Cuando esté feliz solo pido que la mente esté de mi parte

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 30 septiembre, 2015
Cristina Roda Rivera · 2 agosto, 2015

La mente aparece para mucho de nosotros como un auténtico campo de batalla.

Y no nos damos cuenta de que esa batalla nunca tendrá fin: no es el lugar en el que pueda solucionarse nada y la mente tampoco desea el cese de su actividad; pues así se encuentra “entretenida”.

“Para la mente, un problema es como para un perro un hueso”

-Anónimo-

Tú no eres tu mente

Este es el primer gran concepto importante y que puede que nunca hayas tenido en cuenta: Tú no eres tu mente.

Para entenderlo podemos ilustrarlo con un ejemplo: imagina un tablero de ajedrez en el que la parte blanca simboliza la parte amable de tu mente y la parte negra simboliza lo contrario. Luego, encontramos a distintas fichas como peones (pensamientos), reyes y reinas (sentimientos e intuiciones), caballos (recuerdos)…etc.

En ocasiones, al igual que en una partida de ajedrez, se pueden vivir partidas muy intensas y complejas con todos estos elementos. Lo importante es no olvidar que el tablero, el que sostiene todo eso, eres tú. Algo que siempre permanece constante.

La vida es una partida de ajedrez

Además, que la mente esté diseñada biológicamente para detectar peligros, no quiere decir que te avise continuamente de ellos.

Las situaciones de peligro por las que has atravesado en tu vida te ponen en alerta ante una señal; pero no tienes porqué dejar que el miedo se apodere de ti. No sobregeneralices.

No le des a tu mente abono tóxico para que las malas hierbas (malos pensamientos), afloren. Pero tampoco intentes ignorarlos o estar en una continua sustitución de malos pensamientos por otros buenos.

Será una tarea agotadora y conseguirás el efecto contrario: prestarás atención a tu vida interior pero descuidando acciones de tu vida real. Simplemente intenta cambiar actividades y hábitos en lugar de pensamientos.

Estrategias para ayudarte en la relación con tu mente

Quizás no le estás dando a tu mente ninguna posibilidad para dejar de pensar de la forma que te hace daño, por dos hechos muy básicos:

-Por ejemplo tu mente te dice que te sientes muy mal, que si sales va a ser un desastre y es mejor que te quedes en casa. No estás por tanto buscando nada real que consiga que su mensaje sea más que una idea en tu cabeza y no una intromisión en tu vida, simplemente la crees sin buscar alternativas.

-Otro ejemplo es cuando estás cansado de pensar o sentirte así, pero sin embargo sigues leyendo los mismos libros, sigues relacionándote con gente que no te aporta nada y realizando trabajos que no te satisfacen, es decir, sigues haciendo más de lo mismo. 

Evidentemente, al final terminarás por creerte todo lo que diga tu cabeza de ti, sin buscar más alternativas y acomodándote. Pero hacer más de lo mismo no te va a dar resultados distintos…

Y es que en ocasiones, la pereza para actuar en nuestra vida y tomar decisiones es el primer paso para que los temidos trastornos mentales tengan lugar.

pensar demasiado

Por ello, habla a tu mente, desde el ser único en sentimientos, pasiones, lenguaje y estados de acción que eres.

Dile que la tomas en consideración. Y que quieres ser feliz junto a ella.

Que no puedes pedirle que pare su actividad, porque eso supondría ahogar su propia naturaleza, y tú eres su aliada, no su enemiga.

Que le agradeces ese equilibrio generado en muchas situaciones de tu vida para no tomar decisiones equivocadas, que su complejidad ha hecho que tu vida haya tenido momentos de absoluto esplendor y que tu vida diaria cuente siempre con algo relevante que contar.

Pero que también necesitas calma para contemplar las cosas sin el menor interés de obtener ningún análisis. Simplemente que quieres aceptar su presencia y que ella acepte la tuya, que juntas podréis lograr la madurez.

Al fin y al cabo, os tenéis la una a la otra por siempre; así que olvidaros del pasado y construid una relación de verdad, de esas que te inspiran para alcanzar grandes sueños y te hacen olvidar lo pequeña que un día llegaste a sentirte.

¿No viene siendo hora de construir un verdadero futuro juntas?