¿Continúas atrapado en el pasado o vives el ahora?

5 agosto, 2013
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
Un pasado doloroso puede dificultarnos avanzar hacia adelante. Aceptar lo ocurrido y centrarnos en el presente son las mejores herramientas.

Una canción, un olor, un comentario… cualquier mínimo detalle es suficiente para transportarte al pasado. A esa amistad que te traicionó, a ese amor que terminó, a esos padres que parecen no haber estado a la altura. Cuando no sanamos el pasado, este nos persigue, nos acecha en cada esquina listo para condicionar nuestro presente.

Cada experiencia que hemos vivido nos ha moldeado, ha contribuido de alguna forma a lo que somos hoy en día. La educación que recibimos, la familia en la que nos criamos, los compañeros, amigos y amantes que nos han acompañado a lo largo de la vida. Sus actos nos enseñaron a ser confiados o temerosos, decididos o inseguros, felices o desesperanzados.

Un pasado feliz puede constituir una inyección de autoestima y optimismo ante la vida. En cambio, uno doloroso puede arrastrarte de vuelta una y otra vez a las escenas y emociones más desagradables de tu historia. ¿Estamos condenados a ser lo que hicieron de nosotros?.

Mujer reflexionando sobre el pasado

Céntrate en el dolor y continuarás sufriendo, enfócate en la lección y seguirás creciendo

Recordar es necesario para saber quienes somos, de dónde venimos y lo que hemos experimentado. Nuestro pasado existió, fue como fue y no es saludable negarlo ni reprimirlo. Es indudable que las vivencias particulares de cada uno tienen una influencia en su personalidad presente. La pregunta es ¿quieres que esa influencia sea positiva o negativa?

Cuando nuestro pasado ha sido duro, desarrollamos unos mecanismos específicos que nos sirvieron para adaptarnos a aquel entorno hostil. Adquirimos aprendizajes que nos ayudaron a evitar el rechazo, el abandono o la humillación. Sin embargo, esos mecanismo muchas veces no son los más adecuados y, sobre todo, no son útiles en nuestro presente, donde las circunstancias no son las mismas.

Seguir actuando con miedo o agresividad en el presente no nos ayuda, pues ya no somos niños desamparados. Somos adultos con la capacidad de razonar y escoger mejores opciones. No es válido escudarse en el pasado para continuar con conductas que nos dañan a nosotros o a las personas que nos rodean.

Es nuestra responsabilidad aceptar lo que ocurrió y sanar nuestras heridas. Hemos de buscar el aprendizaje en cada circunstancia adversa para poder salir fortalecidos de ella. Cada experiencia nos enseña algo acerca de nosotros mismos o del mundo, y esto nos ayuda a saber quienes somos, qué queremos y qué no vamos a tolerar más.

Utiliza tu pasado como un impulso, y no como una rémora. Deja que sea el trampolín que te lance hacia una mejor versión de ti mismo, más sabia, más madura y más responsable. Hazte cargo de tu pasado para poder hacerte responsable de tu presente.

Chica escribiendo sobre el pasado

El poder del momento presente para salir del pasado

A pesar de haber sanado y afrontado el pasado, muchas veces este se niega a abandonar nuestros pensamientos y continua atormentándonos sin cesar. Su impacto en nuestra vida se vuelve tan grande que nos impide vivir y actuar en libertad. Nos vemos únicamente tratando de no repetir los mismos errores y con el temor de que esto, igualmente ocurra. 

Es aquí cuando el poder del momento presente puede ayudarnos. Un concepto tan sencillo y tan potente como vivir aquí y ahora, para escapar del miedo y de la culpa. Aquí y ahora estás bien. Aquí y ahora no necesitas nada, estás a salvo, estás tranquilo. Mientras ves esa película, mientras charlas con un amigo, mientras haces las labores de tu hogar, todo está bien.

Enfocarse en el momento presente es una herramienta poderosa porque desconecta el piloto automático de los pensamientos y nos conecta con nosotros mismos. Nos ayuda a disfrutar de nuestros sentidos, de los paisajes, de las personas.

Ponerlo en práctica es tan sencillo como focalizar toda tu atención en la tarea que estés realizando en cada momento. Si te estás duchando, sólo dúchate. Si estás leyendo, lee. Cuando pasees con tu perro, enfócate en disfrutar el paisaje y su compañía. Llena tanto tu espacio mental con las sensaciones presentes, que no quede lugar para reproches pasados.

Cuando sientas que entras en un bucle de pensamiento sobre algo que ocurrió, por qué ocurrió y cómo pudiste hacerlo mejor, para. Cuando llegue el momento me ocuparé, aquí y ahora todo está bien.

Vels, A. (1990). Los mecanismos de defensa bajo el punto de vista psicoanalítico. Agrupación de Grafoanalistas Consultivos de España. Bol, (6). Iglesias, E. B. (2006). Resiliencia: definición, características y utilidad del concepto. Revista de psicopatología y psicología clínica11(3), 125-146.