El cosplay desde una perspectiva psicológica

Disfrazarse y jugar a ser otro es una práctica atemporal. Constituye la esencia del teatro y también del cosplay, un vehículo de expresión que permite hacer juegos creativos con la propia identidad.
El cosplay desde una perspectiva psicológica
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 19 abril, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 18 abril, 2021

Última actualización: 19 abril, 2021

El cosplay es una práctica que se está extendiendo, en especial durante las últimas dos décadas. Esta forma de expresión tiene sus raíces en Japón, con el manga y el anime.

El manga hace referencia a las historietas o cómics creados en el país del sol naciente para todo tipo de públicos y con argumentos realistas. El anime es una historia animada, al estilo japonés. Por su parte, el cosplay es la fusión de dos palabras en inglés: costume o ‘disfraz’ y play o ‘juego’.

El cosplay nació en los años 80, de la mano de los “otaku” o seguidores acérrimos de los manga-anime. Esta práctica consiste en crear un disfraz, usarlo y asumir la identidad de algún personaje de fantasía. Quienes hacen esto crean comunidades llamadas fandom.

Un buen actor es un hombre que ofrece tan real la mentira que todos participan de ella”.

-Vittorio Gassman-

Chica cosplayers

El cosplay y las aprehensiones

Aunque desde lejos puede darnos la sensación de ser una práctica adolescente, lo cierto es que despierta el interés de personas de todas las edades. Sin conocerla, muchos la han catalogado como una pérdida de tiempo o una actividad trivial. Sin embargo, parece que no es así.

Muchos expertos están de acuerdo en que el cosplay proporciona beneficios psicológicos a quienes lo practican. Otra cosa es que, como ocurre con cualquier actividad, también existan personas que lo llevan al extremo y lo convierten en una obsesión.

El problema no está en el cosplay como tal, sino que este se puede convertir en un vehículo para expresar realidades problemáticas que existían antes de iniciar la práctica. Incluso si es así, de todos modos, el cosplay tiene un efecto similar al del teatro y al arte en general: puede ser una canal para compartir y rebajar la tensión que nos produce aquello que nos preocupa.

Un vehículo de identidad

Parece paradójico, pero muchas veces la adopción de una identidad ajena es un excelente camino para llegar a la propia. Hay edades específicas, como la adolescencia, en las que la construcción de la identidad es un proceso central. Prácticamente lo impregna todo.

En el cosplay opera un proceso de identificación: alguien asume, hasta cierto punto, la identidad de un personaje de ficción. De uno u otro modo, este podría entenderse como un alter ego.

En ese proceso de parecerse a otro se producen encuentros y contrastes. Los encuentros permiten explorar partes de uno mismo que están inhibidas por diferentes razones. Así pues, “Ana” puede ser pusilánime en su vida real, pero cuando se pone en el lugar de un superhéroe gana en determinación.

Así mismo, surgen los contrastes. Aunque determinado personaje de la ficción realice ciertas acciones o esgrima ciertos pensamientos, estos no necesariamente se adoptan cuando alguien se apropia de su identidad. Así pues, y en un contexto lúdico, el cosplay permite jugar con la identidad: explorarla, confrontarla, conocerla.

Beneficios sociales

Muchos han catalogado el cosplay como una práctica “autoterapéutica” para quienes tienen problemas de timidez o de falta de habilidades sociales. En estos casos, es muy frecuente que las personas tengan grandes dificultades para olvidarse de sí mismas en las relaciones interpersonales.

Lo habitual es que sean observadores y críticos consigo mismos. Están muy pendientes de lo que dicen y lo que hacen, primando una severidad en el diálogo interno que les impide ser espontáneos. Esto se convierte en una barrera para socializar; la consecuencia inmediata son dificultades para hacer amigos o permitir que ganen profundidad las relaciones que ya mantienen.

A través del cosplay se puede terminar con esa barrera. Si bien no es una solución plena, lo cierto es que sí contribuye en ese propósito de “salir de sí”. Cuando adoptan un personaje de alguna forma ya no son ellos mismos y, por lo tanto, se dan permiso para actuar de otra forma. Así, se sienten protegidos frente a un juicio crítico por parte de los demás o de sí mismos.

Cosplay de Star Wars
Imagen de Clare Louise Jackson / Shutterstock.com

Creatividad y diversión

El cosplay es una actividad que permite salir de la rutina y esto es muy provechoso para desatar la imaginación y la creatividad. No solo se crea un disfraz, sino también una identidad y, de hecho, un mundo que acompaña a esa creación. Por lo tanto, es una buena forma de romper con lo habitual.

Adicionalmente, los cosplayer se introducen en un mundo lúdico, en donde hay nuevas reglas para la realidad. El juego es una práctica muy saludable y, además, estimula la creatividad. Lo usual es que se haga todo un estudio de los personajes antes de interpretarlos y que los disfraces o el disfraz requieran tiempo y trabajo.

En los encuentros de quienes practican el cosplay mandan la imaginación y fantasía. Hacen posible la interacción con otros de una manera diferente.

Gracias a este tipo de interacción se expresan o manifiestan problemas, pero también aparecen soluciones o alternativas que hasta ese momento la persona no había tenido en cuenta. Formas diferentes de posicionarse ante una dificultad que pueden ser precisamente la clave para superarla.

Imagen principal de Marti Bug Catcher / Shutterstock.com
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  • Bender, S., & Peppler, K. (2019). Connected learning ecologies as an emerging opportunity through Cosplay. Comunicar. Media Education Research Journal, 27(1).