Crisis: entre cielos e infiernos

La crisis es ese páramo donde lo viejo no acaba de perecer, y lo nuevo aún no germina. Justo ese lugar donde duele y crecemos.
Crisis: entre cielos e infiernos
Angela C. Tobias

Escrito y verificado por la psicóloga Angela C. Tobias.

Última actualización: 05 enero, 2023

La crisis es el lugar donde lo viejo agoniza sin acabar de morir, y lo nuevo se gesta sin acabar de nacer. Hablamos de crisis sin pelos en la lengua, sin romantizarlas: reflexionamos sobre el duelo de ver partes de nuestro ser morir, del vahído vacío de sentirse sin un camino establecido y de cómo aprender a soltar puede, a veces, ser lo único que puede paliar poco a poco este dolor.

La crisis es ese impasse, ese limbo y lugar ignoto, en el que proliferan tanto el vértigo como innumerables posibilidades. El trance entre el cielo y el infierno es donde habita la crisis. Si caminaste alguna vez por ese paraje, seguramente sepas de qué hablamos.

Crisis: la muerte de lo ya no funciona

Esa forma de vivir que tanto tiempo funcionó y protegió nuestro ser, de repente, no solo deja de hacer rodar el engranaje, sino que se convierte en una cárcel de repetición. En las crisis, nos vemos intentando abrir una puerta diferente con la misma llave, una vez tras otra, sin cesar. Forzando y dañando la estructura y el ser en partes iguales.

Lo viejo, lo que no funciona, agoniza y resiste hasta el último aliento por esa neofobia que compartimos los seres humanos. Esa falaz experiencia pasajera de sentirnos cómodos con algo solo porque es conocido y despierta la propia experiencia.

Es la herida que no nos deja cambiar cuando las circunstancias lo requieren, y que nos hace mirar lo nuevo como si fuera algo vivido. Que intenta protegernos aparentando que lo nuevo no lo es, para alejarnos del abismo de reconocer que no nacemos preparados para todo lo que viene. Duele integrar que realmente nunca lo estaremos del todo.

Mujer llorando
Los cambios suelen ir acompañados de una experiencia de crisis en las que dejamos ir algo para dar espacio a lo nuevo.

Luchar contra la naturaleza: soltar lo conocido

Es paradójico que aunque la mayoría de circunstancias que nos pueden hacer enfermar y que nos provocan estrés tienen que ver con eso que retenemos, con perdurar en la zona de confort. De una forma tan automática, que parece escrito en nuestra naturaleza. Sentir que nos vamos rompiendo poco a poco en esa rutina, pero valorar que da más miedo perderla que perdernos; en realidad, es engañarse con ello hasta que el cuerpo no puede más.

Quedarnos en una relación o trabajo que nos va desgastando en el día a día, iniciar una relación después de otra, no poner límites a las cosas que hacen daño o negarse a cumplir años. Al final, todas son situaciones de estancamiento, inmovilizadas por el miedo a hacer las cosas de forma diferente y, sobre todo, de enfrentarse al vacío de no saber qué hacer.

Romantizar este momento o decir a la ligera frases como “aprender a estar solo” o “reinventarse” hace daño. Porque no son para nada ligeras, conllevan un dolor pesado como una losa y no siempre estamos preparados o tenemos recursos para ello. Desde luego, dejando de lado autoengaños, no todo el mundo se enfrenta a ello de forma directa; es una tarea ardua.

El duelo sobre todo lo que fuimos

Las crisis suelen llevar asociado un duelo intrínseco sobre la aceptación de la muerte de las formas de vivir que ya no pueden coexistir con nuestro ser, por muchas veces y muy intensamente que lo intentemos. Ese luto interno para llorar por todo aquello que ya no volveremos a ser, de visitar el cementerio lleno de todas las personas que alguna vez fuimos.

La crisis son también ese duelo desgarrador y la negación de los primeros momentos que te devuelven a la casilla de salida cuando ya te veías cruzando la meta. Esa negación encubridora de la realidad que esconde a un niño que no quiere crecer y llora desconsoladamente, porque quiere ser siempre un niño, manteniendo su inocencia intacta. Y, claro está, no puede.

El duelo de la crisis de edad, de rupturas, de ceses… Al final, todas las crisis comparten lo doloroso de dejar atrás algo que alguna vez nos hizo bien, pero que ya hace mucho que no solo no hace bien, sino que empieza a ser dañino. El duelo de integrar la idea de que todo tiene un final, por muchos espejismos que indiquen lo contrario.

Mujer triste pensando
Las crisis duelen porque nos enseñan que a veces no estamos tan preparados para afrontar ciertas situaciones, aunque supongan lo mejor para nosotros.

Crecemos donde más duele

La crisis es hacer camino y abandonar el sendero que seguíamos. Es perdernos y tener miedo, pero también es descubrir lo que nunca imaginamos, sobre todo, en nuestro interior. La crisis es querer salvar algo que está inevitablemente condenado y también es el alivio de haberlo soltado por fin, y la fascinación de ver lo que creamos una vez logramos dejar ir.

Mirando de frente ese universo infinito de posibilidades que cada persona lleva dentro es donde entendemos que no estar preparados para la vida es precisamente la gracia de ella. Como si fuese una especie de chiste macabro: las mejores risas, los llantos más reparadores y las verdaderas formas de ser que construyen nuestra esencia nacen de estas crisis convulsas.

En la crisis, en la batalla, resolveremos soltar lo que fuimos, aunque duela, para tener las manos libres y recibir todo aquello que viene. Dejemos que duela lo que necesitemos, miremos cuando las hojas caigan y cómo volvemos a brotar lentamente.  Allí donde duele es donde creces. Donde muere todo, rebrota el ser.

Te podría interesar...

Te quise más que a mí
La Mente es Maravillosa
Leerlo en La Mente es Maravillosa
Te quise más que a mí

Las relaciones dependientes suponen bajar y tocar fondo en algún momento, olvidarse de que uno es el máximo responsable de su cuidado.

ç

 

 

 



  • Macías, A. B. (2022). La neofobia generalizada: concepto, modelo teórico y medición. Nóesis. Revista de Ciencias Sociales31(62), 74-85.
  • Monge, M. Á., Sánchez, M. Á. M., & Gómez, J. L. L. (1998). El sentido del sufrimiento (Vol. 81). Palabra.

Los contenidos de La Mente es Maravillosa se redactan solo para fines informativos y educativos. No sustituyen el diagnóstico, el consejo o el tratamiento de un profesional. Ante cualquier duda, es recomendable la consulta con un especialista de confianza.