Conocerse, la llave para ser feliz

27 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por Sara Clemente

Cuando somos niños nuestros padres nos intentan enseñar qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Lo hacen transmitiendo sus creencias y sus valores, dándonos pautas de cómo es la vida y nos van formando. Conjuntamente esta tarea la cumple el sistema escolar. Y así vamos aprendiendo a vivir en sociedad. Qués es lo adecuado, qué no, cómo tenemos que actuar ante tal situación o cómo ha de hacerlo en otra…

Además, no hacen falta grandes conversaciones padre-hijo. No se trata de crear un evento en el que sermonear al niño acerca de lo malo de esta acción o lo bueno de la otra. Sino que se pueden aprovechar pequeños gestos, preguntas, frases que marcan la diferencia. Cada ocasión puede ser la óptima para ir educando al niño. 

¿Quiénes somos?

Pero desde pequeños se presta poca atención a mirar en nuestro interior. No se nos enseña a saber quiénes somos, a interiorizar valores y creencias con las que nos sentimos identificados, a vivir de una manera más fiel a nosotros mismos.

Por el contrario, muchas veces, inconscientemente y sin maldad, le decimos a nuestro hijo lo «raro» que es por no querer salir con los amigos y preferir quedarse tocando la guitarra. Lo «extraño» que es que no le guste el fútbol… Le etiquetamos. Y, probablemente, esa etiqueta es la que con el paso de los años arrastre e interiorice. Así, se creerá que es extraño, raro, que no encaja… Y puede ser causas de numerosas dificultades en el futuro.

Así, lo que el psicólogo norteamericano Carl Rogers, llamaba «sí mismo» (el yo más íntimo de la persona) entra en conflicto con la «imagen de sí mismo» (lo que la persona cree que es y lo que debería ser). Habitualmente las personas optamos por proteger nuestra imagen antes que seguir a nuestras deseos.

Para evitar este tipo de problemas lo más recomendable es registrar eso que viene de lo profundo y que siempre y en diferentes situaciones aparece, y luego elegir entre eso y lo que «debería ser». Esto ayuda a aceptar y conocer esa parte nuestra que desde lo profundo pide libertad de acción.

Conocerse: nuestra identidad

Pero esto a veces no sucede porque tememos a nuestro interior. Están de moda infinidad de libros de autoayuda y autoconocimiento que desde fuera de nosotros mismos nos dan la «clave de una vida feliz» y nos alejan aún más de nuestro «sí mismo». Generalmente nos proporcionan información parcial, porque no es posible que a todo el mundo le valgan las mismas pautas. Somos genuinos.

Entonces la clave es no temer quiénes somos. No temernos a nosotros mismos. Es normal tener sensaciones negativas alguna vez. Cuando nos sentimos amenazados, ¡es normal sentir ira! Somos humanos. ¿Cuántas veces reaccionamos de una manera que no nos gusta y cuando pedimos disculpas decimos «no era yo»? Lamento informar que «sí, era yo» viviendo una experiencia profunda de enojo, enfado, rabia, impotencia, etc.

Qué me pasa con lo que pasa

¿Cuál es la clave para conocerse mejor? Ponerse en contacto con los sentimientos, emociones y pensamientos que van apareciendo en nosotros. A eso Rogers lo llama «experiencia» lo cual puede resumirse en la frase «qué me pasa con lo que pasa» y me permite actuar coherentemente con quién soy en realidad.

Registrar esa «experiencia» y ponerla en marcha es lo que nos hace crecer en el conocimiento propio y también como personas, ya que nos ayuda a ser más responsables de nuestros actos y estar atentos a lo que nos pasa y por ende a las necesidades de los demás.

Entonces y para concluir, el registro consciente de lo que nos pasa en diferentes situaciones y actuar en consecuencia responsablemente, hace que nos vayamos conociendo más y sea cada vez más fácil conocerse. Consecuentemente, podremos vivir más plena y felizmente.