemplo.
  • Los angloparlantes describen el tiempo con metáforas horizontales: el día siguiente sería “el día de delante o siguiente” y el anterior, “el de detrás”.

Midieron el rendimiento cognitivo de los tres grupos, encontrando dificultades en los angloparlantes cuando intentaban comprender las metáforas de tamaño o verticales. Sin embargo, una vez que los angloparlantes aprendieron a hablar sobre el tiempo utilizando otra escala de orientación, su rendimiento cognitivo comenzó a parecerse al de chinos y griegos.

Mujer hablando

Cómo el lenguaje modifica el pensamiento de género

En español y en otras lenguas romance, el género que se le otorga a los sustantivos es decisivo para la gramática y la sintaxis, es decir, hay que tenerlo en cuenta para formar una frase correctamente. Sin embargo, esta dicotomía se complica a medida que exploramos otros idiomas: algunos no tienen género gramatical, otros tienen hasta dieciséis.

Pero, ¿influye esto en la percepción del mundo? En un experimento en el que se comparaba la forma de describir sustantivos de alemanes y españoles, se atribuían palabras relacionadas con la masculinidad y la feminidad a objetos inanimados.

Veamos un ejemplo: la palabra ‘llave’ es masculina en alemán y femenina en español. Pues bien, los alemanes describían una llave con palabras como “dura”, “pesada” y “útil”, mientras que los españoles usaban términos como “dorada”, “pequeña” y “adorable”.

Como conclusión, podemos decir que cuando profundizamos en las raíces cognitivas del lenguaje, encontramos que nuestro pensamiento es sensible a multitud de factores lingüísticos. A su vez, esto nos deja una reflexión final interesante: ¿hay alguna manera más eficaz de mejorar el grado de compresión que tenemos de otras culturas que comunicándonos con ellas?


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