¿Cómo es una persona orgullosa?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 6 agosto, 2018
Gema Sánchez Cuevas · 20 marzo, 2013

Todos hemos nos hemos sentido orgullosos alguna vez por algo que hemos hecho. Sabemos lo que es estar satisfechos por lo logrado, por ese éxito tan duramente trabajado y alcanzado. Esta actitud es positiva e incluso saludable para la propia autoestima y autoconcepto. Ahora bien, en el otro lado tenemos a la persona orgullosa, ese perfil que usa su logro (o la creencia del mismo) con un fin muy diferente: para humillar a otros.

Podríamos decir por tanto que el orgullo tiene una vertiente positiva y una que por sí misma, delimita un tipo de personalidad poco ajustada o incluso dañina en muchos casos. Para los expertos en psicología de la personalidad todos deberíamos poder desarrollar un sentido saludable del orgullo. Es una forma de respetarnos a nosotros mismos y entender que a su vez, merecemos ser respetado por los demás.

Ahora bien, lo que ya no es tan adecuado es desarrollar ese tipo de sentimiento donde alguien acaba aplicando una autoestima desmedida. Esa donde situarnos por encima de los demás para sobrepasar el límite del respeto y desplegar la más venenosa arrogancia. Profundicemos en ello.

“Nuestro carácter nos hace meternos en problemas, pero es nuestro orgullo el que nos mantiene en ellos”.

-Esopo-

Cómo es realmente la persona orgullosa

Una persona orgullosa es aquella que tiene un exceso de confianza en ella misma. Todo lo que hace, todo lo que dice y todo lo que piensa es perfecto. A todos nos pueden sonar porque de algún modo, nos hemos cruzado con este perfil en diversas ocasiones a lo largo de nuestra vida. Son esos amigos que un día dejamos atrás porque consideraban que les habíamos hecho algo imperdonable. Son esos compañeros de trabajo que nos miraban siempre por encima del hombro y esos familiares con los que dejamos de hablar porque su trato era tan dañino como ofensivo.

Veamos no obstante, algunas de sus características más básicas.

Chica hablando con su amiga

El orgullo como mecanismo de defensa

Este hecho es curioso. En muchos casos se trata de personas que esconden de manera inconsciente ciertos hechos o sucesos que en algún momento, les generó un tipo de inseguridad. Pueden ser errores cometidos o a desprecios sufridos en por parte de los demás en el pasado.

De este modo, lo que hacen muy a menudo es utilizar el orgullo como un arma de defensa, resaltando sus logros y éxitos sobre los demás con la finalidad de que estos no descubran las debilidades o puntos flacos que aún conservan.

El orgullo es como un escudo o una coraza que sirve para enmascarar el sentimiento de inferioridad. Carl Jung lo expresaba diciendo que “a través del orgullo nos engañamos a nosotros mismos”, haciendo referencia al papel del autoengaño como medio de protección contra el miedo a reconocer los propios errores y sus consecuencias.

Si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo”.

-Dante Alighieri-

Son hipersensibles, todo les molesta y les ofende

No les hables de tus logros, no comentes con ellos tus preocupaciones, tus metas o los objetivos que estás a punto de conseguir. La persona orgullosa reinterpretará cualquier acto para asumirlo como un ataque directo a su ego. Aún más, toda cualidad que te defina la verá como una clara amenaza contra su persona, de ahí que no dude en verte como un rival y sentirse ofendido por todo lo que hagas o digas.

Necesidad de control

Este tipo de perfil necesita asumir el control en todo escenario para poder así validar su orgullo. A nivel familiar este tipo de conducta puede llegar a ser muy destructiva. La persona orgullosa exige ese tipo de veneración absoluta donde no se le puede llevar la contraria, donde nadie puede estar por encima de él o ella y aún menos destacar en algún aspecto.

Toda oportunidad es buena para sacarse brillo

Cualquier conversación o circunstancia es buena para destacar sus virtudes. Son además ese tipo de personas que hablan de forma constante de sus logros del pasado, de sus buenas relaciones con determinadas figuras de importancia, de lo apreciado que es en ciertos sectores profesionales…

Poco a poco acaba tomando el control de las conversaciones para dirigirlas en exclusiva hacia sí mismo. Un epicentro que termina por agotar y alejar a quienes le envuelven.

Hay que cuidar las fronteras del orgullo

Que tengamos confianza en nosotros mismos es bueno, pero un exceso de la misma sobre una idea, un acto o una situación puede llegar a paralizar lo positivo que pueda sucedernos, sin darnos opción alguna a mejorarlo. Siempre es bueno dejar cierto margen a la duda, para analizar todo aquello que hacemos y poder así mejorarlo, permitiéndonos avanzar en el camino.

Peones de ajedrez juntos

De algún modo, que históricamente e incluso desde un punto de vista doctrinal se vea el orgullo como uno de los siete pecados capitales tiene su lógica. Pensemos en ello, todos hemos sido repelidos por ese tipo de personas que tienen una visión exagerada de sí mismas. De quien solo habla de sus logros, de quien se dan ese “autobombo” tan cansino como dañino.

La persona orgullosa es el vivo ejemplo de aquella célebre frase que dice “primero yo, segundo yo y tercero yo”. El orgullo, no lo olvidemos, está secretamente impulsado por una autoestima baja y  por la vergüenza. Se sienten mal consigo mismos y lo compensan buscando esas situaciones en las que poder sentirse superiores, ser la avanzadilla de toda circunstancia. De ahí y para lograrlo, no dudan en ser esos ávidos buscadores de defectos ajenos y a su vez los más implacables destructores de virtudes.

“El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir”.

-Sócrates-

Debemos por tanto no llegar nunca hasta estos territorios. Lo mejor es cuidar las fronteras, reconocer nuestras vulnerabilidades, nuestros errores y evitar que el orgullo más nocivo asuma el control. Porque cuando esto ocurre, se pierde la razón y la dignidad (y a las personas que queremos).