Cuando el cerebro busca alguien a quien culpar de lo que nos sucede

Hay personas incapaces de asumir sus propios errores. Así, en lugar de responsabilizarse de sus actos, proyecta la culpa en los demás. Este acto responde a una estrategia cerebral para evitar afrontar la realidad.
Cuando el cerebro busca alguien a quien culpar de lo que nos sucede
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 06 abril, 2022

No siempre nos damos cuenta de ello, pero lo hace. El cerebro busca a alguien a quien culpar de lo que nos sucede. No importa que sea algo trivial y sin mayor trascendencia… Buscar responsables de nuestras tristezas, mala suerte o reveses del destino es un poderoso mecanismo de defensa, ya que desplazamos sobre hombros ajenos aspectos que en ocasiones nos atañen a nosotros.

Si mi pareja me deja de un día para otro, por ejemplo, la mente me susurra que probablemente haya una tercera persona. No siempre es fácil asumir que a veces el amor se acaba, se desgasta y se desvanece. Así, en caso de que suspenda ese examen, la responsabilidad está en ese profesor que me tiene manía. Encontrar cabezas de turco es casi una constante en muchas personas.

El juego de la culpa es similar a encender un ventilador y repartir al azar la responsabilidad de lo que nos sucede. Hay quien lo hace de manera más declarada y otros en cambio se contienen mucho más y son capaces de realizar un acto de valiosa constricción y reflexionar antes de señalar con el dedo. Sin embargo, este fenómeno es más común de lo que pensamos y tiene detrás un origen recurrente: la mala gestión emocional.

Cuando las cosas suceden de manera opuesta a lo esperado necesitamos encontrar un sentido a lo ocurrido. Y esto pasa a veces por culpar a alguien. Lo analizamos.

Jefe enfadado simbolizando cómo el cerebro busca alguien a quien culpar de lo que nos sucede.

¿Por qué el cerebro busca alguien a quien culpar de lo que nos sucede?

Mientras caminamos por la calle resbalamos al pisar las hojas caídas de un árbol. A medida que nos volvemos a poner en pie tras la caída, molestos por llamar la atención de otros, enfadados quizá por  haber hecho el ridículo, nos decimos que la culpa de todo la tiene el ayuntamiento. Ese organismo local es el que debería ocuparse de tener el pavimento limpio y de recoger todo aquello que hay en el suelo.

Buscar culpables es en ocasiones más fácil que asumir una evidencia: la mala suerte existe y no siempre es posible hallar responsables concretos. Hay cosas que pasan y ya está. Hay veces en que la vida trae consigo infortunios casuales y tan arbitrarios que es inútil dar con un responsable. Sin embargo, él lo necesita: el cerebro busca a alguien a quien culpar de lo que nos sucede.

De algún modo, la mente se rige por ese sucinto equilibrio en el que la realidad sigue una causa-efecto. Si pasa algo es porque hay una razón. Es más, la causa que ha originado ese infortunio es de otros (nunca mía) porque con ello, volcamos además las emociones negativas, el enfado por esa caída, la rabia por haber hecho el ridículo en medio de la calle.

¿Por qué el cerebro hace uso del juego de la culpa?

El cerebro busca a alguien a quien culpar de lo que nos sucede y esto es algo que, por término medio, suele suceder con más frecuencia de lo que pensamos. Tanto es así, que los medios de comunicación de masas lo saben y se sirven de ello.

En un estudio realizado en la Universidad de Ámsterdam se vio que los periódicos más sensacionalistas suelen buscar una estrategia: lograr que la población busque un culpable a todo lo que sucede.

Y ese culpable siempre son las grandes élites o un determinado partido político. De este modo, este proceso no solo se puede manipular, sino que es un recurso que usamos casi de manera inconsciente por las siguientes razones:

  • Actúa como mecanismo de defensa. Desplazar en otros la culpa me libera de mi responsabilidad.
  • La culpa es un recurso de ataque, con ella buscamos lastimar a otros cuando estamos enfadados.
  • Somos, por término medio, muy malos analizando por qué suceden cierta cosas. Nos dejamos llevar por los prejuicios, por los sesgos, por ese pensamiento rápido que no reflexiona ni medita las cosas.

Todo lo negativo nos molesta…  ¡Yo no he sido!

Hay quien camina por el mundo con la gestión emocional de un niño de 3 años. Son intolerantes a la frustración, escapistas de la responsabilidad y alérgicos a las emociones negativas. Cuando se equivocan, cuando sucede algo sobre lo que no tienen control, canalizan su rabia buscando culpables mientras se repiten a sí mismos aquello de “yo no he sido, yo no he sido”.

Esa baja tolerancia al error, a la parte no controlable de la vida y a los infortunios, los supedita a un estado de enfado constante. Son situaciones muy problemáticas; tanto para ellos mismos como para su entorno.

niño enfadado representando Cuando el cerebro busca alguien a quien culpar de lo que nos sucede

¿Qué hacer cuando el cerebro busca alguien a quien culpar de lo que nos sucede?

Cuando el cerebro busca alguien a quien culpar de lo que nos sucede debemos tomar conciencia de ello. La mente está elaborada de múltiples mecanismos de defensa de los cuales no somos conscientes. Nos dejamos llevar por pensamientos irracionales, por ideas como “si me ha pasado esto es por algo y alguien tiene la culpa”.

Por ello, antes de buscar cabezas de turco, reflexionemos. Antes de poner la mirada en hombros ajenos, aunque sea a las altas esferas, a nuestra sociedad o a los políticos, seamos capaces de pensar hasta dónde llega nuestra responsabilidad. Antes de encender el ventilador para repartir culpas centrémonos en nosotros y busquemos soluciones a lo que nos sucede. Es el único modo de salir ganando, de ser responsables y ganar en bienestar.


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