Cuando los padres utilizan la culpa para educar - La Mente es Maravillosa

Cuando los padres utilizan la culpa para educar

Edith Sánchez 22 enero, 2018 en Psicología educativa y del desarrollo 0 compartidos
nño que nota que sus padres usan la culpa para educar

Todavía son muchos los padres a quienes les parece válido emplear la culpa para educar. Piensan que el premio y el castigo son la base de una buena formación. Esto eventualmente es cierto, sobre todo a edades muy tempranas. Pero también debe entenderse que es un escalón que se debe superar.

La culpa da lugar a un malestar emocional. Nace de una sanción simbólica y social. Sin embargo, la culpa no lleva a la responsabilidad. Tampoco promueve la autonomía, ni permite que cada persona elija desde la libertad aquellos valores en los que cree o no. Al utilizar la culpa para educar, en realidad no se educa, sino que se condiciona al niño.

Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad”.

-Diego Luis Córdoba-

Es cierto que emplear la culpa para educar aumenta el control que se tiene sobre el niño. Esto facilita la labor de un padre autoritario. El chico se llena de temores, de condicionamientos morales, y así se vuelve más manejable. Obedece más fácilmente porque su voluntad se vuelve más débil. Se sale menos de la normas, porque el miedo a hacerlo es muy fuerte. Entonces se convertirá en una persona dócil, pero no libre, ni feliz.

La culpa para educar acaba con la autoestima

Un niño necesita orientación, pero esta se debe ofrecer en unos términos que le permitan reafirmarse. La culpa para educar hace todo lo contrario. Pretende hacerle sentir que lo que hace, siente, desea o piensa no es aceptable.

niña comiendo mientras sus padres usan la culpa para educar

Veámoslo con un ejemplo para entenderlo mejor. El niño no quiere comer verduras. Su sabor suele tener un toque amargo que no le gusta. Desde una perspectiva que emplea la culpa para educar, se le dirá que un buen niño debe comer lo que se le dé, sin protestar. Desde un enfoque que busca la reafirmación se le dirá que los campeones comen verduras porque dan un inmenso poder.

Ningún niño actúa para molestar a sus padres. Todo lo contrario. Lo que desea es complacerlos y que se sientan bien con él. Su inmadurez emocional es la que los lleva a no ajustarse a ciertos preceptos o normas. Lo que se debe hacer es ayudarles a que comprendan la razón de ser de dichos preceptos.

La culpa impide el desarrollo de la conciencia

Educar no es enseñar a un niño a obedecer ciegamente las normas. La culpa para educar lleva precisamente a eso. Induce al pequeño a creer que hay que actuar según lo que dictan las figuras de autoridad. Hace pensar que esto es incuestionable. Y que al transgredirlo se incurre en una conducta inmoral.

Lo que se logra es marcar una ruptura entre el querer y el deber. Este último es el que siempre tiene que imponerse. Pero lo más grave de esto es que tal enfoque contribuye a deteriorar la capacidad crítica. De este modo, jamás aparece una conciencia real de los actos.

padre que usa la culpa para educar

Se tiene conciencia cuando libremente se elige cómo actuar. Cuando es la razón propia la que determina qué es lo bueno y qué lo malo. Si una persona tiene un amplio margen de conciencia, difícilmente se le puede manipular, reducir o utilizar. Pero si alguien es condicionado constantemente por la culpa, no llega a darle valor a sus razonamientos. Depende de la aprobación de una autoridad para actuar.

Educar sin culpas

Al nacer, los seres humanos somos egocéntricos. Para un bebé y un niño pequeño no hay posibilidad de ver el mundo más allá de sus propias necesidades. En ese momento el papel de los padres es fundamentalmente atender a esas necesidades y permitir que con ello el niño se sienta en un entorno seguro. Eso sembrará una semilla de confianza y amor propio.

Con el destete y el control de los esfínteres comienza el largo camino hacia la inserción en un marco normativo, es decir, en una cultura. Es obvio que las limitaciones y las restricciones originen frustración y, por lo tanto, rechazo. Al niño le cuesta asimilar que el mundo no comienza, ni termina en él. Esto origina fricciones que, en todo caso, no deberían llevar a emplear la culpa para educar.

padre que no culpa para educar

En  ese largo proceso de desarrollo, lo ideal es que los padres le enseñen a pensar al niño en función de las consecuencias de sus actos. Para eso, es importante que se le ayude a reconocer sus emociones, sus deseos, los límites de los mismos y los por qué de ellos. El margen para que aprenda a elegir, a decidir, debe ir ampliándose progresivamente. Nunca estos procesos se dan de manera perfecta. Basta con que la intención de mantenerlos sea genuina y constante.

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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