La contaminación ambiental incrementa el riesgo de depresión

Un estudio reciente ha evidenciado una relación clara entre la contaminación ambiental y la depresión. Una idea que concuerda con las conclusiones de otras investigaciones que han tratado de manera indirecta esta idea.
La contaminación ambiental incrementa el riesgo de depresión
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 06 marzo, 2022

Los últimos estudios dicen que la contaminación ambiental tiene consecuencias importantes para la salud. Se sabe que afecta a casi todos los órganos del cuerpo, incluyendo el corazón, el hígado, la vejiga, el páncreas, los riñones, la piel y muchos más. Ahora también se ha evidenciado que tiene importantes consecuencias en el cerebro.

El avance más significativo al respecto es una investigación publicada en Proceedings of the National Academies of Sciences (PNAS). En ella se evidencia, por primera vez, que existe un vínculo objetivo entre la contaminación ambiental y el funcionamiento del cerebro.

Aunque no es el único estudio que trata el tema, sí es el primero en demostrar que la contaminación ambiental incide sobre circuitos cognitivos y emocionales del cerebro. Esto cambia la expresión de los genes, en particular de los asociados con la depresión.

La conclusión de este estudio es que la contaminación atmosférica no sólo influye en el cambio climático, sino que también afecta al funcionamiento del cerebro. Los efectos sobre la responsabilidad de la depresión pueden ser sólo la punta del iceberg en lo que respecta a la salud del cerebro. El mayor reto de la medicina actual es comprender mejor cómo interactúan los genes y el entorno. Este estudio arroja una luz brillante sobre cómo sucede esto”.

-Daniel R. Weinberger-

La contaminación ambiental y la depresión: ¿cómo se relacionan?

El estudio mencionado fue llevado a cabo por neurocientíficos del Instituto Lieber para el Desarrollo del Cerebro (LIBD), en el Campus Médico de Johns Hopkins, en Estados Unidos y la Universidad de Pekín, en China. En esta investigación participó un consorcio genético internacional que aportó información de más de 40 países. Así mismo, una asociación mundial que sintetizó los datos sobre contaminación, neuroimagen y expresión genética en el cerebro.

En el marco de este estudio se reclutaron 352 voluntarios que vivían en Pekín, una ciudad con elevados niveles de contaminación ambiental. Todos ellos se sometieron a una prueba de genotipo. Esto aportó la información necesaria para que los científicos calcularan la probabilidad de que cada uno de ellos padeciera depresión, con base en su información genética solamente.

Los investigadores recopilaron información sobre la contaminación ambiental a la que había estado sometido cada uno de los voluntarios durante seis meses. Después, los participantes se sometieron a unas pruebas cognitivas sencillas. Mientras lo hacían, se les practicaba una resonancia magnética funcional. Esta mostraba las partes del cerebro que se activaban al realizar las pruebas.

Cerebro

Hallazgos interesantes

Mientras los voluntarios realizaban las pruebas, se les expuso a una situación de estrés. Esta consistía en hacerles comentarios negativos sobre su rendimiento, de manera intempestiva. Esto permitió observar que al recibir esos estímulos negativos se alteraba una amplia red de circuitos cerebrales.

Los científicos contaban con un atlas genético que les sirvió de referencia para examinar el funcionamiento de los genes de la depresión. De este modo, se encontró que los participantes que tenían un elevado riesgo genético de sufrir depresión, y al mismo tiempo estaban expuestos a una alta contaminación ambiental, mostraban un funcionamiento de la red de circuitos cerebrales coincidentes con la enfermedad.

Los investigadores aclararon que todo el mundo tiene el potencial para desarrollar depresión. Sin embargo, algunos individuos tienen más marcada esa inclinación en sus genes. Con este estudio quedó demostrado que, en ese último caso, la contaminación ambiental se convierte en un factor multiplicador del riesgo, de alto impacto.

Mujer con depresión

Otro estudio al respecto

Otra investigación publicada en British Journal of Psychiatry también alertó sobre el vínculo entre la contaminación y varios trastornos, incluida la depresión y la esquizofrenia. Llegaron a esa conclusión después de analizar los datos de 13 000 pacientes de servicios de salud mental que residían al sur de Londres. Todos ellos habían presentado problemas del estado de ánimo o síntomas psicóticos.

Los investigadores evaluaron los casos inicialmente y siete años después. Tomaron en cuenta variables asociadas a la exposición de los pacientes a la contaminación atmosférica. Evaluaron el aire cercano a la residencia de ellos. En concreto, examinaron los niveles de dióxido de carbono, óxido de nitrógeno y material particulado.

Esto les permitió concluir que solo un pequeño incremento de la exposición al dióxido de carbono incrementó en un 32 % la necesidad de tratamiento ambulatorio. También se incrementó en un 18 % la necesidad de hospitalización. Algo similar, aunque en menor proporción, sucedía con las partículas suspendidas en el aire. Los científicos también evidenciaron que en las zonas más contaminadas había mayor riesgo de suicidio.

Lo expuesto apunta a la existencia de un vínculo entre la contaminación ambiental y la salud mental. Con estos datos, el tema del cambio climático cobra relevancia. Hemos llegado a un punto en el que es necesario abordar este problema con la mayor seriedad para evitar consecuencias funestas.

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  • Li, Z. (2021, 16 noviembre). Air pollution interacts with genetic risk to influence cortical networks implicated in depression. PNAS. Recuperado 18 de enero de 2022, de https://www.pnas.org/content/118/46/e2109310118.
  • Ordóñez-Iriarte J. M. (2020). Salud mental y salud ambiental. Una visión prospectiva. Informe SESPAS 2020 [Mental health and environmental health. A prospective view. SESPAS Report 2020]. Gaceta sanitaria, 34 Suppl 1, 68–75. https://doi.org/10.1016/j.gaceta.2020.05.007.